Invertir en el campo
Cuando se habla del desarrollo de Magallanes, con frecuencia la atención se concentra en grandes proyectos vinculados a la energía, la minería, la pesca o el turismo. Sin embargo, existe un sector que, aunque menos visible, resulta estratégico para el presente y el futuro de la región: la agricultura familiar campesina.
La inversión de más de 212 millones de pesos destinada a fortalecer la infraestructura productiva de pequeños agricultores, a través del convenio entre el Gobierno Regional e Indap, puede ser una cifra relativamente menor si se la compara con los millonarios montos que se barajan en los otros sectores.
Pero, ello constituye una buena noticia precisamente porque apunta a resolver una de las principales limitaciones que enfrenta la producción agrícola en esta zona extrema y que van de la mano de las condiciones climáticas.
En una región donde las bajas temperaturas, el viento y la corta temporada de crecimiento dificultan la producción de alimentos, contar con invernaderos modernos, salas de proceso y equipamiento especializado no representa un lujo, sino una necesidad. Estas inversiones permiten extender los períodos de cultivo, mejorar la productividad y ofrecer alimentos locales con mayor regularidad y calidad.
Además, el impacto va más allá del ámbito productivo.
Fortalecer la agricultura regional también significa avanzar en seguridad alimentaria. La pandemia y las dificultades logísticas experimentadas en los últimos años dejaron en evidencia la importancia de contar con una mayor capacidad para producir alimentos cerca de los lugares donde serán consumidos. Reducir la dependencia de productos que recorren miles de kilómetros antes de llegar a la mesa de los magallánicos constituye una ventaja estratégica que la región debe seguir fortaleciendo.
Asimismo, este tipo de programas contribuye a mantener viva la actividad agrícola en sectores rurales, favoreciendo el arraigo de las familias campesinas y generando oportunidades para emprendimientos que incorporan valor agregado a sus productos. No se trata únicamente de producir más, sino también de producir mejor y con mayores posibilidades de competir en un mercado cada vez más exigente.
Por supuesto, la infraestructura por sí sola no garantiza el éxito. Estas inversiones deben complementarse con asistencia técnica, innovación, acceso a mercados, capacitación y políticas públicas que permitan consolidar el crecimiento del sector en el largo plazo. La incorporación de nuevas tecnologías y prácticas sostenibles será tan importante como la construcción de los propios invernaderos.
También será fundamental dar continuidad a este esfuerzo. En años anteriores ya se había dado curso a inversiones en tal sentido y los frutos fueron evidentes.
El desafío es mantener una política permanente de apoyo a la agricultura familiar, entendiendo que su desarrollo requiere planificación y estabilidad más que acciones aisladas.
Magallanes ha demostrado que puede convertir sus condiciones extremas en una ventaja competitiva. Lo ha hecho en la ganadería, en el turismo, en la ciencia antártica y hoy busca hacerlo también en la producción agrícola.




