“Crónica de un mundo que fue” Nicolo Gligo V.
El 17 de septiembre de 1973, seis días después del golpe de estado cívico-militar que dio inicio a una dictadura de diecisiete años en Chile, una patrulla llega hasta un fundo en las cercanías de Rancagua, propiedad de Juan Francisco Lyon. Allí solo se encontraba Amelia, la hija menor del dueño, 18 años y estudiante del último curso de Enseñanza Media. Un oficial le preguntó su nombre y a continuación: “Yo busco a Amalia o Amelia, es lo mismo. ¿Dónde escondes al que le dicen Comandante Horacio, ese extremista marxista-leninista?”.
Amelia sabía que Amalia era la hija del dueño del fundo contiguo, cuyas ideas políticas eran contrarias a la de su conservadora familia integrada además por su madre Guillermina y sus hermanos Javiera y Juan Ignacio. No alcanzó a señalar que podría ser una confusión, recibió un culatazo en la cara y despertó en un calabozo. Allí sufrió las torturas y vejaciones que fueron la tónica de esos regímenes de detención. Esteban Rodríguez, un estudiante de Agronomía, dirigente universitario e hijo de inquilinos del Fundo “Victoria” ocupaba la celda contigua, Amelia contó desde el principio con su apoyo, de ahí a la amistad y al amor hubo solo un paso.
Por intermedio de un conscripto amigo que los cuidaba, Esteban avisa a la familia de Amelia y su padre, que tenía conexiones con gente del gobierno, consigue que la liberen. Pocos días después Esteban logra salvarse de la “ley de fuga” y llega al fundo de la familia de Amelia.
A la pareja no le quedó otra opción que el exilio, Amelia rompe con su familia y su pasado, adquiere convicciones políticas, ambos perfeccionan sus estudios en el extranjero. Allí supieron de las nostalgias, las recriminaciones mutuas y las diferencias para recuperar la democracia, temas recurrentes en las conversaciones de exiliados.
Amelia y Esteban regresan antes del plebiscito de 1988 que decidía la continuidad de Pinochet en el gobierno. Se integran al trabajo poblacional y con la llegada de la democracia llegó también la decepción por las luchas de poder, ambos se dedican a la docencia e investigación universitaria. Luego de un par de avatares familiares la pareja toma decisiones consecuentes: se van a vivir a una parcela donde adoptan un régimen de casi auto-subsistencia y renuncian a la herencia del padre de Amelia.
“Crónica de un mundo que fue” es una historia de amor, esa es la trama principal que corre en paralelo a la historia del Chile reciente. Nicolo Gligo tiene la habilidad para desarrollar con fluidez y consistencia ambas líneas narrativas: entonces en boca de los protagonistas o mediante un relato en tercera persona sabemos de la Reforma Agraria, la recuperación de la democracia, el cambio climático, el calentamiento global, el daño a los recursos naturales o la mutación de la sociedad desde el sentimiento solidario al individualismo desenfrenado, el hoy por sobre el mañana. Cada paso de la pareja está determinado por los avances, retrocesos y cambios del medio que los rodea.
Pero la trama de esta ”ficción” se desarrolla en un tiempo y un ambiente reales, cuando pensar distinto podía convertir en sospechoso a cualquier habitante de este país. Determinadas orientaciones o filiaciones políticas: socialista, comunista, izquierdista, allendista y otras bastaban para ser estigmatizado de “marxista-leninista”, “extremista” o “terrorista” y se acuñaron los discursos “anti” (anti-comunista, por ejemplo). Estos estigmas y discursos iban quedando en la memoria y el léxico cotidiano y hasta nuestros días —en plena democracia— los leemos o escuchamos de tanto en tanto, con menos fuerza (afortunadamente) que en los tiempos de esta novela cuando tuvieron nefastas consecuencias.
Muchos de los protagonistas de esta historia sufrieron la brutalidad, la violencia y la persecución por razones políticas. Amelia se transforma en víctima de estos delirios ¡por una letra! la “e” por la “a” pues buscaban a Amalia, la novia de un “extremista marxista-leninista” y ese es el comienzo de su calvario personal que da inicio a esta novela.
Ojalá nunca más vivamos en nuestro país sucesos como los relatados en el texto que hoy reseñamos. Esa es una de las lecciones que nos deja “Crónica de un mundo que fue”, la otra es que la trascendencia de la especie humana depende de nosotros mismos, del cuidado de nuestras sociedades y del medio en que vivimos.
Nicolo Gligo Viel nació en 1938 en Punta Arenas, Chile, casado, dos hijos. Ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile, Premio Nacional del Medio Ambiente 2001, tiene más de 150 publicaciones en su área. En literatura, ha publicado poesía, crónica, novela, autobiografía, un libro de cuentos y poesía y uno de fotografías.
“Crónica de un mundo que fue”, Nicolo Gligo. 1ª edición, Ediciones Byblos. Santiago, Chile, 2026, 204 págs.




