Cuando la universidad sale al encuentro: aprendizaje entre generaciones en una sociedad que envejece
Chile está envejeciendo y Magallanes no es la excepción, el aumento sostenido de la población mayor plantea importantes desafíos sociales, sanitarios y culturales, pero también una oportunidad para construir comunidades más inclusivas y fortalecer los vínculos entre generaciones. En este escenario, las universidades tienen una responsabilidad: abrir sus puertas, salir al territorio y conectar el conocimiento con las personas y sus experiencias.
Los proyectos intergeneracionales representan una valiosa oportunidad para ello, cuando estudiantes universitarios y personas mayores se encuentran, ocurre algo que va mucho más allá de una actividad comunitaria. Se genera una experiencia de aprendizaje mutuo, donde ambas generaciones tienen mucho que enseñar y mucho que recibir. Estos espacios permiten derribar estereotipos, combatir el edadismo y comprender que el envejecimiento no es sinónimo de dependencia, sino una etapa de la vida llena de experiencias, historias y saberes.
Para las personas mayores, participar en estas iniciativas favorece la participación social, fortalece las redes de apoyo y contribuye al bienestar emocional y cognitivo. Desde la Fonoaudiología, sabemos además que la comunicación es un pilar fundamental para la calidad de vida, conversar, compartir recuerdos, narrar experiencias y mantener vínculos significativos estimula el lenguaje, la memoria y la participación comunicativa, elementos esenciales para un envejecimiento saludable.
Además, los beneficios son bidireccionales. En una época marcada por la inmediatez y las relaciones virtuales, el encuentro con las personas mayores permite a los estudiantes desarrollar competencias humanas: empatía, escucha activa, sensibilidad social y comprensión de las distintas trayectorias de vida. Cada historia compartida se convierte en una fuente de aprendizaje sobre resiliencia, adaptación y construcción de comunidad.
La universidad tiene la capacidad de convertirse en un puente entre generaciones. A través de experiencias de Aprendizaje y Servicio, los estudiantes aplican sus conocimientos en contextos reales, y también descubren que las comunidades poseen saberes y experiencias que enriquecen profundamente su formación profesional y humana. Como académica de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad de Magallanes, he tenido el privilegio de promover y ser testigo de estos encuentros, he visto cómo estudiantes descubren en las personas mayores una fuente invaluable de sabiduría y afecto, y cómo mujeres y hombres mayores vuelven a sentirse escuchados, valorados y acompañados. Son experiencias que dejan aprendizajes para todos, pero también momentos que reconfortan el alma. En tiempos en que pareciera que las diferencias generacionales nos separan, estos encuentros nos recuerdan justamente lo contrario: jóvenes y personas mayores tienen mucho que ofrecerse mutuamente: los primeros aportan energía y nuevas miradas; los segundos, experiencia y memoria. Cuando ambos mundos se encuentran, todos ganan. Porque cuando la universidad sale al territorio, no solo entrega conocimientos; también recibe humanidad. Y quienes hemos tenido la fortuna de presenciar estos encuentros sabemos que, además de aprendizajes y beneficios, dejan algo difícil de medir, pero imposible de ignorar: la certeza de que compartir con otros siempre hace bien al alma.




