La Constitución como casa común
El próximo 4 de septiembre, si no ocurren cambios de itinerario en lo que va quedando de trabajo por parte de la Convención Constitucional (CC), los chilenos y chilenas deberemos concurrir a las urnas de manera obligatoria para aprobar o rechazar el texto de una nueva Constitución. Es necesario recordar que el 80% de los participantes en el plebiscito de octubre de 2020 aprobamos un cambio a la Constitución actual, lo que nos pone el desafío de tener una nueva Constitución, pues costaría entender que con esa abrumadora mayoría de abril se rechace la propuesta de la CC en septiembre (que se traduciría en mantener la Constitución que se quería cambiar).
Tanto la instalación como el periodo de trabajo no ha sido fácil, como tampoco aterrizar las expectativas de dicho trabajo, que, por ser inédito en nuestra historia republicana, no ha estado exento de polémicas, de excesos, de discusiones, y también en algunos temas de imposiciones.
Sin entrar a tomar partido o posición con alguno de los sectores visibles de los constituyentes, sería bueno en primer lugar revisar si nuestros tres constituyentes de la región han logrado representar en dicha instancia el pensamiento, los anhelos o los sueños de la comunidad que representan. Lo planteo porque hemos visto muchas veces, por medios de comunicación, posturas más personales que comunitarias. Es cierto que aquí se reflejan los variados y múltiples problemas de la democracia representativa, que se evidencia cuando frente a un tema mi representante se aleja de lo que yo pienso o que en otro tema su opinión también me representa. Es cierto que no hay mejor representante que uno mismo, pero el gran problema de nuestro tiempo es que en nuestra sociedad se piensa y se actúa más en primera persona singular que plural, olvidándose muchas veces del bien común, que para ser común requiere de varios.
En las últimas semanas ha ido creciendo la alternativa de rechazar el texto, aun cuando falta todavía mucho que discutir y zanjar. En el escenario de que se rechace el texto en septiembre, creo que es erróneo concluir que se quiere mantener la actual Constitución como lo quería el 20% de octubre de 2020. Simplemente se rechazaría la propuesta de la CC, y con ello se demostraría su fracaso para elaborar bases para una casa común.
Entramos entonces a un periodo de decisiones importantes, pues el proceso constitucional fue una salida para un estallido social que tuvo importantes costos de vidas, y de daños a la propiedad pública y privada. Por ello, es importante intentar, hacer el esfuerzo de pensar en plural, pues desde el punto de vista matemático si se piensa en absolutismos (todo o nada), hay más razones para rechazar si de 10 temas basta uno que no me interprete para no aprobar. Rechazar con mirada individualista es fácil, lo difícil es aprobar sabiendo que no todo lo que se presenta como nueva Constitución me representa. Creo que los convencionales deben hacer un esfuerzo mayor por construir mayorías. Es preferible incluso que se demoren más, duerman más en lugar de trasnochar, y de este modo tener mejor ánimo para empatizar, dialogar y finalmente acordar lo mejor para Chile.
Sigo pensando que necesitamos un gran acuerdo, y que en septiembre se debiese aprobar por una amplia mayoría una nueva Constitución que sea el reflejo de una casa común que nos permita ejercer el derecho de vivir en paz. Un resultado estrecho, o un resultado que dé cuente del fracaso de tener una nueva Constitución es un escenario que no nos hace bien ni como país ni como generación.




