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  • – Juana Delfina Trujillo Ojeda

“Minions & Monstruos”: amor por el cine y el caos

Domingo 26 de Julio del 2026

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Cuando llegó el sonido al cine, el ya consagrado director y actor Charles Chaplin se resistió a incorporar esta nueva tecnología a sus películas, pensando que eso acabaría con su global personaje del vagabundo, también conocido como Charlot, y porque, en el fondo, creía que el cine mudo y el gesto aún tenían mucho que decir.

La reflexión le “cae de perilla” a los Minions, estos diminutos y amarillos personajes que se hicieron conocidos por la saga animada “Mi villano favorito” (2010), donde la forma cilíndrica de sus cuerpos, con uno o dos ojos protegidos por lentes tipo binoculares, acompaña su vocación de anarquía y lealtad hacia un amo y señor que tenga las ganas de, como el Guasón de Batman, hacer que el mundo arda.

“Minions & Monstruos” es su séptima aparición en este universo animado y la tercera donde son protagonistas absolutos, tras “Minions: Nace un villano” (2022). El título recuerda al de otra película, “Dioses y monstruos” (1998), que narra los últimos días de quien es considerado uno de los precursores del cine de terror, James Whale, realizador de la primera adaptación cinematográfica de la novela “Frankenstein”, título que, en realidad, corresponde al apellido del científico que busca romper la frontera entre la vida y la muerte, pero que la cultura popular —y el cine— convirtió en el nombre de la criatura, mitad monstruo y mitad humana.

A su vez, dicho título se origina en su secuela, “La novia de Frankenstein” (1935), también dirigida por James Whale, donde la frase es un brindis a la ciencia sin límites ni ética: «Por un nuevo mundo de dioses y monstruos».

Y este tributo al cine se expande desde el título a toda la película, con un relato que parte en la visita turística a un museo de Hollywood, a modo de un Día del Patrimonio en Chile, donde, entre las curiosidades y personajes referentes del séptimo arte —incluido, como humorada, el creador de la saga “Star Wars”, George Lucas—, llaman la atención de los visitantes las figuras de James y Henry, dos criaturas Minions cuya presencia sirve de pretexto para un extenso raccontoen el que se narra, en una primera parte, la odisea y el éxodo de los Minions a lo largo de la historia del planeta en busca de su “líder negativo”.

En medio de ello surge la linda amistad entre James y Henry —quizás una alusión a James Whale y al personaje de Henry Frankenstein—, quienes conectan, por sobre el resto de la manada, en la creación y la irreverencia artística, terminando, por equivocación y fortuna, en el Hollywood de los años veinte, en pleno auge del cine mudo, donde triunfan y encuentran su razón de ser, porque solo deben estar en pantalla, no hablar y hacer lo que mejor saben: sembrar el caos.

Pero esa fortuna se acaba cuando irrumpe el cine sonoro y entonces deben partir nuevamente. Sin embargo, James y Henry, no satisfechos y acompañados de una filmadora, deciden recurrir a la brujería para traer de vuelta a monstruos que les permitan retornar a su etapa dorada en Hollywood. Paralelamente, el resto de la tribu se encuentra con Dort, un robot que predica su intención de dominar el mundo y que recuerda al alienígena de “El día que la Tierra se detuvo” (1951).

“Minions & Monstruos” le da la oportunidad a Pierre Coffin, codirector de la saga “Mi villano favorito” y, a la vez, quien interpreta las voces de todos los Minions, de desplegar un relato que rinde homenaje al cine sin perder la esencia del formato que da sentido a sus protagonistas, caracterizados por gags llenos de acción y velocidad, donde las torpezas se confunden con el desastre que provocan a medida que avanzan en sus propósitos.

En estos tributos, que son un deleite para los fanáticos que disfrutan identificando películas dentro de la película, aparecen imágenes de los propios orígenes del cine, referentes de la etapa muda como Chaplin, Buster Keaton y Harold Lloyd, pero también de clásicos sonoros como “El ciudadano Kane” (1941) y “Tiburón” (1975).

“Minions & Monstruos” entretiene porque da rienda suelta a la versatilidad caótica de los Minions, donde, además del trabajo de animación, existe un relato que, aunque tiene como principal foco al público infantil, también alcanza a jóvenes, adultos y, más específicamente, al espectador cinéfilo.

Y, como las anteriores entregas —y las que seguramente vendrán—, refuerza la idea de que esta tribu de divertidas criaturitas siempre ha sido parte de la historia del mundo y, como bien lo deja claro la maravillosa secuencia inicial de títulos, de la espectacular y, no por eso menos conmovedora, historia del cine.

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