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Parque Marino Islas Diego Ramírez y Paso Drake, un viaje a la biodiversidad

Domingo 23 de Junio del 2024

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“Zarpamos desde Punta Arenas, en el buque Fuentealba. Entre los más de 40 tripulantes, estábamos nosotros…”.

Así comienza el relato de uno de los investigadores que pudo, gracias al apoyo de la Armada, internarse en el Parque Marino Islas Diego Ramírez y Paso Drake (PMID-PD), quizás el más desconocido para la población magallánica, pero uno de los más importantes respecto de su ubicación geográfica y su inmensa biodiversidad.

Así, a bordo del buque Marinero Fuentealba, se emprendió esta aventura, que, a la vez, resulta un privilegio. La tripulación tiene como destino esta zona subantártica que se presenta única y endémica, respecto de muchas de sus especies de flora y fauna y también de sus accidentes geográficos.

El archipiélago de las islas Diego Ramírez se encuentra a unos 100 kilómetros al suroeste del cabo de Hornos y a 93 km al sur-suroeste de las islas Ildefonso, en el Paso Drake, y a unos 790 km al nornoroeste de las islas Shetland del Sur (Antártica).

Este conjunto de pequeñas islas e islotes lleva el nombre del navegante español que hizo historia al integrar la expedición de los hermanos Nodales en 1618-1619 (ver recuadro). Estos pequeños territorios terrestres forman parte del parque marino que tiene sobre 144 mil hectáreas. Por su vastedad y por la gran reserva de la vida biológica, se le denominado como un refugio de la biodiversidad.

Dicho concepto se acuñó en 1986 y con él se abarca a un conjunto de especies que poseen características comunes y que comparten un ecosistema determinado. Gracias los estudios y avance de la ciencia, se ha determinado que los países deben proteger la diversidad biológica como uno de sus mayores bienes. Chile cuenta con la Estrategia Nacional de la Biodiversidad 2017-2030 y el Parque Marino Islas Diego Ramírez y Paso Drake fue creado en 2018.

 

Navegación

 

Después de varias horas de navegación, la tripulación del buque Fuentealba llegó al canal Beagle. “De madrugada pasamos por el canal Brecknock, la parte más difícil de pasar porque está abierta al océano y, luego, nos fuimos, a uno de los brazos del canal para llegar a Puerto Williams”, relató Jorge González, uno de los investigadores que integró este viaje.

En su paso, a la altura de Yendegaia hasta Ushuaia, la vista se regocija con paisajes hermosos, montañas nevadas, glaciares y el acompañamiento de muchas aves y ballenas jorobadas. “Eso me impresionó. Además, hay muchísimas aves marinas y un grupo grande de ballenas jorobadas”, indicó.

Desde Williams, el viaje siguió zarpando en la noche hacia el archipiélago Diego Ramírez. “Las islas son mucho más grandes de lo que me imaginé. Vamos sorteándolas hasta iniciar las maniobras de desembarque para ir a la isla Gonzalo, cumpliendo con las labores habituales de la Armada de aprovisionamiento y cambio de rol de la dotación del faro. Toda la maniobra de embarque y desembarque se hace en helicóptero”, hizo ver.

 

Rodeado de aves

 

“Es impresionante porque uno se baja y está rodeado de aves. Muchos caranchos negros que están todo el rato. Los albatros están al lado de la casa de la gente encargada del faro. No hay momento de silencio, todo el tiempo vocalizando las aves, los albatros, los pichones de albatros de la colonia. Los albatros adultos van a alimentarse y los pichones quedan solos en sus nidos, son volantones y -preparándose para comenzar a volar- están estirando las alas y sacándose el plumón, esa pluma finita que cubre a los polluelos. Por eso, están siempre rascándose y, con la ayuda de los papás, sacándose las plumitas de ese plumón. Es una colonia con una gran cantidad de albatros de cabeza gris, que se destacan por su pico negro con borde amarillo arriba a bajo. Ellos se diferencian de los albatros de cejas negras que tienen pico rosado. También hay un ave más pequeñita, como el Churrete austral. Lo interesante que éstas son aves terrestres que están a más cien kilómetros del cabo de Hornos (isla) que está del a 150 o 200 kilómetros del continente”, comenta el investigador.

Como visitantes, son invitados a conocer el faro, instalación que data de 1951, pero que hoy está automatizado y tiene antenas de comunicación y una estación meteorológica. Dentro de los visitantes, había personal de la municipalidad de cabo de Hornos encargada de Turismo y Medioambiente. Con ellos, se recorrió el área y ellos expresaron su interés por participar de la gestión de esa zona. Este recorrido implicó pasar por medio de las colonias de albatros, los que anidan allí porque el sendero está despejado de la vegetación alta que caracteriza a la isla. Entonces, los padres se instalan allí para hacer sus nidos, usando barro y material orgánico que hay en el suelo.

“La vegetación alta no les permite hacer sus nidos y, por eso, aprovechan esa zona y hay que irlos esquivando”, acota el investigador.

Al llegar a la cumbre, se accede a una visión panorámica del sector que permite dimensionar mejor la vastedad del parque marino.

Ya en la playa, los visitantes conocen a otro grupo de aves.  Ejemplares de Carancho negro o Churrete austral se cruzan para ir picoteando en la orilla restos de invertebrados que se depositan sobre las algas que salen a flote. “Están todo el rato escarbando y buscando comida. Hay muchas algas, bosques de macro algas muy densos en todas las orillas de las islas. Un par de ellas son de las especies más comunes, como el huiro y cochayuyo”, comenta.

Y, apacibles, pese a su tamaño y volumen, los visitantes encuentran a un grupo de elefantes marinos. Al menos un macho joven y tres hembras yacen juntos a no más de 50 metros. Las hembras, al verlos, se metieron de inmediato al agua. “El macho nos miró y siguió durmiendo”, refirió el investigador.