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  • José Germán Cariñanco Mansilla

Cabo de Hornos, ‘La Meca’ de la investigación en aves

Por La Prensa Austral Domingo 8 de Enero del 2023
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  • Investigadores del nuevo Centro Internacional Cabo de Hornos (Chic) han consolidado
    los mayores estudios de aves de bosques templados en el hemisferio sur.

En el área más remota del extremo sur de Chile, está el Cabo de Hornos que alberga los ecosistemas forestales más australes del mundo. Ubicado a más de 3.600 kilómetros de la capital de Chile, Santiago, es una zona de alto interés para investigadores e investigadoras tanto nacionales como internacionales dada la extrema diversidad de las aves. El director Centro Internacional Cabo de Hornos (Chic, en su sigla en inglés), Dr. Ricardo Rozzi, ha denominado metafóricamente al Cabo de Hornos como un “embudo geográfico”, donde las aves migratorias convergen en la estrecha cumbre austral del territorio subantártico.

En cambio, el hemisferio norte con su amplitud de territorio, alberga a distintos tipos de grandes animales como alces, osos, entre otros. En el estrecho extremo sur, en “el fin del mundo”, las aves migratorias que vienen del polo norte convergen en el Cabo de Hornos. Esta zona es catalogada como una de las 24 áreas prístinas o silvestre que aún quedan en el planeta y contrasta, además, por contar con un clima oceánico que repercute en inviernos suaves y veranos frescos.

La Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos, entonces, ha emergido como un laboratorio natural único para investigar las aves y realizar monitoreos de largo plazo de la biodiversidad y los ecosistemas. Una de las amenazas que ha sido poco estudiada corresponde a las epidemias de las aves y la vida silvestre, en general, y cómo éstas se interrelacionan y podrían afectar a la salud humana. Esta amenaza es investigada por el nuevo Centro Internacional Cabo de Hornos para Estudios de Cambio Global y Conservación Biocultural (Chic) en Puerto Williams, basado en el programa de anillamiento de aves de bosques subantárticos más extenso del hemisferio sur. Desde el año 2000, en el parque Omora, se han capturado 16.313 aves con el fin de monitorear el estado de salud de esas comunidades. Hoy estos estudios se potencian con el Chic, albergado en la zona, y por medio de la Universidad de Magallanes, y de la mano de una red de universidades internacionales y nacionales.

El Chic, un proyecto basal que recibe financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (Anid), es el único centro de excelencia en la Región de Magallanes y Antártica Chilena. Está albergado por la Universidad de Magallanes y es co-liderado con la P. Universidad Católica de Chile en colaboración con la U. de Chile, U. Central, U. de Talca, U. Católica de Temuco, U de Los Lagos, el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (Ciep-Aysén), y una red internacional coordinada por la Universidad de North Texas, Estados Unidos.

En este territorio que mira hacia las aguas del canal Beagle, se instaló el Chic en octubre del 2021 con el objetivo de aportar con producción de conocimientos desde la ciudad más austral del planeta hacia el país y el mundo. Su misión es la investigación para comprender el cambio socio-ambiental global y la educación y conservación biocultural para desarrollar soluciones que promuevan la sustentabilidad social, económica y ambiental.

Taller internacional 

Con esta bandera en mano, el Chic ha contribuido en el territorio de distintas maneras y una de ellas es a través de talleres internacionales que buscan levantar conocimiento transdisciplinario e interinstitucional entre la academia y los ministerios y unidades del Estado. Un ciclo fundamental interrelacional la salud de la biodiversidad y la salud humana, y hoy culmina con el “Taller Internacional de Epidemiología y Conservación: un enfoque proactivo de la malaria aviar desde la reserva de la Biósfera de Cabo de Hornos”, que se está realizando desde el 5 y que culminará mañana 9 de enero. El encuentro se efectúa en conjunto con el Servicio Agrícola y Ganadero (Sag), la Corporación Nacional Forestal (Conaf) y la Estrategia Nacional de Conservación de Aves del Ministerio de Medio Ambiente. 

