Necrológicas

El coraje de decir la verdad

Por Marcos Buvinic Domingo 3 de Julio del 2022

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Las vacaciones de invierno son una ocasión privilegiada para diversos encuentros entre los padres y sus hijos, así como para el desarrollo de panoramas que enriquezcan la vida familiar. Pero es preciso tener presente que hay enemigos que pueden frustrar esta posibilidad de crecimiento en la vida familiar. Uno de ellos es la sobredosis de conexión a los celulares, internet y redes sociales, lo cual puede afectar tanto a los padres como a los hijos, volviéndolos “autistas tecnológicos”. Todos somos conscientes del gran servicio que prestan estas tecnologías de comunicación, pero no siempre somos lúcidos ante los problemas que acarrea mal uso que podemos hacer de ellos.

A veces se escucha a los padres quejarse de que sus hijos viven con el celular en la mano, hablando o contestando mensajes, o que el hijo pasa casi todo el día jugando en la consola de videojuegos. Sin embargo, un estudio realizado hace algún tiempo, señala que a menudo son los niños los que reclaman que sus papás y mamás están conectados de modo excesivo, dando origen a lo que los sicólogos llaman una “crianza distraída”. Pareciera que a muchos papás y mamás les cuesta reconocer el sobreuso que dan al celular u otros equipos, perdiendo así la conexión con sus hijos.    

El estudio siguió la interacción entre padres e hijos en restaurantes de comida rápida y patios de comida, constatando que el 70% de los adultos usa sus celulares durante la comida, así cuando el niño hablaba a sus padres éstos tendían a responder de modo mecánico o retardado. Según el estudio, el 54% de los niños piensa que sus padres revisan sus equipos con demasiada frecuencia, y el 32% de los niños dicen que se sienten poco importantes cuando sus padres se distraen viendo sus celulares, respondiendo llamadas o contestando mensajes mientras están con ellos.

Esta situación tiene, sin dudas, serias consecuencias en la comunicación y el diálogo familiar, en el intercambio de afectos y entrega de confianza, en la formación de los niños y jóvenes en su capacidad de reflexionar y decidir haciendo uso de su libertad; pero, el problema revela toda su magnitud si observamos lo que sucede a nivel global de la sociedad.

Esa mirada al conjunto de la sociedad hiperconectada e impotente ante el tsunami de datos e información de las redes sociales es la que realiza el filósofo más leído en el mundo, el coreano Byung-Chul Han, en su último libro titulado “Infocracia. La digitalización y la crisis de la democracia”. Han señala que en la sociedad digitalizada estamos sometidos al “régimen de la información”, que es “la forma de dominio en la que la información y su procesamiento mediante algoritmos e inteligencia artificial determinan de modo decisivo los procesos sociales, económicos y políticos”.

El “régimen de la información” termina por anular la racionalidad, pues la avalancha de información y datos, llenos de noticias falsas (fake news), no permite la reflexión y el análisis; por tanto, se anula la comunicación real entre las personas. Así, bajo la apariencia de la libertad que dan las redes y el tsunami de información mil veces reenviada, se establece un total control social, disfrazado de gestión optimizada y promesas de bienestar.

El filósofo Han apunta al peligro que encierra para la vida democrática el hecho de que todo suceda en un interminable devenir de información efímera, pues sin acción comunicativa no hay democracia; sin ciudadanos libres para disentir, para dialogar sobre ideas y buscar el camino por donde avanzar, la libertad se esfuma entre los muros de una invisible prisión digital.

En la pérdida del diálogo real, lo que pierde es la verdad; ese es el nuevo nihilismo, afirma Han; pues la arbitrariedad subjetiva suprime la verdad. La información, por sí misma, no es capaz de explicar la vida, el mundo, la sociedad, lo que nos pasa; se necesita un proceso de reflexión y racionalidad crítica. Dice Han: “la información es aditiva y acumulativa. La verdad, en cambio, es narrativa y exclusiva. Existen cúmulos de información o basura informativa. La verdad, en cambio, no forma ningún cúmulo. La verdad no es frecuente. En muchos sentidos se opone a la información. Elevada a la categoría de relato, proporciona sentido y orientación”.

El llamado es a tener “el coraje de decir la verdad”, lo que exige racionalidad, reflexión crítica y ejercicio de la libertad, en lugar del consumo atolondrado de información, datos y “fake news”. Esto parece particularmente importante en vista a nuestro próximo plebiscito constitucional, pues, como señala Han, “las campañas electorales son guerras de información que se libran con todos los medios técnicos y psicológicos imaginables”.