A 500 años del viaje más épico de la historia de la humanidad
Por María Angélica Dollenz
Hace medio milenio, cinco siglos o quinientos años (1526-2026) sucedió que la carabela San Lesmes estaba al mando de Francisco de Hoces y formaba parte de la expedición de Francisco José García Jofre de Loaísa & Juan Sebastián Elcano (1525) con ruta a las islas Molucas. Entrando la carabela San Lesmes en el estrecho de Magallanes para cruzar del Océano Atlántico al Océano Pacífico el día 14 de enero de 1526 tomó la decisión valerosa el capitán Hoces ante una gran tormenta de dirigir la carabela más al sur polar, más allá del 55° de latitud sur, sobrepasando el cabo de Hoces (toponimia en honor a Francisco de Hoces) que era el acabamiento de la tierra y situándose en el paso de Hoces o posteriormente conocido como Paso Drake entre el futuro cabo de Hornos y las islas antárticas llamadas inicialmente de la Buena Nueva o futuras Shetlands del Sur y la península del continente antártico. Lo que avistó lo bautizó como el fin de la tierra.
“Fin de la Tierra”
Cabe entonces el honor del descubrimiento del paso existente entre los continentes americano y antártico al español al mando de la nave San Lesmes, Francisco de Hoces (españoles, 1526), Sir Francis Drake (ingleses, 1578, más de medio siglo después, unos 52 años) y Willem Schouten (neerlandeses, 1616, casi un siglo después). Este pasaje es una ruta marítima clave en la navegación comercial, militar y civil y fundamental hasta el siglo XIX de la historia de la humanidad, sumo relevante para la oceanografía global. Su apertura hace millones de años permitió la formación de la corriente circumpolar antártica la cual regula el clima mundial y es esencial para el equilibrio ecológico del océano austral al conectar los océanos Pacifico, Atlántico e Indico.
Mar de Hoces u
Océano Austral
Históricamente en cartografía el Mar del Norte era el Océano Atlántico, el Mar del Sur y Oeste era el Océano Pacífico y el Mar del Oriente o del Este era el Indico; pero el navegante Francisco de Hoces descubrió un nuevo océano al que se denominó Mar de Hoces. En las primeras cartografías mundiales se señalaba como el mar de Hoces que comprende el tránsito inhumano donde existe la tempestad con su amplio y apocalíptico menú, con unos fuertes vientos de más de cien kilómetros por hora con sensaciones térmicas bajo cero rozando el cero celsius y olas no menos de quince metros de altura genera una situación de desamparo donde la muerte está más presente que una guerra abierta. El Mar de Hoce, Océano Antártico u Océano Austral (nombre mundial desde 2021), es el quinto océano internacional, posee un área de 21.960.000 kilómetros cuadrados e incluye los mares de Bellingshausen (1820, Rusia); Weddell (1821, Reino Unido); D´Urville (1837, Francia); Ross (1841, Reino Unido); Bruce (1902, Reino Unido); Amundsen (1911, Noruega); Mawson (1912, Australia), Davis (1912, Australia), Guesalaga (1947, Chile). Geográficamente el límite norte del Océano Austral en la latitud 60° Sur; sin embargo, oceanográficamente su límite se encuentra en la llamada Convergencia Antártica o Frente Polar, lo cual forma un anillo irregular alrededor de la antártica entre los 50° y 62°S, variando su posición según las estaciones del año. Una gran importancia del Mar de Hoces es su papel en la regulación del clima global y los patrones meteorológicos.
El Océano Austral es un sumidero natural al absorber una cantidad de dióxido de carbono atmosférico de origen humano. El Océano Antártico también desempeña un papel esencial en la regulación de la salud de otros sistemas oceánicos ya que sus aguas frías impulsan la circulación global. Esta circulación oceánica profunda ayuda a distribuir el calor y los nutrientes por todo el planeta, influyendo en ecosistemas a miles de kilómetros de distancia. Es por ello que reivindicamos como Paso de Hoces el nombre más adecuado del paso entre Sudamérica y la Antártica, en honor al descubridor del actual Océano Austral o Mar de Hoces que era su antigua toponimia mundial; creemos que en justicia le corresponde, conservando de ese modo además el legado hispano, al ser herederos en las pretensiones antárticas chilenas hispanohablantes.
El viaje más épico de la Historia de la Humanidad
El capitán Francisco de Hoces, español, vivió unos 50 años entre 1476 y 1526. Su nave, una carabela de ochenta toneladas, logra atravesar los vientos antárticos que con el tiempo serán llamadas “Los cincuenta furiosos”. Después de este gran descubrimiento épico, sacrifican su vida Francisco José García Jofre de Loaísa, falleciendo el 30 de julio de 1526 y el 6 de agosto de 1526 lo hacía Juan Sebastián Elcano y también cobraba su vida el gran navegante subantártico y antártico Francisco de Hoces.
Después de varios muertos en su tripulación, asume el ilustre cosmógrafo, matemático, cartógrafo, astrónomo y escritor Andrés de Urdaneta y Ceraín, quien perdió a su maestro Elcano, que le había enseñado muchísimo los meses que había sobrevivo a bordo. Y no solamente sobre náutica y cosmografía sino a también a observar, y tomar nota de todo lo que veía: la dirección de las corrientes marinas, la dirección e intensidad de los vientos, la composición de las algas, el comportamiento de las aves e incluso el ritmo de las olas. Esto se vio reflejado en su obra literaria “La relación escrita y presentada al emperador por Andrés de Urdaneta de los sucesos de la armada del comendador Loaísa”. Cuando se hallaba enfermo anteriormente el capitán Francisco de Hoces, fue sustituido en la capitanía de la carabela San Lesmes por orden del almirante Loaísa por Diego Alonso de Solís, tesorero general como tripulante de la nao “Santa María de la Victoria”.
El 1 de junio de 1526 se inició otra gran tormenta que dispersó de nuevo a la flota de Loaísa. Diego Alonso de Solís intentó regresar a España por el estrecho de Magallanes pero la San Lesmes empujada por los vientos fue navegando hacia el sur hasta alcanzar los 53°S descubriendo una isla que bautiza como Santa Isabel, para llegar al Mar de Hoces y aún a la isla de Shetland del Sur más allá de los 62° Sur en el Océano Antártico o Austral. Vientos del sur este obligan al capitán Solis a retroceder navegando al norte oeste y sorteando por azar la tendencia habitual de los vientos del oeste en latitudes superiores a los 45°. El avance experimentado hacia el poniente, aconsejaron al capitán de la San Lesmes navegar en demanda de las Molucas, pero los vientos y la deriva los llevaron hasta la costa sur oeste del archipiélago neozelandés.
Se efectuaba de este modo la segunda circunnavegación de todo el globo terráqueo después de la primera Magallanes-Elcano.
En el V Centenario de la circunnavegación de la Expedición Loaísa-Elcano, es indispensable realizar este homenaje a los hombres que llevaron a cabo tal hazaña, así como a los que lo precedieron y los que continuaron acercando unas tierras y mares antes inalcanzables. Un recuerdo de lo que intrépidos navegantes pudieron conseguir cuando no existían rutas, mayor tecnología y todo era desconocido, sin importarles los peligros a los que tuvieron que enfrentarse. El viaje más épico de la historia de la humanidad presente en los seis continentes de Europa, América, Antártica, Africa, Asia, Oceanía hace cinco siglos.




