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Escuchar el corazón

Por Marcos Buvinic Domingo 2 de Agosto del 2026

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He compartido la emoción de jóvenes parejas cuando me cuentan que, en la ecografía, pudieron escuchar los latidos del corazón del hijo que esperan. Es un momento único para acoger la fuerza y novedad de la vida en gestación, un “toc-toc” que estará presente durante toda la vida. Debo reconocer que no imaginaba que ese momento inolvidable pudiera volverse un medio para añadir un dolor igualmente inolvidable a una mujer que está viviendo un sufrimiento difícil de dimensionar.

El proyecto de ley “Escucha su corazón” pretende que, en el marco del proceso para la realización de un aborto según las tres causales de la legislación actual, el médico deba ofrecer a la mujer la posibilidad de escuchar los latidos del corazón del feto y que, si la mujer declina ese ofrecimiento, el médico deba negarse a practicar la intervención.

La ministra de Salud, la ministra de la Mujer y la ministra de Desarrollo Social dijeron que no se iban a pronunciar al respecto. Un silencio que resulta incomprensible de parte de autoridades directamente involucradas en este tema sensible. Se entiende que hay conflictos políticos al interior del gobierno, pues este tipo de proyectos no está en su agenda, según han dicho.

Me acerco al tema acogiendo el don de la vida como el gran regalo que todos recibimos de Dios, un valor primordial que debe ser defendido siempre, y por eso no estoy a favor del aborto. Al mismo tiempo, soy consciente de que vivimos en una sociedad plural, donde no todos comparten este punto de vista y muchas personas están a favor del aborto. Asumo que en nuestra legislación chilena no hay aborto libre, sino que está establecida -como una opción razonada y razonable ante la diversidad de posturas- la posibilidad del aborto en tres causales: peligro para la vida de la madre, embarazo no viable y violación.

El proyecto de ley “Escucha su corazón” afecta a las mujeres cuya vida puede estar en riesgo por el embarazo; a mujeres cuyo embarazo no es viable; o a una mujer (o una niña o adolescente) embarazada como consecuencia de una violación. Diversos especialistas en bioética e instituciones médicas han hecho ver que, en la primera causal, la vitalidad del feto es irrelevante ante la urgencia de la intervención; en la segunda causal, para establecer la inviabilidad del feto ya se han realizado varias ecografías; y, en la tercera causal (violación), lo importante es mostrar la concordancia entre el relato de la mujer y el tiempo de gestación del embrión.

Así, escuchar esos latidos del corazón no aporta nada que la mujer ya no sepa, y ahí queda al descubierto la carga ideológica del proyecto, que manifiesta su carácter inhumano en el daño psicológico –inolvidable- dirigido a quien vive esa compleja situación. ¿Qué producirá en una mujer cuya vida está en peligro y requiere una intervención urgente seguir escuchando toda su vida esos latidos? ¿Qué aportará a una madre que sufre por un embarazo inviable seguir escuchando los latidos que ya escuchó en las ecografías previas? ¿Qué aportará a la sanación de una mujer o una joven que ha vivido el espanto de una violación escuchar latidos que no puede reconocer como los de su hijo?

Como hay quienes dicen “soy cristiano, así que estoy en contra de las tres causales”, es importante aclarar que aun la moral cristiana más tradicional nunca ha considerado que la primera causal -cuando la vida de la madre está en peligro- sea un aborto, pues lo que se busca es salvar una vida y no eliminar otra, produciéndose un doble efecto. Las otras dos causales son discutibles, sobre todo la de la violación, pues la ley actual no exige la obligación de denunciar y, por tanto, no hay investigación ni sanción si el delito efectivamente ocurrió. Todo eso son las vueltas de una ley que puede ser mejorada, pero que no puede imponer una nueva carga de castigo culposo a una situación dolorosa y difícil de imaginar para quienes no la viven.

Me pregunto: ¿a quién hay que escuchar para defender el don de la vida durante toda su existencia? ¿Los autores del proyecto han escuchado las consecuencias en las diversas circunstancias de las afectadas? ¿Quién escucha y acompaña a las mujeres que se encuentran ante la posibilidad de abortar?

Lo más importante es escuchar el propio corazón como antídoto frente a la carga ideológica del tema; escuchar -los creyentes- al mismo Dios de la vida en el corazón, abriendo espacio a la empatía y a la compasión como signos del amor de Dios en nuestra propia vida; y escucharnos todos a la propia conciencia, preguntándonos cómo actuaríamos si estuviéramos en la encrucijada de las mujeres contra las que se ha levantado este proyecto inhumano que, al parecer, no seguirá adelante.

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