Necrológicas
  • Gladys Antonia Gallardo Gómez
  • Armando Serón Osorio

100 años de la publicación del libro “Desolación” de Gabriela Mistral

Por La Prensa Austral Jueves 10 de Noviembre del 2022

Compartir esta noticia
110
Visitas

Victor Hernandez
Sociedad de escritores de Magallanes

 

Parte II

Como señalamos en la semblanza de la semana pasada, la Mesa Regional del Plan de Lectura en conjunto con el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de la Región de Magallanes y Antártica Chilena, elaboraron un proyecto dividido en varias etapas para conmemorar el centenario de la publicación de la primera edición de “Desolación”, la ópera prima de Gabriela Mistral.

En el marco de las discusiones sostenidas por los miembros de ambas instituciones, se acordó priorizar el concepto de descentralización regional. Se recordó, que a menudo criticamos la excesiva concentración de poder político y económico con que cuenta el área metropolitana con la capital Santiago, privilegio que frecuentemente conspira contra el desarrollo de las regiones, en particular, de las llamadas zonas extremas del país. Sin embargo, se hizo hincapié también, en que existe otro tipo de centralismo más nocivo y peligroso que el enunciado, pero que se desprende como consecuencia lógica del anterior. En nuestra realidad -y suponemos que se trata de un caso que se repite en otras capitales regionales-, Punta Arenas con su excesiva figuración, termina por constreñir las potenciales posibilidades de desarrollo que disponen las distintas provincias y comunas que conforman nuestra región. 

Por cierto, que hay una serie de factores que inciden en este desequilibrio que no es sólo de índole demográfico o de cifras que se refieren a la actividad productiva. Aquello se manifiesta con mayor nitidez en el ámbito del arte y de la literatura, donde la mayoría de las actividades, junto con la toma de decisiones para realizar las propuestas culturales, se determinan y ejecutan en la ciudad de Punta Arenas. 

“El futuro de los niños siempre es hoy”.

En base a este análisis preliminar, los integrantes de la Mesa Regional del Plan de Lectura entregaron una propuesta al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, para efectuar una ceremonia de conmemoración en la provincia de Ultima Esperanza. El programa definitivo, que se materializó el martes 25 de octubre, incluyó un emotivo acto cultural en la Escuela Ramón Serrano Montaner de Cerro Castillo de la comuna de Torres del Paine, la cual contó con la presencia de autoridades de gobierno de Ultima Esperanza y de los municipios de Puerto Natales y Cerro Castillo. 

En el acto principal, el seremi de las Culturas Diego García, hizo una breve síntesis del proyecto y citando a Mistral en el final de su intervención señaló: “El futuro de los niños siempre es hoy. Mañana será tarde”. Después, la encargada de la Biblioteca de Torres del Paine, Ivonne Lucero y la integrante de la Agrupación de Adultos Mayores “Plumas Literarias”, Mariana Ampuero, leyeron dos composiciones poéticas de nuestra Premio Nobel de Literatura; luego, dos grupos de alumnas del colegio acompañadas por sus profesores, presentaron sendos números artísticos. En el primero de ellos, observamos la declamación de algunos poemas escogidos de Mistral, que la autora presumiblemente escribió en la Patagonia, mientras que el segundo evento consistió en la realización de un montaje coreográfico que simbolizaba una ronda de niñas. Al término de la ceremonia, los miembros de la Mesa Regional del Plan de Lectura obsequiaron a la escuela los ocho tomos de la obra reunida de Gabriela Mistral.  

Posteriormente, la delegación se dirigió al sitio donde se ubica la Hostería Tres Pasos, escenario fantasmagórico y lugar de descanso de nuestra educadora y poeta en los veranos de 1919 y 1920. En este espacio prístino, de inconmensurable belleza, nos reunimos en torno al monolito erigido en reconocimiento a la obra de Gabriela Mistral, donado a la comunidad magallánica el 16 de febrero de 1952 por las municipalidades de Puerto Natales y de Punta Arenas, en conjunto con la Armada de Chile a través de la Tercera Zona Naval y de tres instituciones societarias de Ultima Esperanza: el Club de Turismo, el Club de Leones y el Rotary Club.

