Carta de Osvaldo Soriano a Eduardo Galeano Primera parte
El escritor argentino Osvaldo Soriano nació en 1943 en Mar del Plata, Argentina, hijo único de un matrimonio que deambuló por San Luis, Tandil, Río Cuarto, Cipoletti y Río Negro. Todo ello por el oficio del padre: inspector de obras sanitarias. En la Patagonia, Osvaldo Soriano a falta de otros pasatiempos, se dedica a las carreras de motos, se transforma en un asiduo asistente al cine y se revela como jugador de fútbol (hábil centrodelantero) participando incluso en giras a Chile. El fútbol fue su pasión como jugador y como fanático de San Lorenzo de Almagro; una lesión a la rodilla le impidió seguir jugando.
No terminó la escuela secundaria y de vuelta en Tandil trabajó en una bodega y en la Metalúrgica de la ciudad. En esa localidad tuvo su primer acercamiento con la literatura; leyó a Richard Matheson, Dostoievski, Flaubert, Horacio Quiroga, Roberto Arlt y Julio Cortázar. Permaneció seis años en Tandil, donde se inició en el periodismo en los diarios “El Eco” y “Actividades”. Se trasladó a Buenos Aires, donde se enroló en el semanario “Primera Plana” y luego colaboraría con “Panorama”, “La Opinión”, “El Periodista”, “Semana Gráfica” y “El Cronista Comercial”.
Tras el golpe de estado de 1976, parte al exilio radicándose en Bruselas y posteriormente París. En 1984, regresó a Argentina y participó en 1987 en la fundación del diario “Página 12”. Murió en 1997 en Buenos Aires. En 1978 se casó en Bélgica con Catherine Brucher y con ella tuvo su único hijo: Manuel, nacido en 1989.
Escribió siete novelas y un cuento infantil. Sus trabajos periodísticos los publicó en cuatro volúmenes y en forma póstuma se lanzaron otras cuatro recopilaciones de ellos. Prácticamente la mitad de su producción corresponde a sus años en el exilio.
La crítica y la academia fueron, en general, poco amables con Soriano, hecho que no le era indiferente, al punto que incluso afirmó que escribiera lo que escribiese, siempre despertaría “la santa cólera de los críticos”. Los blancos de ataque eran sus temáticas, las tramas, los personajes o sus tratamientos de la realidad argentina. Eso, en la superficie, pues bien sabemos lo que corre bajo el puente respecto de todo autor superventas que despierta -al menos- las suspicacias de críticos, académicos y otros autores. Soriano vendía y vende pues supo captar la esencia de la vida común, con un lenguaje también común, contando las historias pequeñas que tejen una realidad nacional a través de un realismo crítico. Fue revolucionario en cuanto a su poética del relato, diluyendo las fronteras entre géneros, pasando del periodismo a la ficción, rozando incluso la ucronía para -con todo ello- apuntar a la dignidad del ser humano en condiciones generalmente adversas. Por ello Soriano es leído y por ello sigue siendo un éxito de ventas a casi treinta años de su muerte.
Eduardo Germán María Hughes Galeano (conocido como Eduardo Galeano) nació y murió en la ciudad de Montevideo, Uruguay (1940 – 2015). Fue periodista y escritor, su libro más conocido y difundido es “Las venas abiertas de América Latina” (1971) todo un clásico de la historia social de nuestro continente.
Por ahora, diremos que Galeano, hincha del club Nacional de Montevideo, también escribió sobre fútbol: “Todos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos. Jugaba de ocho y me fue muy mal porque siempre fui un “pata dura” terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno”. (Eduardo Galeano, “El fútbol a sol y sombra”, 1ª ed. 1995).
Continuará…




