La hoja de ruta del Agro
Toda autoridad que asume una responsabilidad pública enfrenta una disyuntiva recurrente, dada por dedicar años a diagnosticar problemas o comenzar a construir soluciones. La afirmación del seremi de Agricultura, Juan Ignacio Cavada, de que “ya pasamos la etapa de diagnóstico” constituye una declaración de intenciones que merece atención, especialmente en una zona donde la ganadería y la agricultura enfrentan desafíos históricos que requieren respuestas concretas.
Las prioridades anunciadas no son menores. El combate al abigeato, el control de los perros baguales, el fortalecimiento de la agricultura familiar campesina y el desarrollo de nuevos mercados para la carne de guanaco son materias que durante años han sido objeto de preocupación por parte del sector productivo.
Particularmente relevante resulta el reconocimiento del problema de los perros baguales. Durante demasiado tiempo, las pérdidas ocasionadas por estos animales han sido percibidas como una dificultad inevitable de la actividad ganadera. Sin embargo, los testimonios de productores y la magnitud de los daños demuestran que se trata de una amenaza real para la sustentabilidad económica de muchos predios. Que el tema se instale como una prioridad regional es un paso necesario.
También es positivo que se busque enfrentar el abigeato desde una perspectiva interinstitucional. La experiencia demuestra que estos delitos no pueden abordarse únicamente desde la fiscalización policial. Requieren coordinación entre organismos públicos, persecución penal efectiva y mecanismos que dificulten la comercialización ilegal de animales y productos derivados.
Más innovadora aparece la apuesta por potenciar el consumo de carne de guanaco. La idea de transformar un producto tradicionalmente asociado a nichos gastronómicos en una alternativa habitual para los hogares magallánicos abre una discusión interesante sobre identidad territorial, diversificación productiva y aprovechamiento sostenible de los recursos disponibles.
No obstante, la verdadera medida del éxito no estará en la cantidad de proyectos anunciados ni en las buenas intenciones expresadas. Estará en la capacidad de traducir esas prioridades en resultados verificables. Los productores necesitan menos diagnósticos, pero también necesitan menos anuncios y más soluciones concretas.
Magallanes requiere políticas que permitan fortalecer la competitividad de sus sectores productivos, incorporar tecnología, enfrentar los efectos del cambio climático y reducir brechas históricas en el mundo rural. Si las iniciativas actualmente en carpeta logran avanzar en esa dirección, la región dará un paso importante.
Porque, efectivamente, llega un momento en que los diagnósticos deben dar paso a la acción y ese momento parece haber llegado para la agricultura y la ganadería magallánicas.