No podemos dejar de mencionar el recogimiento y la solemnidad que percibimos esa tarde, en medio de aquellos parajes que parecen estar detenidos en el tiempo como hace cien años. Allí, cada uno de los presentes leyó un poema de Mistral, seleccionado exclusivamente para la ocasión.

Algunas claves en “Desolación”.

Tal como esbozamos en la semana anterior, este libro no se acaba con su simple lectura. En cada página, en cada trozo poético y en cada rincón de su prosa, aparece la Patagonia como una temática frecuente en la vida y obra de la autora. Estas ideas seguramente, inspiraron al poeta y crítico literario Jaime Quezada para concatenar tras ardua investigación, su texto “Gabriela Mistral, el libro de la Patagonia” que reúne todos los escritos en donde Mistral se refiere a la Región de Magallanes y Antártica Chilena, los que han sido publicados en libros o en revistas, en diarios y periódicos, tanto en nuestro país como en el extranjero.

Para empezar, nos llama particularmente la atención el artículo redactado en Vichy, Francia, editado en el diario “El Tiempo” de Bogotá, Colombia, el 6 de octubre de 1929, en que Mistral avizora la posibilidad del futuro de la humanidad en el austro: “Cuando el planeta haya sido enteramente aprovechado, los archipiélagos nuestros entrarán con sus bellos nombres en la letanía de las tierras humanizadas. Mientras eso viene, nuestra tierra austral válida y posible es la Patagonia”.

De repente las relaciones encontradas por Quezada parecen demostrarnos que la Patagonia es en sí mismo, un tema histórico y literario, que atraviesa buena parte de la obra mistraliana. Siguiendo el derrotero trazado por el compilador, se puede hallar en los poemas “Desolación”, “Arbol muerto” y “Tres árboles”, -trilogía escrita y denominada “Paisajes de la Patagonia”-, pero, también, se pueden encontrar rastros en conferencias y conversaciones en que la autora se explayó sobre las presuntas características que diferencian a este lugar de otros lugares del mundo y que han servido de inspiración para la creación de nuevos libros, como en el caso del texto de Jaime Quezada llamado “Pensando a Chile” (2015), en que nos cita a Mistral cuando escribe su famoso recado sobre el alerce: 

“Esta soledad mística la he gozado de Patagonia adentro, dos o tres veces, y entre las multitudes que llevo en el fondo de los ojos, con gusto o disgusto mío, cargo, esta sí, con amor, ese grupo de alerces de sombra dulce, fragante y misteriosa”.

En la primera edición chilena del libro “Ternura”, producida por la Editorial Universitaria en 1989, -como sabemos, la primera impresión de este poemario se realizó en España en 1924-, que contiene un prólogo, notas críticas y referencias de Jaime Quezada, se incluye el poema “Arrullo Patagón”, pieza lírica dedicada a Graciela de Menéndez, dama magallánica que recibió a Mistral a su paso por Punta Arenas, de regreso a Chile en 1925, con quien la educadora y poeta mantuvo por siempre, una larga correspondencia epistolar. 

“Sigo escribiendo arrullos con largas pausas; tal vez me moriré haciéndome dormir vuelta madre de mí misma, como las viejas que desvarían con sus ojos fijos en sus rodillas vanas, o como el niño japonés que quería dormir su propia canción antes de dormirse él”.

En el análisis de los escritos de Mistral en distintos medios periodísticos, Quezada halló varios artículos que tratan sobre flora y fauna nacionales. Así durante su estadía en París en 1926 escribió una semblanza sobre el Albatros, que Gastón von dem Bussche incluyó en la recopilación denominada “Gabriela Mistral: Reino. (Poesía dispersa en verso y prosa)”, obra impresa en las Ediciones Universitarias de Valparaíso en 1983 en que leemos:

“El que quiere más que eso y tiene el antojo de verle el amor, los bailes y otras fantasías, váyase en verano a la Patagonia nuestra, donde todavía ellos guardan su feudo”.