Este taller ha posibilitado el intercambio de experiencias y la generación de recomendaciones para abordar proactivamente emergencias que ahora coincidió con el escenario de emergencia sanitaria desatada por la gripe aviar (H5N1) en el país. El Dr. Rozzi explicó la importancia de la investigación a largo plazo en zonas remotas como base para la toma de decisiones y formulación de políticas socioambientales. “El año 2003 detectamos por primera vez la presencia de plasmodios en la sangre de chincoles, rayaditos y otras aves en la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos. Hoy, 20 años después, esta investigación cobra mayor relevancia cuando por un lado confrontamos epidemias aviares y por otro lado promovemos un turismo de observadores de aves, que contribuye a la economía, la sociedad y la conservación del medioambiente,” señaló el Dr. Rozzi.  

Justamente son las aves que vuelan y migran por todo el mundo, visitando zonas fuera de su hábitat original las que se encuentran y convergen con otras aves locales. Es en este cruce donde se dan los contagios y se disemina, al igual que lo sucedido con el Covid-19. La variante de la gripe aviar es altamente contagiosa y desde fines del 2022 se han registrado casos en países de Europa, Asia y Norteamérica.

Para Nicolás Soto, Encargado Regional de Recursos Naturales Renovables del Servicio Agrícola y Ganadero (Sag) de Magallanes, la conexión y colaboración con la academia en estos temas es sumamente importante. “El taller es una oportunidad muy favorable para nosotros en términos de su vinculación con el resto de los actores que están participando en el taller, el cual aborda un tema sanitario que compromete a especies de faunas silvestres y que están reguladas – desde el punto de vista normativo- a través de la Ley de Caza, que es administrada y fiscalizada por el Sag”. Consistentemente, las exposiciones mostraron el marco normativo general y algunas experiencias a nivel nacional referidas al monitoreo de aves silvestre y el contexto sanitario de las mismas y cómo se relacionan estos con los programas de vigilancia y control sanitario en planteles de aves industriales y domésticas.

La apuesta
del aviturismo

Además, de la importancia de la salud de las aves en el sector, el proyecto Chic releva su importancia para el aviturismo. La profesional del centro, Paula Caballero, señala que “las aves son protagonistas en la implementación de la primera carrera técnica de nivel superior en turismo de conservación biocultural que se comenzará a ofrecer en la sede del Chic en la U. de Magallanes, Puerto Williams. El aviturismo es una actividad permanente para el turismo de bajo impacto, y la escuela la pondrá en práctica con operadores y guías turísticos en la Isla Navarino e interesados de otras regiones del país y el mundo. Es por esto que instancias como este taller nos darán insumos y evidencia para ofrecer el curso de aviturismo en la carrera, la que tomara las herramientas y evidencia generada por la investigación del Chic”. 

 

Arboles viejos y muertos
son fuente de vida

Según el investigador del Chic, Dr. Tomás Altamirano aves como el pájaro carpintero, el comesebo, cachañas, búhos y cachañas prefieren árboles viejos y muertos en pie para alimentarse y construir sus cavidades para su reproducción. En la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos es fundamental proteger los bosques antiguos subantárticos más extensos del planeta. Los bosques antiguos también son esenciales en la Reserva de la Biósfera Araucaria, donde el 60% de los nidos está en árboles viejos, como lo constataron el equipo del Dr. Altamirano y colaboradores del Centro UC de Desarrollo Local en Villarrica.

Esta cifra se da pese a que en los bosques la mayoría de los árboles disponibles están vivos y sanos, pero las aves no los usan para su reproducción. Para el coordinador de la Estrategia Nacional de Conservación de Aves 2021 – 2030, y uno de los investigadores principales de estos estudios, Tomás Altamirano, los datos nos muestran que “en términos de nidos, los árboles muertos en pie tienen más vida que los vivos, por lo que sería urgente que la legislación relevara la importancia de estas estructuras”.