¿Qué está pasando con el anunciado “boom” del hidrogeno verde en Magallanes?
Nelson Muñoz Guerrero
Consultor
El anunciado boom del hidrógeno verde en Magallanes, promovido en múltiples ocasiones por autoridades chilenas de todo el espectro político, aún no se ha materializado en decisiones concretas de inversión.
Si nos retrotraemos al escenario de 2022, Magallanes vivió un gran entusiasmo por el desarrollo del hidrogeno verde, debido, fundamentalmente, al interés de numerosas compañías europeas en acceder a extensas superficies de terreno para instalar parques eólicos que alimentarían plantas de producción de hidrógeno mediante electrólisis.
A diciembre de 2025, la Asociación Chilena del Hidrógeno (H2 Chile) aún registraba 14 proyectos en carpeta, de los cuales ninguno había tomado la decisión final de inversión. Al finalizar el primer semestre del año en curso, ningún proyecto ha tomado la decisión de invertir y sólo tres han presentado estudios de evaluación ambiental.
En estos cuatro años, el contexto global ha cambiado. La urgencia de descarbonizar la economía mundial es mayor que nunca, pero la transición energética está marcada por tensiones geopolíticas y por la competencia entre bloques económicos que buscan posicionar sus propias estrategias y tecnologías.
A nivel global y en Chile, el sector de las energías limpias está creciendo rápidamente. La energía solar y la eólica siguen expandiéndose. La generación de electricidad a partir de fuentes renovables aumentó considerablemente en 2025. Sin embargo, las emisiones globales de gases de efecto invernadero procedentes de la energía, los procesos industriales, la quema de gas y el metano asociado a la producción y distribución de combustibles fósiles alcanzaron un nuevo máximo histórico.
Lo anterior implica que, para finales de este siglo, la atmósfera de nuestro planeta experimentará un aumento de la temperatura media de aproximadamente +2 °C, situación que no ha ocurrido en los últimos dos millones de años. El cambio climático que experimentaremos se debe principalmente al consumo de combustibles fósiles sobre los cuales se ha construido esta civilización y que debemos abandonar en los próximos 50 años. En la búsqueda de alternativas, el hidrógeno y sus derivados, como el amoniaco (NH3), siguen siendo opciones reales.
Sin embargo, reemplazar los combustibles fósiles no es una tarea sencilla. Se están diseñando y probando diversas soluciones, en función de las características de cada industria y de la eficacia de las políticas públicas impulsadas a nivel global para promover la descarbonización y estimular el desarrollo y uso de nuevas opciones tecnológicas.
La Situación Actual
La solución para descarbonizar la economía global requiere acuerdos multilaterales. Sin embargo, desde 2022 hasta la fecha, la economía globalizada ha dejado de ser un dato de referencia y hoy vemos que existen al menos tres grandes bloques con políticas públicas que compiten por consolidar influencias geopolíticas y desarrollar estrategias para posicionar sus propias tecnologías como alternativas a los combustibles fósiles.
A diferencia del escenario de 2022, hoy los intereses geopolíticos están determinando la velocidad a la cual se implementan las nuevas tecnologías y la duración de la transición energética a escala global.
Bajo la presidencia de Donald Trump, el estímulo al desarrollo de tecnologías alternativas a los hidrocarburos -que se suponía se lograría con el fondo de US$369.000 millones asociados a la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) creada por la administración de Joe Biden para acelerar la transición energética en Estados Unidos- ha sido prácticamente desmantelado.
La ley del 4 de julio de 2025, denominada One Big Beautiful Bill Act (ley “Una gran y hermosa ley”), derogó o debilitó la mayoría de los incentivos de la IRA para las energías limpias, y acciones ejecutivas congelaron o cancelaron miles de millones de dólares en fondos relacionados con el clima.
Si se analizan los mercados energéticos o el clima de negocios, el entorno político estadounidense se inclina ahora fuertemente hacia la expansión de los combustibles fósiles en lugar de la aceleración de las energías renovables.
