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La hipertensión arterial no controlada y sus reveladoras cifras

Por Ramón Lobos Vásquez Miércoles 8 de Noviembre del 2023

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Hace algunas semanas fue noticia de interés las cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en torno a la prevalencia de la Hipertensión Arterial en varios países de la región. Para Chile las cifras nos dan que pensar: más de un tercio de la población chilena tiene hipertensión.
   Siendo también un poco superior al promedio mundial, 36 sobre 33%. De estos potenciales hipertensos sólo el 71% está diagnosticado, pero mantiene un tratamiento sólo el 59%. Es decir, la enfermedad se encuentra controlada sólo en un 34%. Esta situación es más alta en mujeres con un 42% contra un 27% de hombres controlados. Cifras de por sí alarmantes.
   Si lo extrapolamos a nuestra región serían más de 120 mil magallánicos que debieran estar en control y seguimiento por esta condición. De los cuales más de 25 mil no estarían enterados y sólo se encontrarían con su enfermedad controlada casi 41 mil personas.
Por lo que no conocen su condición o no están controlados un gran porcentaje de la población regional. 
    Eso significa que el sistema de salud debe ampliar la búsqueda de nuevos hipertensos en la población general y asegurar el tratamiento y adherencia a él, de quienes se encuentran diagnosticados. Una tarea enorme y compleja, porque las condicionantes locales de salud no siempre favorecen estas tareas.
   Hay muchos mitos o soluciones caseras en la pesquisa de cifras tensionales elevadas en la población. Por eso, tal vez no reciben un adecuado tratamiento quienes debieran tenerlo o bien tienen tratamientos no acordes a su verdadera situación de salud.
Muchas personas de mediana edad que se encuentran trabajando dejan para después el control y seguimiento de la presión arterial. Mala decisión. Esto porque la hipertensión arterial ha sido considerada como el enemigo silencioso en nuestras vidas.
     La hipertensión va generando cambios anatómicos en el sistema cardiovascular que cuando se estructuran son difíciles de retrotraer o volver a la situación basal. Y eso pasa sin dar evidencias del daño que se va acumulando.
     Por eso, una política de control periódico de las personas, de factores de riesgo y mediciones de algunos parámetros controlados básicos permiten ir detectando esta situación para iniciar un adecuado tratamiento. Que no será de por vida, ya que las distintas evaluaciones de las repercusiones en nuestro organismo -de la hipertensión- determinarán el mejor tratamiento a seguir, dada esta condición es que será una prescripción personalizada e individual. No hay un tratamiento único y de por vida. Por eso seguir el tratamiento de otro no es ni será la mejor decisión.
Es una determinación médica específica e individual. No seguir el tratamiento tiene funestas consecuencias. La acumulación de daño en el sistema cardiovascular va progresando y por ello aumenta la mortalidad. Así visto este menor control en hombres ensombrece su situación de salud y su pronóstico de sobrevida. Esa es la razón por la cual estas cifras son alarmantes y preocupantes para nuestra población .
Debieran marcar una diferencia del cómo abordar esta enfermedad: mayor pesquisa, mejor tratamiento y adherencia a él.
   ¿Qué pasa con los mayores? Obviamente el asegurar un buen estado de salud es esencial.
Tradicionalmente ha sido más difícil de entender y asimilar por los hombres y obviamente se debe focalizar en ellos la adherencia al control y seguimiento; además de mantener las mejores cifras que tienen las mujeres y potenciarlas.
   Hemos hablado antes y seguiremos insistiendo en la importancia de tener a nuestros mayores inscritos en el dispositivo de salud primaria más cercana al domicilio. Asistir y mantenerse en control y por sobre todo evaluarse al menos anualmente en distintas áreas: clínica o de salud, funcionalidad y desempeños en las actividades diarias, salud cognitiva, salud mental y social. Estas serán una base por la cual determinar las áreas de intervención en cada mayor. Los enfoques e intensidades que deben desarrollar.
   Es preciso tener un “enfoque geriátrico” de la atención de mayores. Tener una guía y una recomendación sobre cómo mantenerse bien y qué hacer para potenciar esa condición. No es sólo una receta. También se prescriben dietas apropiadas, prescribir ejercicio físico y la intensidad o frecuencia de él; también las actividades a potenciar en áreas recreacionales o uso del tiempo libre de cada mayor. Para que tengan un efecto rehabilitador y potenciador de las condicionantes de cada uno de ellos.
   Por eso también es importante el rol social de la familia, cuidadores o entornos sociales de los mayores, para asegurar la pertenencia a un equipo de salud primaria cercana, conocer las guías prescritas en lo que hemos señalado antes, la prescripción dietética, de actividad física, mental y social para ellos. La prescripción medicamentosa individual. La frecuencia de los controles en atención primaria o con especialistas.
   Es una tarea de muchos por ellos. Pero también es un aliciente para que más personas de menos edad que los mayores comprendan la necesidad de evaluarse y controlarse periódicamente. En forma preventiva y buscando condicionantes que al modificarlas potencien nuestro bienestar y eviten las enfermedades antes que se produzcan. Es una tarea pendiente y urgente por realizar. Hacerlo cada uno es imprescindible hoy.

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