Necrológicas
  • Amador Hernández Bonnaud

“La Odisea”: La ley de los dioses

Domingo 19 de Julio del 2026

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Como si fuera el propio Ulises, aquel personaje trágico que atravesó durante años mares y desventuras para llegar, por fin, a las costas de su querida tierra natal, cruza ahora el Estrecho de Magallanes la adaptación cinematográfica de la clásica obra literaria La Odisea, un título que alguna vez fue lectura obligada en los colegios porque, desde allí, se explicaban las grandes civilizaciones e introducía a un mundo de héroes, dioses y monstruos, donde el autor era un tal Homero que nada tenía que ver —o quizás sí— con el de apellido Simpson.

Lo hace de la mano de Christopher Nolan, un director que no pasa piola porque en su filmografía hay para elegir y, aunque en el listado puedan existir unas películas mejores que otras, posee la fórmula para montar un buen espectáculo, combinando calidad con negocio, lo que es bueno porque lleva público a las salas y permite creer que la pantalla gigante aún tiene mucho que decir.

Y entre sus películas hay títulos que ya son inolvidables, aun cuando en sus protagonistas la memoria y el olvido son un tema, como Memento (2000), Interestelar (2014), la premiada Oppenheimer (2023) y la trilogía de Batman con Christian Bale, donde destaca la que, quizás, sigue siendo su obra maestra, Batman: El caballero de la noche (2008), porque, sin perder el sentido del espectáculo, le puso anarquía, oscuridad y una reflexión sobre la eterna lucha entre el bien y el mal.

En La Odisea retoma el rumbo de casi todos sus protagonistas con el relato de Odiseo, líder guerrero que, tras combatir y triunfar en la Guerra de Troya, naufraga durante décadas antes de retornar a su reino, Ítaca, donde lo esperan su hijo Telémaco y su mujer, Penélope, que no lo están pasando para nada bien en su propio hogar, hasta donde llegan hombres que arman fiesta, beben su vino y desean esposarla porque, como bien dice el dicho, “a rey muerto, rey puesto”. Ella se resiste porque, en el amor y en la guerra, Odiseo hay uno solo, y eso lo sabe un fiel sirviente que la acompaña, un perro viejo llamado Argos, que espera a su amo para partir, y un solitario arco que, como la espada Excalibur, un rey sabe quién es digno de empuñarlo.

La película se aborda desde varios tiempos: el presente de Odiseo, ya anciano y, sin saberlo, cautivo, que ha perdido la memoria y, por lo tanto, ignora el tiempo transcurrido y las batallas libradas; y el presente de Penélope y Telémaco, que se niegan a reconocer su muerte mientras soportan las intrigas políticas de quienes buscan ocupar el trono real. Y desde ese presente, a través del relato en boca de otros y del paulatino retorno de la memoria, Christopher Nolan encuentra la excusa para conectar pasado y presente y dar cuenta de la travesía que debió realizar Odiseo en su más que largo regreso a casa.

Y lo hace convirtiendo a Odiseo en un personaje trágico que avanza sin vuelta hacia su destino, donde la explicación más utilizada es “la ley de Zeus”, algo que apenas importa, ni siquiera con la actriz top del momento, Zendaya, interpretando a la diosa Atenea, porque, aun con un solo Dios, la historia seguiría siendo la misma. Y lo que en realidad importa es el sentido de aventura del relato y que esté todo lo que se sabe que tiene que estar, sin importar si así fueron concebidos y leídos: cíclopes, guerreros gigantes, monstruos y, por supuesto, aunque visualmente se sugiera sin mostrar ni escuchar, el canto de doble filo de las sirenas.

Y la fotografía de la película entrelaza tragedia y aventura con un toque de realismo visual que, aunque aumenta la atmósfera dramática, no pierde el sentido del espectáculo y por eso tiene algo del Ulises con Kirk Douglas de 1954, del Luke Skywalker de la saga Star Wars y de la intriga de la serie Juego de Tronos. Y aunque en algunos momentos se le escapan ciertos clichés y lugares comunes que hacen preguntarse si son una forma de reírse de sí mismo, también surge la duda y el temor de que puedan ser algo más que una simple falta de inspiración.

Sin embargo, a pesar de esto, de sus licencias narrativas y de sus casi tres horas de duración, La Odisea es una gran aventura y una experiencia cinematográfica que, como todo el cine de Nolan y asumiendo la premisa del cineasta chileno Raúl Ruiz, confirma aquello de: para qué hacerlo tan simple cuando se puede hacer más complicado.

Pero, sobre todo, porque en el personaje de Odiseo están los personajes —casi siempre masculinos— que han poblado su cine: desde el padre y expiloto que abandona a su familia por un viaje interestelar para salvar el planeta; el incomprendido científico Oppenheimer, que descubre cómo destruirlo todo; hasta el atormentado millonario que se disfraza de murciélago para hacer justicia. En todos ellos ronda una pregunta que se hacen así mismos: ¿seremos recordados como héroes o villanos?

La Odisea les responde.

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