China, por otra parte, continúa fortaleciendo su posición creando y desarrollando tecnologías que le permitan independizarse de los combustibles fósiles.
China ha avanzado rápidamente en tecnologías de sustitución de combustibles fósiles. Para finales de 2026 se espera que China controle más de la mitad de la capacidad mundial de producción de hidrógeno verde, lidere la fabricación de electrolizadores y comience a exportar amoníaco (NH₃) verde a Japón y Corea. Los proyectos a gran escala en Mongolia Interior y otras provincias producen actualmente cientos de miles de toneladas anuales, con objetivos de costos fijados en base a subsidios estatales para que el hidrógeno sea competitivo con los combustibles fósiles para 2030.
En la actualidad, China representa entre el 55% y el 65% de la capacidad mundial de electrolizadores ya instalada o comprometida. Sin embargo, es poco probable que los costos de producción de hidrógeno mediante electrólisis bajen de los US$3,0/kg en los próximos años.
En Magallanes, el interés de europeo quedó reflejado en la visita de 18 embajadores de la Unión Europea en enero de 2025, respaldo político evidente a las compañías europeas que intentan producir amoniaco verde en la región, materia prima básica para la mayoría de los fertilizantes industriales.
El costo de producción de amoníaco en Europa aumentó de forma significativa tras reemplazar el gas ruso por GNL (Gas Natural Licuado) importado: en muchos casos se duplicó, pasando de unos 250–350 US$/t con gas ruso a más de 600–1000 US$/t con GNL, dependiendo del precio spot y los costos de regasificación. Considerando los costos de producción de hidrógeno verde en Europa que se muestran en la Figura 1, producir amoníaco en Magallanes resulta hoy más económico.
Pero la mayoría de las empresas interesadas en desarrollar proyectos en Magallanes están integradas con la producción de turbinas eólicas y/o electrolizadores fabricados en Europa y evalúan sus proyectos en función de un mercado objetivo también europeo. Desgraciadamente, sin subsidios, estímulos fiscales o contratos de compra garantizados por al menos una década, los costos actuales no resultan competitivos
Utilizando tecnologías chinas se podrían lograr costos aproximadamente un 30% menores, pero aún se requiere la demanda europea, cuestión que entra en conflicto con las políticas de industrialización de las principales economías europeas y con las estrategias geopolíticas de los bloques en competencia.
Si asumimos que los proyectos obtienen la licencia ambiental, la decisión final de inversión de cualesquiera de los proyectos en Magallanes, depende de la decisión estratégica de Europa para asegurar contratos de suministro a precios invariables, a uno o más proyectos ubicados en la región y sustituir con ello su dependencia del gas natural para su producción de fertilizantes.
La demanda futura
El transporte marítimo es responsable del 3% de las emisiones de GEI, aproximadamente, y sostiene los fundamentos sobre los cuales se basa la economía global, transportando más del 80% del volumen de carga comercial total del mundo. En comparación con otros medios de transporte de carga, el transporte marítimo es el medio más eficiente que permite el movimiento regional e intercontinental de grandes cantidades de carga. El combustible más usado por esta industria es el fuel-oil pesado (HFO), un subproducto residual de alta viscosidad y densidad, obtenido de la refinación del petróleo.
Para la industria naviera, el amoniaco se considera como una promisoria alternativa para reemplazar los combustibles utilizados por el transporte marítimo y podría ser un vector energético para el 20% del sistema energético mundial.
La Organización Marítima Internacional (Omi) considera el amoníaco como un combustible alternativo prometedor para la industria naviera, aunque sujeto a estrictas normas de seguridad y a un marco regulatorio global. La decisión clave se tomará en noviembre de 2026, en el MEPC 85, donde se votará la adopción del Net Zero Framework. Sin embargo, la incertidumbre geopolítica y regulatoria hace poco probable su aprobación inmediata.
