Impuesto específico al combustible ¿Usura del Estado?
Treinta y siete años cumplió hace rato, la Ley 18.502 de abril de 1986, que instauró el gobierno-dictadura de Augusto Pinochet, producto de la necesaria reconstrucción de la infraestructura del país, producto del terremoto del 3 de marzo de 1985 y que azotó al centro-sur de Chile.
Hoy día, han pasado otros terremotos y desastres naturales, y la Infraestructura nacional no sólo ha sido reconstruida, sino que al menos en Chile (es decir de Puerto Montt al norte), la carretera Panamericana o Ruta 5 luce otro rostro, probablemente no por la aplicación de dicho impuesto, sino por las concesiones que queramos o no, le dieron otro estándar y posibilidades de desplazamiento a los chilenos. Se remodelaron, ampliaron aeropuertos y puertos (aunque eso sea harto menos notorio en nuestra región) (nos han pasado a dejar plazas aeroportuarias menores de Chile y nuestro puerto Arturo Prat con 100 años de antiguedad ha logrado a los tirones estirar un pelito su largo de atraque).
Pero volvamos a la Ley 18.502 de Pinochet, que ha cumplido más edad que muchos de los lectores de esta columna. Quien escribe tenía a esa fecha 21 años. Hoy he pasado largamente los 50. ¿Qué ha pasado con los sucesivos 8 gobiernos democráticos desde el término de la dictadura? Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet I, Piñera I, Bachelet II, Piñera II y Boric. Todos con matices más y matices menos han dicho querer efectuar cambios o al menos reformar esa Constitución “espuria” creada por Augustus y su Junta Militar. Pero a todos nuestros gobernantes les ha gustado mantener esta Ley de Impuesto a los combustibles, que esquilma, afana o usura a los chilenos día a día.
Claro que estamos en un cambio de paradigma energético, apremiados y obligados por los efectos que provoca en el Planeta el cambio climático, y que el uso de los combustibles fósiles tendrá que ir en retroceso, pero progresivamente tienen que aparecer en la realidad y no solo en los discursos y en las agendas, el uso de energías renovables y del ya manido hidrógeno verde, que al menos demorará para llegar al uso cotidiano de los chilenos, por lo menos una década más. Se podría agregar que “no por madrugar amanece más temprano”.
¿Bastará con el voluntarismo del gobierno y con la tozudez de no querer eliminar o al menos disminuir el impuesto específico?, pues, como dice el Presidente, el rebajar o eliminar el usurero impuesto, sería estimular su consumo. ¡Si no hay otra alternativa a mano Presidente¡. No aún¡¡. Y lo sufrimos día a día. En especial quienes más lejos viven de
“Palacio”, es decir de Santiago.
Hace casi un año, escribimos una columna similar, donde señalábamos que casi el 50% del valor final que pagamos en el surtidor, se lo lleva el Impuesto Específico a los Combustibles y el Iva El litro de combustible sale de la Refinería de Petrox en Talcahuano o en Concón, a un valor menor a los $700. Para que “alambican tanto y embolinan tanto la perdiz” con el Mepco, si con la eliminación del Impuesto Específico a los Combustibles, estaríamos bastante abajo, de los casi $1.519 pesos de combustible que pagan nuestros habitantes en Puerto Williams (la más cara de Chile).
Como dijimos en nuestra columna anterior, Chile tiene la segunda bencina más cara de Sudamérica detrás de Uruguay, pero que habitan un país estable, de distancias relativamente pequeñas, homogéneo socio-económicamente y, con crecimiento positivo en indicadores económicos y de desarrollo humano.
Saque los cocodrilos del bolsillo Presidente y allánese a estudiar el proyecto presentado en el Senado por los senadores Kusanovic de Magallanes y Sandoval de Aysén para eliminar o disminuir con sentido geopolítico o de justicia territorial el impuesto específico a los combustibles, los que pueden pensar muy distinto a quien escribe esta columna en materia político partidaria, pero creo, sintonizan con el profundo sentir de los que vivimos alejados de las maravillas de la línea 6 del metro o de la escapadita al litoral por el fin de semana.




