Necrológicas

Catástrofe plop II

Por Diego Benavente Viernes 21 de Junio del 2024

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En junio de 2000 en este mismo espacio y medio de comunicación, se me publicó una columna titulada como la actual, donde comentábamos lo que las catástrofes naturales dejan en evidencia en nuestro país. Cual es, una serie de debilidades respecto a la ubicación de determinada infraestructura, viviendas e incluso a veces edificios y poblaciones, las cuales muchas veces se han construido irresponsablemente en antiguas zonas de inundación por crecidas de ríos, los cuales cada cierto tiempo y conforme al clima y pluviometría vuelven a retomar sus antiguos cauces e inundan las mismas áreas que siempre han inundado cada 10, 30 ó 50 años. Esto también se produce con los terremotos y otros fenómenos como las erupciones, ahora también hay que sumar los campos dunares, en general rara vez aprovechamos la experiencia de las catástrofes para corregir nuestras conductas y aplicar medidas que eviten correr riesgos innecesarios. Para los temporales de julio del 2006 lo volvimos a denunciar en otra columna denominada “Planificación cero”. Parece que somos secos para tropezar con los mismos peñascos. 

Si bien la primera responsabilidad corresponde a quien construye en lugares sujetos a riesgos, una gran responsabilidad y no menor, recae en los municipios, ministerios y servicios encargados de regular estos aspectos, en particular en los profesionales que avalan este tipo de construcciones. No se puede dejar crecer la capital y las ciudades hasta el infinito, construir un paso bajo nivel sin contemplar la evacuación de las aguas lluvias o radicar un campamento, por muchos votos que estén en juego, en un lugar que es inundado por crecidas de río, esteros o tiene riesgos de verse afectado por cualquier tipo de catástrofe natural. En aquel entonces, es decir hace 24 años atrás, decíamos que era hora de usar la experiencia, identificando las distintas zonas con posibilidades de ser afectadas por cualquier tipo de catástrofe natural, no sólo en el plano regulador sino también mediante letreros metálicos, difíciles de derribar, como hitos visibles “in situ” que lo anuncien y además estipulen sanciones, para que, quienes tengan la memoria frágil, no se atrevan a ocuparlos. Adicionalmente se debería legislar para que en cada obra de infraestructura pública o población, se incorpore una placa metálica en un lugar visible y alto, sobre el nivel de inundación, con la nómina de los ingenieros y arquitectos que calcularon, revisaron y visaron la respectiva obra, tanto de la empresa privada que construyó como del sector público que lo revisó y recepcionó. Esto permitirá a los medios de comunicación denunciar gráfica y responsablemente este tipo de situaciones y no sólo buscar el impacto público que provoca la desgracia humana. 

Frente a este tema de los riesgos naturales, hoy cada vez más posibles de anticipar y prever, en Chile no aprendemos, me decía hace poco un amigo. Ese mismo año unos días después, es decir hace casi un cuarto de siglo atrás, describíamos en otra columna como un temporal intenso desnudó a nuestra capital en sus aires de “gran ciudad” y este invierno 2024 están todos tiritando para que no vuelva a ocurrir algo similar. Ayer decíamos, “de muy poco le ha servido a Santiago, acumular todo el poder de decisión; los recursos humanos profesionales, académicos y de investigación más relevantes del país; las inversiones públicas más cuantiosas; impresionantes obras de infraestructura que no se comparan con las de regiones. Convirtiendo el crecimiento de Santiago en su principal enemigo. Pero no suficiente con esto, la pléyade capitalina de autoridades, profesionales, políticos, mandos medios y gestores de ciudad, no han sido capaces siquiera de crear una urbe que se pueda defender de las inclemencias del tiempo, pero sí de hacerla crecer con proyectos inmobiliarios que superan a los planes reguladores torciendo leyes, en aras de rentabilidades que benefician a unos pocos, sacrificando el desarrollo equitativo de la ciudad y todo un país”. Quien se atrevería a decir que se ha hecho algo en el país, después de tanto tiempo, para corregir estos desequilibrios territoriales, nadie me imagino.