Necrológicas

Residencia Comunitaria Vida Austral: un nuevo comienzo entre gestión, proyectos y sueños de vida

Sábado 20 de Septiembre del 2025

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La ex Casa del Samaritano de Punta Arenas, otrora conocida por problemas administrativos, deudas y dificultades en su funcionamiento, hoy vive una transformación marcada por la gestión de la Fundación Chay Austral, que decidió rebautizar el recinto como Residencia Comunitaria Vida Austral. 

“Decidimos el nombre Vida Austral porque Chay en hebreo significa vida, y quisimos proyectar esa identidad. Además, cambiarlo nos permite comenzar de cero, sin arrastrar publicaciones antiguas que vinculaban la residencia a problemas de pagos y deudas”, explica Gabriela Sandoval Díaz, directora técnica y fundadora de la fundación.

El cambio de nombre no fue solo simbólico: implicó reorganizar la administración y los sistemas internos. Hoy la residencia alberga a 14 adultos mayores, con dos de ellos próximos a dejar el hogar hacia nuevas etapas de su vida. La llegada de la fundación significa revisar fichas médicas y sociales, además de organizar al personal, que incluye cuidadores, manipuladora de alimentos, servicio de aseo, enfermera, nutricionista y kinesióloga.

“Desde el primer día dijimos: queremos formar un equipo idóneo. Si alguien no tiene vocación o compromiso con los residentes, le pedimos que se retire. Esto no es un trabajo cualquiera, aquí se construye un hogar”, comenta Gabriela Sandoval. La fundación ha definido contratos hasta fin de año para evaluar y consolidar al personal según su desempeño y dedicación.

Desafíos financieros
y administración

Uno de los principales retos ha sido el financiamiento. Los ingresos estatales recién comenzarán a llegar en diciembre, por lo que la residencia depende de donaciones y apoyo comunitario para cubrir alimentación, medicamentos y necesidades básicas. “Lo más urgente hoy es proteína: carne, pollo, pescado. También artículos de aseo personal y útiles de limpieza”, explica la directora.

En paralelo, la fundación realiza un diagnóstico integral del hogar, incluyendo limpieza de insumos, revisión de alimentos, lo que ha implicado botar productos que estaban descompuestos o caducados, y planificación de menús junto a la nutricionista, para aprovechar al máximo los recursos disponibles y garantizar la calidad de la alimentación de los residentes.

Desde su llegada, la fundación ha buscado fortalecer los lazos con la comunidad. Se ha impulsado la participación de voluntarios, se han establecido contactos con colegios para que apadrinen a los residentes y se proyecta la apertura de redes sociales propias de la residencia, con información sobre actividades, necesidades y oportunidades de colaboración.

Entre las iniciativas más destacadas se encuentra la creación de un grupo musical compuesto por los propios residentes, que ya prepara su primera presentación. La idea es generar espacios de expresión artística y socialización, fomentando la autoestima y el sentido de pertenencia de los adultos mayores.

Historias de vida
en medio de la transición

Uno de los residentes que refleja esta nueva etapa es José Alfonso Cid Rodríguez, de 70 años, quien comparte su experiencia de vida y cómo percibe la nueva administración. José ha enfrentado diabetes tipo 2 y problemas renales, pero mantiene una actitud resiliente y activa.

“Ahora llegó una administración nueva a dirigir esta casa, y gracias a Dios se ve bien. El comienzo es bueno”, comenta, destacando la diferencia que ha traído la fundación. A pesar de su condición de salud, sigue asistiendo a clases y mantiene buen rendimiento académico. 

“Aunque tenga ochenta años quiero seguir estudiando, terminar un técnico en Administración. Hay que soñar. Como le dije la otra vez, gracias al Señor, yo tengo muy buenas notas, porque me he dedicado a esto, al estudio, ando bien, impecable, vestuario bueno. Yo siempre he sido preocupado de mi personal, por el hecho de que la higiene personal es para todos. Sí, no tiene que cuidarse. Sin distinción de clases sociales ni… Hombre-mujer. Pero tú tienes que tener más cuidado, porque la diabetes hay que cuidar la piel. Sí, hay que cuidarla bien.”, afirma con convicción.

A lo largo de su vida, José trabajó desde muy joven. Hoy, lo que más valora es la tranquilidad y la compañía.

“Siempre he luchado por mis hijos, por verlos, ellos ya se las arreglan solos. Seguramente no sabrán que estoy en este lugar, como no vienen… Y bueno, en realidad, ¿qué más le puedo pedir a la vida? Solamente tener tranquilidad”.

José Cid expresó su agradecimiento hacia su colegio, destacando a la directora, al cuerpo de profesores y a sus compañeros de curso por su constante preocupación por su bienestar. Señaló especialmente a su profesora, quien ha estado atenta a sus tareas y nunca le ha puesto problemas para entregar aquellas que no ha podido copiar.

Construyendo
un hogar con futuro

La experiencia de José y sus compañeros refleja la filosofía de la Fundación: un hogar no es solo un espacio físico, sino un lugar de vida, aprendizaje y comunidad. Los primeros meses de operación han permitido ordenar la administración, consolidar la seguridad, iniciar campañas solidarias y proyectar actividades culturales y educativas.

“La residencia no es un espacio frío, es un hogar donde cada persona importa. Aquí se construye dignidad, compañía y la posibilidad de soñar. Historias como la de José nos motivan a seguir trabajando, a pesar de los desafíos administrativos y financieros”, concluye Gabriela Sandoval.

A medida que avanzan los próximos meses, la Residencia Comunitaria Vida Austral busca consolidar su proyecto de cuidado integral, donde la gestión seria, el voluntariado, la educación y las actividades culturales convivan con las historias y sueños de quienes habitan el hogar, transformando lo que antes fue un lugar marcado por dificultades en un verdadero espacio de vida y esperanza.

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