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El fútbol y los conjuros

Por Jorge Abasolo Jueves 25 de Junio del 2026

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En medio de la fiebre mundialera, no me puedo sustraer a esta suerte de embrujo, de manera que algo diré acera del fútbol.

En el “peloteo” pasa de todo. Ejemplos…

Muchos jugadores entran a la cancha con el pie derecho y haciendo la señal de la cruz. También hay quienes se van directo al arco vacío y hacen un gol, o besan los postes.

Con frecuencia se ve que el jugador lleva medallita al cuello, y atada a la muñeca, alguna cinta de protección mágica.

El arquero argentino Amadeo Carrizo llevaba ocho partidos con su valla invicta, gracias -según él- a los poderes de una gorra que tenía puesta a sol y sombra. Aquella gorra exorcizaba a los demonios del gol. Cierta tarde, Angel Clemente Rojas, jugador de Boca Juniors le robó la gorra. Despojado de su talismán, Carrizo recibió dos goles, y River Plate perdió el partido.

En sus albores, en el balompié participaban equipos compuestos por 27 jugadores, distribuidos en tres líneas, que hasta podían emplear las manos y los pies para golpear la pelota

Antaño, cuando el fútbol comenzó a masificarse, solía dejar un tendal de víctimas, pues había nacido el fanatismo.

Se disputaba en montoneras, y no había límite de jugadores, ni de tiempo ni de nada. Un pueblo entero pateaba la pelota contra otro pueblo, empujándola a patadas y a puñetazos hacia la meta, que por entonces era una lejana rueda de molino. Los partidos se extendían a lo largo de varias leguas, durante varios días, a costa de varias vidas.

Los reyes prohibían estos lances sangrientos. En 1349, Eduardo III incluyó al fútbol entre los “juegos estúpidos y de ninguna utilidad”, y hasta se dictaron Edictos (Ordenanzas) contra el fútbol firmados por Enrique IV en 1410 y Enrique VI, en 1547.

Sin embargo, como suele ocurrir en todo orden de cosas, mientras se le prohibía, más se jugaba, lo que refrendaba el poder estimulante de las prohibiciones.

Hacia el año 1592, en su “Comedia de errores”, Shakespeare recurrió al fútbol para formular la queja de un personaje:

– Ruedo para vos de tal manera… ¿Me habéis tomado por pelota de fútbol? Vos me pateáis hacia allá y él me patea hacia acá. Si he de durar en este servicio, debéis forrarme en cuero.

Y unos años el propio Shakespeare, en su obra “Rey Lear”, el conde de Kent insultaba de la siguiente manera:

– Tú, ¡despreciable jugador de fútbol!

En Florencia, el balompié se llamaba calcio, como se llama todavía en toda Italia.

Algo que muchos ignoran es que el genial inventor y pintor Leonardo Da Vinci era un hincha furibundo del fútbol, mientras que Nicolás Maquiavelo llegó a practicarlo con gran entusiasmo.

EN LA SANTA SEDE…

Una gran multitud acudía a presenciar los partidos, que se celebraban en las plazas más amplias y hasta sobre las aguas congeladas del Arno. Lejos de Florencia, en los jardines del Vaticano, los Papas Clemente VII, León IX y Urbano VIII solían arremangarse las vestiduras para jugar al calcio.

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