En Magallanes nació en Mistral su interés y defensa del huemul “el cuadrúpedo más raro y singular de nuestras sierras, de que no hay noticia que habite otra región del globo, y de cuya piel notable por su elasticidad y resistencia hacen nuestros valientes naturales sus coseletes y botas de guerra”, como expresó el Presidente José Joaquín Prieto al Congreso Nacional el 22 de agosto de 1832, al proponer su inclusión, en el diseño del escudo de armas de la República de Chile. 

El poeta Floridor Pérez (1937-2019) en su texto “Gabriela Mistral 50 prosas en El Mercurio 1921-1956”, nos asegura  que la educadora se refería al ciervo sur andino ya en sus escritos en la revista “Mireya” en 1919. El mismo autor, que incluyó en su libro el clásico texto de Mistral “Menos cóndor y más huemul”, señala que dicho artículo fue publicado por primera vez en la prensa nacional el 11 de junio de 1926. A su vez, Jaime Quezada nos indica en el “Libro de la Patagonia” que con el título “Tierra de Chile”, la famosa revista argentina Sur, publicó el estudio de Mistral “Cuatro tiempos del huemul”, el 30 de noviembre de 1938, texto que la Premio Nobel insertó después en su “Pequeña antología”, con prólogo del escritor Luis Oyarzún, obra editada en Santiago en 1950, en los Talleres de la Escuela Nacional de Artes Gráficas. El propio Quezada anota que: “Con el título original Menos cóndor más huemul” el sacerdote de la Orden de los agustinos y eminente crítico literario Alfonso Escudero, seleccionó el escrito para su libro “Gabriela Mistral: Contando a Chile”, impreso en la Editorial Del Pacífico en 1954. Por último, se nos recuerda además, que Mistral empleó en distintas publicaciones diversas expresiones de su animal favorito, que oscilan desde la época de su estadía en el austro, “en los Natales partías trébol y avena floridos”, los que fueron recogidos más tarde, en el libro póstumo “Poema de Chile” de 1967; “él es el personaje central de ese poema mío”, -afirmaba la autora en el texto-, en que se identifica la preocupación que tuvo Mistral por esta “fina bestia”, como solía llamarle a menudo.

La preocupación de la escritora por la Patagonia se extendió a otros ámbitos. Por ejemplo, cuando la Compañía Nacional de Aeronavegación Brasilera bautizó en julio de 1945 el avión 48 B con el nombre de “Magallanes”, Mistral leyó un notable discurso que en lo medular planteaba el siguiente concepto: “Chile dio el nombre de Magallanes a la franja chilena de su hazaña, como quien devuelve sus derechos al voceador de aquellas postrimerías australes, o sea en la Patagonia nuestra. Y hasta en los poemas que hacemos allá, en la pradera volteada de viento, llevan sobre su bulto de aire la marca del luso mayor”. El documento fue incluido con el título “Bautizo del avión Magallanes en Río de Janeiro” en el N°6 de la revista “Política y Espíritu”, en diciembre de 1945 y varias décadas más tarde, (2000) en el libro “Gabriela Mistral: Una escritura recadera (Prosa inédita)”, con selección, prólogo, y referencias, a cargo de Jaime Quezada. 

En paralelo a su labor docente y literaria, Mistral escribió durante su estadía en la Patagonia un diario personal que se conoció con el nombre de “Cuaderno de Magallanes”, donde incluyó anotaciones, observaciones, y el famoso poema “El soneto del ciprés”, en alusión a los árboles del Cementerio Municipal de Punta Arenas.

