Necrológicas

Rigoberto Maldonado Bórquez

Multitudinaria peregrinación en Barranco Amarillo

Tejiendo historias entre fe y redes: la procesión de San Pedro

Martes 30 de Junio del 2026

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La imagen de San Pedro volvió a reunir a la comunidad pesquera en una jornada donde la fe nuevamente congregó a las familias. Desde temprano, pescadores artesanales, trabajadores y sus familias comenzaron a ingresar a la caleta Barranco Amarillo para participar de la misa presidida por el sacerdote Fredy Subiabre, una instancia marcada por el recogimiento, las oraciones por quienes continúan navegando y el recuerdo de aquellos que no regresaron del mar.

Terminada la eucaristía, la comunidad acompañó la tradicional procesión en honor a San Pedro, una de las expresiones religiosas más arraigadas entre quienes viven de la pesca artesanal, que en esta oportunidad fue acompañada por la banda de la Tercera Zona Naval. En ese recorrido se mezclaron la devoción, la memoria y la cotidianidad de un oficio donde cada salida al mar implica incertidumbre. Fue en ese mismo contexto donde también se realizaron reconocimientos a dos pescadores de extensa trayectoria, Juan Vera Leiva y José Dagoberto Parancán, aunque la jornada terminó siendo mucho más que un homenaje.

Tras décadas de trabajo, Juan Vera Leiva recibió el reconocimiento con emoción visible. En la caleta lo conocen como “el Tata de la caleta”, un nombre que resume años de convivencia con sus compañeros y una vida entera vinculada al trabajo en el mar.

Su historia comenzó cuando tenía alrededor de 16 años, siguiendo un camino que lo llevó desde las faenas hasta el trabajo actual en el terminal pesquero. En ese recorrido, el mar fue también escenario de pérdidas y despedidas. “Uno sale y no sabe si va a volver, porque el mar es traicionero”, afirmó, recordando a compañeros y personas cercanas que quedaron en el camino. “Tengo mucha gente, compañeros de año, que yo quería y se fueron, no volvieron más”, manifestó. Pese a ello, sostuvo que su vida ha estado marcada por el oficio. “Doy gracias a Dios, al mar igual, por todo lo que he tenido, porque lo he tenido todo por la pesca artesanal”.

José Dagoberto Parancán también fue parte de la peregrinación de San Pedro. Además de recibir un reconocimiento por su trayectoria, es parte de quienes cada año sostienen la organización de la festividad, una responsabilidad que se mantiene pese a la reducción de quienes participan activamente.

Su vínculo con la pesca comenzó en la infancia, cuando se incorporó muy joven al oficio, impulsado por su familia. Con el paso de los años, esa experiencia temprana dio forma a una vida marcada por el trabajo en la caleta y el contacto directo con las embarcaciones.

La dureza de la actividad, manifestó, es parte inseparable de esa trayectoria. El sacrificio, la incertidumbre y las largas jornadas en el mar forman parte de una realidad que se asume desde los primeros años y que, con el tiempo, se transforma en una forma de vida.

Desde otra perspectiva de la actividad, Pablo Mora Alvarado participó por primera vez de la celebración de San Pedro, esto porque asumió como operador de maquinaria y encargado de muelles del terminal pesquero. Su labor está vinculada al movimiento de embarcaciones que ingresan con desperfectos, al apoyo en las maniobras de varado y a las tareas de mantenimiento del recinto. Su relación con el mundo pesquero, sin embargo, viene de años anteriores y es por eso que fue parte de esta celebración.

Una mujer devota

Otra de las asistentes fue Margot Guajardo Candia, quien siempre es parte de esta eucarístía. Y, es que su esposo Cristián Hueicha trabaja en la pesca y este lunes 29 de junio se encontraba navegando en altamar en medio de un fuerte temporal.

“Venimos siempre a la fiesta de San Pedro. La lancha tiene un San Pedro también y le prenden su velita todos los días”, relató, describiendo una devoción que se mantiene presente en la vida cotidiana de muchas familias de pescadores. También señaló que suelen llevar flores y encender velas como parte de una tradición de protección antes de cada salida.

“Mi marido en este momento va navegando y te digo que está fuertísimo el temporal afuera”, relató al referirse a las condiciones del mar, reflejando la incertidumbre que acompaña a quienes dependen directamente de la actividad pesquera.

Entre la misa presidida por el padre Fredy Subiabre, la procesión que volvió a reunir a la comunidad y los reconocimientos entregados durante la jornada, la celebración de San Pedro se fue transformando en un espacio donde la fe y la vida cotidiana se cruzan sin distinción. Las historias de Juan Vera Leiva, José Dagoberto Parancán, Pablo Andrés Mora Alvarado y Margot Guajardo Candia dieron forma a un mismo relato colectivo, donde el mar aparece como trabajo, memoria y también como una espera permanente.

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