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Desafíos éticos a setenta años del Colegio de Periodistas de Chile

Por María Verónica Figueroa Domingo 5 de Julio del 2026

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El Colegio de Periodistas de Chile cumple setenta años el próximo 11 de julio. Son siete décadas luchando por el derecho a la información, la libertad de prensa y un periodismo ético que contribuya a una sociedad más justa.

Este nuevo aniversario nos encuentra en un mundo dominado por la inteligencia artificial (IA), omnipotente y omnipresente. Ya no es necesario pensar ni investigar para escribir una buena nota de prensa, un reportaje o una crónica; la IA todo lo sabe y todo lo puede. Sin embargo, como todo progreso humano, presenta desafíos éticos sobre los que debemos reflexionar. Cómo usar estas herramientas de inteligencia artificial sin perder la calidad y la creatividad del buen periodismo es una pregunta ineludible. Si bien es cierto que estos nuevos ingenios tecnológicos, como ChatGPT, Claude o Gemini, ordenan inmensas bases de datos a una velocidad inimaginable hace algunos años; rastrean aviones, mapean la deforestación o cruzan contratos entre gobiernos y empresas en segundos, del mismo modo pueden inventar datos, deformar contextos y reproducir desinformación (Fernández Romeral, 2026). El Papa León XIV llama a “evitar el equívoco de equiparar esta inteligencia a la humana”. Estas nuevas inteligencias, agrega, “no tienen conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias” (Magnifica Humanitas, N° 99).

Otro gran desafío es el creciente flujo de desinformación y noticias falsas. A medida que disminuye la confianza en los medios tradicionales, muchas personas recurren a las redes sociales, donde el periodismo profesional compite con contenidos no verificados y, con frecuencia, engañosos. Las herramientas de IA a menudo se usan para generar contenidos falsos, pero atractivos y convincentes, que desdibujan la línea entre la verdad y la mentira. El contraste riguroso de fuentes se ha vuelto más decisivo que nunca, ya que la automatización hiperrealista y a gran escala dificulta la distinción entre hechos reales y manipulados. A medida que crece la conciencia sobre la facilidad con la que puede alterarse el contenido, aumenta el escepticismo del público y se pone en peligro la credibilidad de la que depende el periodismo (ONU, s.f.). Los modelos de IA no son neutrales y pueden perpetuar sesgos o discriminaciones, lo que obliga a los periodistas a ejercer una vigilancia crítica sobre el contenido que producen o analizan con estas tecnologías (Fundación Gabo, 2026).

No obstante, la IA ofrece herramientas valiosas para los periodistas si se usan con responsabilidad y sentido ético. Tareas que consumen mucho tiempo, como la transcripción, la búsqueda de palabras clave, el análisis de tendencias e incluso la redacción inicial, pueden automatizarse. Esto permite a los periodistas enfocarse en la investigación profunda, la verificación de hechos y la construcción de relatos, que son los pilares del periodismo de calidad. Cada vez más, urge un periodismo preciso, creíble y centrado en las personas. Por lo tanto, apoyar a los periodistas profesionales y a los medios locales es más importante que nunca.

Otro desafío que preocupa es el silenciamiento de ciertas informaciones de interés público por razones económicas, políticas o de otra índole. Por ejemplo, luego de que Estados Unidos iniciara un conflicto bélico contra Irán, los medios de comunicación se olvidaron de los habitantes de Gaza, especialmente de los niños. La grandilocuencia de líderes poderosos y excéntricos, como Trump y Putin, ocupa las portadas de diarios y revistas del mundo, mientras los niños en Gaza enfrentan una crisis humanitaria y existencial catastrófica (Unicef, s.f.).

Avanzado el primer cuarto del siglo XXI, y a setenta años de su creación, el Colegio de Periodistas sigue luchando por el inalienable respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y el bien común.

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