Necrológicas

Suicidios en Magallanes

Por Marcos Buvinic Domingo 28 de Junio del 2026

Compartir esta noticia
0
Visitas

El domingo pasado me referí a la compleja situación del ingreso de niños haitianos en situaciones poco claras y sin noticias de su paradero. La investigación está en curso y ya despejó dos preguntas terribles: al parecer, no se trata de un tráfico masivo de personas, y también despejó otra sombra tenebrosa de nuestra historia, que no hay desaparición de personas con participación de agentes del Estado. Esperamos que la investigación siga dando luces sobre lo que parece ser un gran desorden administrativo, falta de coordinación entre los entes involucrados y eventuales acciones ilegales de algunos funcionarios.

Pero, el mismo domingo pasado, nos estremeció una noticia ante la cual casi nadie quedó indiferente: hasta este mes de junio, nuestra región de Magallanes registra 18 suicidios, que es casi la cantidad total de suicidios (19) que hubo en el 2025. Los casos más recientes se concentran en jóvenes y, también, en adultos mayores.

Quisiera compartir algunas reflexiones desde mi limitada experiencia en estas situaciones, y desde el contacto con familiares de quienes se han suicidado. En nuestra región es bien conocido el trabajo y la preocupación de los profesionales de la salud mental por esta situación, y es algo que muchas personas agradecen; pero también es necesario que, como sociedad, vayamos más allá de registrar la información estadística y se abra una conversación social sobre el tema.

El suicidio es un suceso devastador, tanto para quien fallece como para su entorno. El suicidio nos deja sin palabras, impotentes, llenos de preguntas y con una pena llena de frustración y fracaso. ¿Por qué ocurrió?, ¿qué pudimos hacer y no hicimos para evitar este fracaso?, ¿cómo no nos dimos cuenta? ¡Cuánto dolor hay detrás de cada suicidio! Por eso es importante conversar sobre el tema, porque el silencio y los tabúes no ayudan.

Quizás, puede ser una salida fácil reducirlo todo a un problema de salud mental de quienes se suicidan, y así no mirar los condicionamientos sociales de la salud mental: el respeto y acogida a cada persona, condiciones de vida dignas, compañía en la soledad, un horizonte de vida con sentido y posible. Es necesario percibir que también es un problema social y cada suicidio es un fracaso de la sociedad. Por ejemplo, en Latinoamérica, entre los jóvenes de 15 a 19 años el suicidio está entre las primeras cinco causas de muerte, y por cada suicidio dicen que hay entre 20 y 30 intentos. ¿No es eso un fracaso de lo que estamos ofreciendo a los jóvenes?

Vivimos en una “sociedad líquida”, poco consistente, donde todo es transitorio y efímero, desde las relaciones personales hasta los valores culturales, y esa “liquidez” genera inseguridad y desarraigo, afectando profundamente la estabilidad emocional de las personas. En la “sociedad líquida” el dolor ajeno se vuelve invisible y no queda espacio para la compasión. Además, la “sociedad líquida” vende un modelo de “felicidad” superficial, constante y sin matices, que no tiene en cuenta la complejidad de la existencia y somete a la presión de alcanzar los niveles de “felicidad” estandarizados por el bienestar; así, al no poder acceder a esos estándares inalcanzables, muchos jóvenes se sienten fracasados y culpables, aumentando su sufrimiento y vulnerabilidad ante conductas suicidas. ¿Qué le estamos ofreciendo a los jóvenes?, ¿qué sentido les proponemos para sus vidas? 

Cada suicidio es único, porque única es esa persona y únicas son sus circunstancias personales, pero hay una pregunta que acompaña a la mayoría de los familiares de quienes se han suicidado: ¿qué pasa con la persona que se suicidó, Dios lo habrá perdonado? El Señor Jesús nos ha mostrado quién es Dios y cómo actúa, y podemos decir que no hay nada que perdonar y sí mucho que acoger y consolar en el abrazo del Padre Dios a sus hijos suicidas que tanto han sufrido.    

Por todo esto, también es importante despejar el error de quienes piensan que hablar del suicidio incita a cometerlo; al contrario, hacerlo sin juicios y con empatía evita el aislamiento y abre caminos de salida de las prisiones interiores para no ceder a la desesperación, ayuda a ver que la vida siempre vale la pena ser vivida y que sigue habiendo sentido y belleza, aun en medio del sufrimiento y el dolor.

Hace unos meses, el Papa León invitó a orar “para que quienes luchan con pensamientos suicidas encuentren el apoyo, el cuidado y el amor que necesitan en su comunidad, y se abran a la belleza de la vida”, y oraba diciendo: “Señor Jesús, danos a todos un corazón atento y compasivo, capaz de ofrecer consuelo y apoyo, también con la ayuda profesional necesaria a quienes viven en la oscuridad y la desesperanza. Que sepamos estar cerca con respeto y ternura, ayudando a sanar heridas, construir lazos y abrir horizontes”.

Pin It on Pinterest

Pin It on Pinterest