Necrológicas

En el mall

Por La Prensa Austral Jueves 13 de Junio del 2024
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Andaba yo tratando de distraerme de mis problemas habituales cuando me encontré con un amigo que no veía hacía tiempo. Mi amigo se conserva mucho mejor que yo, tiene mucho más pelo y mantiene ese cutis rosado tipo jabón de motel, que siempre lo caracterizó.

Le confesé que mi ánimo estaba por el suelo y que no se me acercara mucho porque me lo podía pisar (el ánimo)

Me  contestó muy orondo:

– Jorge, tu siempre has tenido sentido del humor. Escribe sobre este encuentro, sobre este mall y sobre tus problemas.

Lo pensé un poco y le dije que la palabra inglesa mall (se pronuncia mol) no me gusta; que preferiría que se escribiera en español y con una ele. Así tendríamos que pronunciar “mal”, que es como lo está pasando la inmensa mayoría de los chilenos, incluyendo a los ex de la Nueva Mayoría.

En este Chile actual quien no está estresado, angustiado o deprimido, debe ser ciego sordo y mudo.

Hasta los llamados telefónicos de red fija me ponen nervioso. Si suena dos veces y se corta, pensamos que nos están robando la línea. Si suena dos veces y cortan, intuimos que están siguiendo nuestros movimientos.

Otra opción es que hayamos caído en una base de datos…y eso sí que es terrible. Es como el matrimonio: una vez que entraste…¡jodiste para siempre!

La diferencia es que en estos casos no hay divorcio posible. Ni siquiera inscribiéndote en el registro “No llame”. Muy por el contrario…para eliminarte de todos los bancos de datos…¡te vuelven a pedir los datos! Y no hay que ser muy perspicaz para entender hacia donde irán a parar…¡y más encima actualizados!

Ahora, si lo llama alguien para ofrecerle una compañía con un plan más barato. Aquí la alternativa es una sola: escucharlos hasta el final (mientras chequeamos el Facebook o acomodamos los cojines)…o simular una interferencia telefónica para decir: “¿Hola?  ¿Hola?…y cortar. Si cortamos, hay que dejar descolgado el teléfono un rato porque lo más probable es que nos vuelvan a llamar enseguida.

He notado que mucha gente no les corta porque no quiere ser maleducada o por temor a represalias. Sin embargo, esta genuflexión puede traer consecuencias irreversibles, especialmente cuando nos quieren enchufar una tarjeta de crédito con fórceps. El discurso es más o menos de este jaez: “No se preocupe, denos sus datos que igual la tarjeta no se pone en funcionamiento hasta que usted no lo autoriza”. Y ahí caemos en la celada y entrega os toda la información, incluyendo la clave del cajero y nuestra edad, tan celosamente  guardada.

OBSERVACION; Mientras más sensual sea la voz de la mujer que le llame, más datos entregará usted.