Inserción pagada: Una representación que nadie otorgó
El domingo 17 de mayo, El Magallanes publicó en su página de opinión una columna firmada por Juan González Álvarez con el título de “Presidente de la Confederación Indígena Kawésqar”. En ella se ataca a las ONG ambientalistas, se defiende la expansión de la industria salmonera y se usa el lenguaje de la soberanía territorial para avalar los intereses de quienes operan en nuestro maritorio. Como Comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar, tenemos el deber de responder. No porque nos sorprenda: esta operación la conocemos hace tiempo. Sino porque no podemos permitir que se hable en nombre del pueblo Kawésqar sin que nadie lo haya autorizado.
La Confederación Kawésqar no es una organización nueva en esencia. Es la misma Comunidad Ancón Sin Salida —ya denunciada públicamente por arrogarse la representatividad del pueblo— que ahora emerge con otra denominación, sumando a otras comunidades bajo el liderazgo del mismo personaje de siempre. Este hecho no es una apreciación nuestra: la Contraloría General de la República instruyó una investigación por estas mismas conductas y ordenó a las autoridades abstenerse de recibir a estas personas como representantes del pueblo Kawésqar.
La columna publicada en este medio no deja dudas sobre a quién sirve esta representación. Con precisión notable, replica el argumentario de la industria salmonera: las ONG ambientalistas como enemigo ideológico, el desarrollo productivo como imperativo regional, la necesidad de “certeza regulatoria” para las empresas. Son los mismos argumentos que el presidente de la Asociación de Salmonicultores expuso ante el Senado en abril, los mismos que resonaron en el AquaForum Patagonia, los mismos que el Subsecretario de Pesca usó para justificar las modificaciones a la Ley Lafkenche. Que ahora aparezcan firmados como voz indígena Kawésqar no los hace más legítimos. Los hace más graves.
Lo más revelador es el lenguaje que elige la columna. Dice que “el futuro de nuestras aguas y de nuestra región lo debemos decidir quienes habitamos y resguardamos este territorio”. Esa frase es nuestra. Es la misma afirmación que las comunidades Kawésqar hemos sostenido durante años de navegación, de solicitudes ECMPO, de procesos de consulta y de planes de manejo que esta misma organización ha saboteado activamente. Apropiarse de esas palabras para defender la expansión de la salmonicultura sobre el maritorio es la forma más sofisticada de borrar a un pueblo: usar su voz para hablar en su contra.
El pueblo Kawésqar no tiene un representante único. Esa es la naturaleza de nuestra organización tradicional: cada comunidad, cada grupo familiar, tiene sus propios voceros y formas de deliberación. Ningún presidente de ninguna confederación puede hablar por todos nosotros. Lo que sí puede hacerse —y lo que hemos hecho— es que varias comunidades alcemos la voz juntas cuando alguien distorsiona nuestra historia para favorecer intereses ajenos. La denuncia pública que hemos suscrito junto a la Comunidad Kawésqar At’ap, la Comunidad Kawésqar Residentes en Río Primero y la Comunidad Kawésqar Aswal Lajep es exactamente eso: una afirmación colectiva de quiénes somos y quiénes no nos representan.
Instamos a los medios de comunicación, a las autoridades regionales y nacionales, y a las instituciones que trabajan con el pueblo Kawésqar —universidades, centros de investigación, organismos de restitución de restos de nuestros ancestros— a verificar con quiénes están dialogando antes de otorgar representatividad. La Contraloría ya se pronunció. La historia del pueblo Kawésqar no se negocia en columnas de opinión ni en cartas a delegadas presidenciales. Se defiende en el maritorio, con las comunidades que llevamos siglos navigándolo.
Comunidad Kawésqar Grupos Familiares Nómades del Mar
Comunidad Kawesqar Atap
Comunidad Kawesqar Aswal Lajep
Comunidad Kawésqar Residentes en Rio Primero




