H2V y la transformación que no fue
La decisión de Corfo de reorientar su política de fomento al hidrógeno verde obliga a revisar, con mayor realismo, el relato que durante años acompañó el desarrollo de esta industria. Lo que inicialmente fue presentado como una oportunidad histórica para transformar la economía de Magallanes mediante grandes proyectos de exportación hoy se redefine hacia iniciativas de menor escala, enfocadas en el consumo local y en aplicaciones industriales específicas. El cambio no es menor. En los hechos, supone reconocer que las condiciones que sustentaban aquellas promesas aún no existen.
Nadie puede cuestionar que el mercado internacional ha cambiado. La disminución de las proyecciones de producción mundial, los altos costos, la incertidumbre de los inversionistas y la ausencia de compradores suficientes son factores que han obligado a corregir expectativas en todo el mundo. Adaptar la política pública a ese escenario es razonable. Lo preocupante es que esta nueva estrategia parece responder mejor a la realidad de otras regiones del país que a las características propias de Magallanes.
La región fue concebida como un polo exportador. Su principal fortaleza nunca estuvo en abastecer un mercado interno, sino en producir hidrógeno y derivados a gran escala, gracias a condiciones naturales excepcionales, y enviarlos a los grandes centros industriales del mundo. Esa fue la lógica detrás de los megaproyectos anunciados, de la planificación territorial y de las inversiones en infraestructura que comenzaron a discutirse.
Hoy Corfo plantea que el foco estará puesto en desarrollar demanda nacional, generar cadenas de valor locales y promover proyectos de menor escala. Sin embargo, surge una pregunta inevitable: ¿es Magallanes el lugar más adecuado para una estrategia basada en el consumo interno?
La respuesta merece un análisis crítico. La región tiene unos 167 mil habitantes y un tejido industrial reducido. Su demanda energética e industrial dista enormemente de la existente en zonas mineras, portuarias o manufactureras del norte y centro del país. Incluso si toda la industria regional incorporara hidrógeno verde, difícilmente alcanzaría una escala que justificara inversiones comparables con las que originalmente se proyectaban.
Existe, entonces, el riesgo de que el nuevo enfoque termine reduciendo o, derechamente, eliminando las aspiraciones para Magallanes. En lugar de una industria exportadora capaz de generar miles de empleos e impulsar una transformación estructural de la economía regional, podrían desarrollarse proyectos mucho más acotados, con impactos positivos, pero significativamente menores que las expectativas que se generaron durante los últimos años.
La decisión de poner término anticipado al Centro Tecnológico NEMa refleja, además, que el calendario original de desarrollo ya no es sostenible. Aunque Corfo enfatiza que no responde a problemas de gestión, sino al cambio del contexto internacional, el hecho confirma que el ritmo esperado para la consolidación de esta industria será bastante más lento de lo que se anunció.
Hablar con franqueza es reconocer que una estrategia basada principalmente en el consumo local parece difícil de conciliar con la realidad económica de la región. Hablar con franqueza es asumir que Magallanes no será el epicentro de una revolución energética mundial.