Sus escritos demuestran también una gran curiosidad por la Antártica. Podría decirse que Mistral imaginó la evidente conexión entre la Patagonia y el continente blanco, como se desprende de su recado fechado en Santa Bárbara, California en 1948, denominado “La Antártida y el pueblo magallánico”. En este documento, la autora explica su llegada al austro a través de la recomendación que hiciera el entonces ministro de Instrucción Pública, Pedro Aguirre Cerda. En sus párrafos, la figura del estadista que fue después Presidente de Chile (1938-1941) parece agigantarse para Mistral a medida que dimensiona el significado de la relación histórica entre Magallanes y la “Terra Australis Ignota” e interpreta el encargo que le había entregado su amigo, de reorganizar un colegio “dividido en sí mismo” y de paso, propender a la chilenización de un territorio donde el extranjero superabundaba. Mistral recordaba a su comunidad:

“El profesorado que llevé resulta bastante apostólico, puesto que se decidió vivir largo tiempo en el país de la noche larga. Gracias a él nuestro liceo abriría una escuela nocturna y gratuita para obreras, el analfabetismo era subido en la masa popular. Mis compañeras iban a enseñar al más curioso alumnado que yo recuerde. Menos defendida del hielo que el hiperbóreo europeo, aquella buena gente, mujeres y hasta niñas, llegaba sacudiéndose la nieve al umbral y entraba la sala con el hálito hecho vaho, dándonos el rostro rojo y duro que hace el frío, una piel parecida al pellejo del pececillo rojo”.

La imagen de la Antártica rondó varios escritos mistralianos. En 1928, al enterarse de la desaparición del gran explorador noruego Roald Amundsen escribió un recado fechado en Avignon, Francia, en diciembre de 1928, en que destacamos este pensamiento: “Yo me acuerdo de haber oído en Magallanes su nombre como cosa familiar, y tal vez esto me ha hecho seguirle siempre en revistas y periódicos como a criatura que me ligaba no sé qué compadrazgo de paisaje polar”.

En la “Antártica y el pueblo magallánico” Mistral nos comparte su conocimiento del célebre anarquista ucraniano Simón Radowitsky, evadido de la cárcel de Ushuaia, la “Ergástula del Sur”, el 7 de noviembre de 1918. 

“Al salir el grupo forastero llegó a saludarme. Dos reos políticos del presidio de Ushuaia habían sabido de ese curso nocturno y tan informal, quisieron ir a verme, y se les sumaron unos chilenos inéditos para mis ojos.

“Sentados otra vez, los seis u ocho, me contarían la escapada de los corajudos, los trances de la pampa y el nadar las aguas medio heladas, husmeando entre matorrales encubridores, hasta alcanzar la ciudad de Punta Arenas”.

La descripción que Mistral hace sobre este encuentro no deja de ser interesante, por cuanto, la mayoría de las biografías que se conocen sobre Radowitsky indican que el revolucionario, después de varios días de navegación por el estrecho de Magallanes, no alcanzó a desembarcar en Punta Arenas, si bien otros testimonios sugieren que varios de los forajidos fueron aprehendidos cuando se aproximaban a la ciudad capital del territorio; mientras que, algunas versiones señalan que Radowitsky, a diferencia de sus compañeros de huida en Ushuaia, alcanzó a esconderse en las cercanías de Punta Arenas hasta que fue capturado y devuelto al penal austral.

Durante muchos años historiadores regionales especularon y pusieron en duda un posible vínculo de Mistral con la Federación Obrera de Magallanes (Fom). En su edición del 28 de julio de 1918 el vespertino El Magallanes aseguraba que en el Teatro Regeneración se realizaría una velada artística literaria en pro construcción de la biblioteca de la organización. Se adosaba además, el programa del evento que contemplaba la declamación de dos poemas de Mistral: “Invierno”, a cargo de la niña V. Soto y “Los sonetos de la muerte” por parte de la señorita H. Merino. Con respecto a la ceremonia, El Magallanes publicó el 3 de agosto:

“Asistió a la velada el gobernador del Territorio don Luis Contreras Sotomayor, parte del cuerpo de profesoras del Liceo de Niñas, en representación de la directora, (Mistral) que por motivos de enfermedad excusó su inasistencia, y numerosas otras personas que simpatizan con el hermoso objetivo perseguido con la velada”.