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Lo bueno, lo malo y lo feo del Carnaval en sus 30 años

Miércoles 8 de Julio del 2026
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Tras apagarse el sonido de los tambores, terminar las danzas de inspiración brasileña y guardarse los coloridos trajes, llegó el momento de analizar lo bueno, lo malo y lo feo de la trigésima versión del Carnaval de Invierno de Punta Arenas, una celebración que volvió a convocar a miles de personas en la Avenida Costanera del Estrecho.

Esta edición tuvo una mística distinta a la de años anteriores. El alto número de carros alegóricos inscritos, la conmemoración de los 30 años de la festividad y una polémica decisión que, por momentos, amenazó con tensionar una fiesta concebida para reunir a los magallánicos y llevar un poco de color a los meses más fríos del año, marcaron el desarrollo del evento.

No cabe duda de que el Carnaval de Invierno ya no es el mismo de décadas pasadas. Hace años dejaron de ser parte del espectáculo la nieve, los fuegos artificiales y las imágenes de los carros alegóricos desfilando frente a la Plaza Muñoz Gamero, uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos del país, rodeada de sus tradicionales edificios históricos.

Sin embargo, el evento sigue teniendo aspectos destacables. Uno de ellos es el enorme esfuerzo que realizan batucadas, comparsas y murgas para presentarse con elaborados vestuarios y puestas en escena de alto nivel. Detrás de cada presentación existe un trabajo que, en la mayoría de los casos, es financiado con recursos propios, complementados, en algunos casos, con subvenciones municipales. A ello se suma que los premios entregados por el municipio tienen un carácter más simbólico que económico.

También resulta significativo que, con excepción de Asmar, Enap y Espacio Urbano Pionero, la mayoría de los participantes corresponden a establecimientos educacionales, juntas de vecinos, agrupaciones culturales, conjuntos musicales y otras organizaciones sociales, lo que mantiene el sello comunitario de la actividad.

Especial reconocimiento merece el esfuerzo realizado por las estudiantes del Liceo María Mazzarello de Puerto Natales. Su participación estuvo en duda hasta último momento debido a los altos costos de traslado y alojamiento que implica viajar desde Ultima Esperanza para ser parte del desfile.

En cuanto al nivel artístico de las presentaciones, resulta difícil formular críticas. Hubo propuestas para todos los gustos, con comparsas, batucadas, murgas y carros alegóricos que demostraron creatividad, dedicación y meses de preparación, contribuyendo al éxito de una de las celebraciones más esperadas del invierno magallánico.

Aunque no figuraron entre los ganadores, hubo comparsas y carros alegóricos que también merecen un reconocimiento por la calidad de sus propuestas. Entre ellos destacó Timbalada do Sur, que llevó al desfile una colorida puesta en escena inspirada en la tradicional celebración mexicana del Día de Muertos. También sobresalió el jardín infantil Girasol, cuyo carro alegórico, basado en personajes del universo Disney, cautivó especialmente al público infantil.

Igualmente destacable fue la participación de los jóvenes músicos provenientes de Río Gallegos, Argentina, quienes aportaron ritmo y energía al desfile, así como la agrupación Calfulafquén, de Puerto Montt, que viajó hasta Punta Arenas con una delegación integrada por 32 bailarines, reflejando el carácter cada vez más convocante que adquiere el Carnaval.

Lo malo

Una de las críticas más repetidas por los asistentes consultados durante la cobertura del Carnaval fue la extensa espera entre una alegoría y otra. Si bien la mayoría coincidió en destacar la calidad del espectáculo, también manifestó que los tiempos muertos terminaron por afectar la experiencia del público.

El desfile de las más de 60 alegorías se extendió por cerca de cinco horas en cada jornada. Comenzó pasadas las 17,30 horas y concluyó cerca de las 22,30, tanto el sábado como el domingo.

Precisamente para agilizar el desarrollo del evento, la Municipalidad de Punta Arenas había implementado una serie de modificaciones respecto de años anteriores. Entre ellas, establecer una única transmisión televisiva oficial, reubicar los escenarios instalados por los canales regionales para evitar interrupciones y eliminar las detenciones que tradicionalmente realizaban los medios de comunicación para entrevistar a los participantes. A ello se sumó que el artista invitado se presentó la noche previa al Carnaval y no al término de la última jornada, como era habitual.

Sin embargo, las medidas no lograron reducir los tiempos del desfile. En varios tramos del recorrido, el público observó cómo las comparsas y carros alegóricos avanzaban caminando o permanecían detenidos durante varios minutos a la espera de continuar, en lugar de desarrollar sus coreografías.

Consultado sobre estas críticas, el alcalde Claudio Radonich defendió la organización del evento, señalando que este año participaron cerca de un 20% más de alegorías que en versiones anteriores, lo que inevitablemente incidió en la duración del desfile. No obstante, adelantó que para la próxima edición se evaluarán ajustes, como la instalación de un segundo escenario para la evaluación de los participantes u otras medidas que permitan agilizar el recorrido.

Cabe recordar que cada alegoría debió realizar una presentación de aproximadamente cinco minutos frente al jurado, uno de los factores que también influyó en la extensión de ambas jornadas.

Lo feo

La mayor controversia de esta versión del Carnaval de Invierno no ocurrió sobre la Avenida Costanera, sino en los días previos al evento. A sólo cuatro días del inicio de la fiesta, la Municipalidad de Punta Arenas informó que distribuiría una señal oficial única para todos los canales de televisión. Además, comunicó que los medios que optaran por realizar una transmisión propia podrían instalarse únicamente entre las calles Errázuriz y Roca, sin autorización para efectuar espectáculos o animaciones una vez iniciado el paso de las alegorías.

La decisión generó un inmediato rechazo entre concejales de distintos sectores políticos, quienes sostuvieron una reunión con representantes del municipio para intentar revertir la medida, aunque sin resultados. Posteriormente, los directores de los principales medios regionales también se reunieron con la administración del alcalde Claudio Radonich, instancia que igualmente concluyó sin acuerdo.

Como consecuencia de este conflicto, ITV Patagonia decidió no transmitir el Carnaval, dejando a una parte importante de la audiencia sin la cobertura televisiva que tradicionalmente acompañaba la celebración.

La polémica terminó instalándose como un tema paralelo al desarrollo del Carnaval y, para muchos, empañó innecesariamente una fiesta que pertenece a toda la comunidad. Diversas fuentes al interior del municipio señalaron que la demora en comunicar la medida respondió a que el financiamiento para la producción televisiva no estuvo asegurado hasta último momento, recursos que finalmente fueron aportados por empresas privadas.

Más allá de las razones administrativas, el episodio evidenció una deficiente gestión comunicacional. La controversia pudo haberse evitado con una planificación y una comunicación más oportuna, especialmente considerando que, en la práctica, la implementación de la señal oficial tampoco se tradujo en una disminución de los tiempos de espera entre las alegorías, uno de los principales objetivos que perseguía la medida.

Pese a la decisión de uno de los medios de comunicación de no transmitir el evento, el Carnaval logró una amplia difusión. Entre los canales regionales, medios digitales y plataformas en redes sociales que sí optaron por emitir la señal oficial proporcionada por la Municipalidad de Punta Arenas, la festividad alcanzó una audiencia cercana a las 700 mil personas, según cifras entregadas por la organización.

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