Una encuesta realizada por la Cámara Naviera Internacional (ICS por sus siglas en inglés), reveló que el porcentaje de ejecutivos navieros que creen que el amoníaco se convertirá en un combustible comercialmente viable en los próximos diez años ha disminuido del 31% al 12% este año. La convicción de que el hidrógeno se convertirá en una alternativa viable al fueloil cayó un 18%, hasta el 10% este año.
De acuerdo con esta percepción, los encuestados identificaron el GNL y los biocombustibles como las opciones más viables para la próxima década, seguidas de cerca por el HFO (fuelóleo pesado) combinado con tecnologías de reducción de emisiones y tecnologías de combustible dual que pueden funcionar con combustibles tradicionales y alternativos.
Desafortunadamente, Chile no tiene una base industrial que pueda asegurar una demanda para el hidrógeno producido en su territorio.
¿Dónde estamos
en Magallanes?
En mi presentación pública en el seminario “Magallanes Sustentable: Desafío del uso de la energía eólica para la producción de combustibles sintéticos”, realizada en julio de 2022, señalé que la producción de hidrógeno y amoníaco verde en Magallanes se definiría en, al menos, 10 años. Esa estimación sigue siendo válida.
Los proyectos en Magallanes han pasado con éxito la primera fase de conceptualización. Existen las condiciones para desarrollar una industria asociada a la generación eléctrica eólica y su uso en la producción de combustibles sintéticos.
En Magallanes se ha demostrado la factibilidad técnica para producir y exportar amoníaco (NH3) como el principal producto para reemplazar combustibles fósiles en la producción de fertilizantes y, eventualmente, como combustible en la descarbonización de la industria naviera global.
Podemos concluir, entonces, que los proyectos de Magallanes, en el corto plazo, permanecerán condicionados a decisiones geopolíticas ligadas principalmente a la Comunidad Europea para asegurar suministro de amoníaco para su producción de fertilizantes y, en el largo plazo, a las decisiones globales sobre el uso del amoníaco como combustible alternativo al fueloil en la industria naviera.
Lo anterior no significa que el país deba esperar la maduración de las tecnologías en otras partes del mundo. El diseño de nuestra propia transición energética debe considerar el escenario mundial descrito y, con realismo, avanzar en la sustitución de los combustibles fósiles con proyectos específicos coordinados entre el Estado y el sector privado.
Una estrategia de largo plazo debe orientarse a desarrollar primero la infraestructura necesaria que permita avanzar hacia una transición energética capaz de otorgar al país mayor autonomía geopolítica y ventajas competitivas para un desarrollo sustentable.
En el corto plazo, es urgente la implementación de políticas públicas que permitan el uso de las energías renovables, solar, eólica y geotérmica y desarrollar la infraestructura necesaria para electrificar la matriz de consumo, que hoy representa sólo el 22% del consumo de energía primaria.
Los beneficios del gran potencial eléctrico renovable en Chile, no ha sido transferido a la gente, lo que queda demostrado en la emergencia ambiental vivida por Osorno y los niveles de material particulado (PM2,5) que triplican el umbral de preemergencia en Coyhaique durante Julio. Esto se debe al uso de leña como combustible, que a nivel país representa el 49% del consumo térmico residencial.
El potencial de la energía solar fotovoltaica en Atacama, de la energía geotérmica de los segmentos volcánicos de la cordillera de Los Andes y el potencial eólico de Magallanes, no es suficiente para convertirnos en la Arabia Saudita de las energías renovables.
Contexto global
La transición energética se ha vuelto un terreno de competencia entre grandes bloques económicos. China domina la fabricación de electrolizadores y ha fijado
objetivos de costos para la producción de H2 mediante subsidios estatales; Estados Unidos redujo incentivos clave tras la legislación de 2025; y Europa busca asegurar cadenas de suministro que favorezcan su industria. Estas dinámicas afectan la viabilidad económica de proyectos para producir H2 y NH3 en Magallanes, donde sin contratos de compra a largo plazo, subsidios o estímulos fiscales, los costos no resultan competitivos.




