“Spiderman: Un nuevo día” Pica’o a la araña
Por Guillermo Muñoz Mieres,
periodista
EE.UU., 2026
En salas de cine de Punta Arenas y Natales
En una escena de la película Golpe a la vida (1997), un viejo líder del Ejército Republicano Irlandés (IRA) atraviesa agujeros en las paredes para un encuentro clandestino que definirá el futuro de Irlanda del Norte en su conflicto histórico con Gran Bretaña. En un momento se detiene ante un niño que apenas repara en su presencia. Le pregunta: “¿Qué miras?”. El niño, sin levantar la vista, le responde: “Spiderman”.
Y es que, si bien superhéroes hay muchos, ninguno, o muy pocos, como este personaje surgido del cómic en los años 60 del siglo XX. Y aunque dicha década se sienta cercana, no lo es tanto. Las aventuras de este adolescente que decide convertirse en un justiciero enmascarado tras adquirir poderes por la mordedura de una araña radiactiva han resistido el paso del tiempo y conquistado a generaciones de niños, adolescentes y adultos, un fenómeno para el que la sociología, la psicología y todas las “ologías” juntas aún están al debe de una explicación.
La prueba fue el miércoles pasado, con salas repletas en el preestreno mundial, incluido Magallanes, de Spiderman: Un nuevo día, cuarta entrega del personaje con el rostro del actor Tom Holland; novena si sumamos las tres que iniciaron el milenio con Tobey Maguire y las dos que siguieron con Andrew Garfield; y hasta undécima si agregamos las dos películas exhibidas a fines de los setenta que, en realidad, eran episodios extendidos de una serie de televisión protagonizada por Nicholas Hammond, quizás demasiado adulto para interpretar a Peter Parker.
Spiderman: Un nuevo día marca el retorno del personaje cinco años después de Spiderman: Sin camino a casa (2021), cinta que dejó una vara demasiado alta porque, con creatividad y astucia, armó una historia que reunió a los tres actores que lo interpretaron, parte de sus villanos y resolvió, de paso, un negocio para los estudios Marvel que, aunque parecía, no estaba completamente zanjado.
Desde ese relato han pasado varios años en la vida de Peter Parker, quien vive “a sus anchas” como superhéroe porque todo el planeta continúa con amnesia: nadie recuerda su identidad, revelada en la historia anterior, y por lo mismo no tiene de qué preocuparse. Sin embargo, de vez en cuando lo invade la nostalgia por su antigua vida, sus amistades y, sobre todo, por su exnovia MJ, a quien, si bien logra ver ocasionalmente, sabe —más por sentido común que por instinto arácnido— que lo mejor es quedarse con las ganas y no acercarse.
Es entonces cuando surge el peligro: una fuerza sobrenatural que penetra cerebros, suplanta identidades, se mueve más rápido que una buena señal de internet y, lo peor de todo, conoce su identidad y sabe dónde vive MJ, lo que representa un verdadero talón de Aquiles para cualquier superhéroe que trabaja desde el anonimato.
Y esta historia de fondo —la de un superhéroe que no sabe si posee el privilegio de un gran poder o simplemente carga una maldición, uno de los grandes méritos de la interpretación de Tom Holland— se va perdiendo a lo largo de las casi dos horas y media de película entre los constantes ir y venir de Peter Parker/Spiderman para salvar a MJ. En el camino abundan los duelos a punta de balazos, telarañas, malabarismos y artes marciales, además de un intento algo forzado por publicitar y anunciar el próximo Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), con personajes ya conocidos, otros rejuvenecidos y varios que, según los inversionistas del negocio, merecen una segunda oportunidad.
Spiderman: Un nuevo día tiene buenos momentos, como el mundo íntimo de Peter Parker, un superhéroe más urbano, con “harta calle”, y escenas de acción que despiertan la adrenalina de vez en cuando. Pero, en definitiva, el resultado es un producto que mezcla un poco de todo, algo ya visto en las versiones anteriores, en otras películas de Marvel e incluso en Matrix (1999).
Y cuando eso ocurre, significa que no arriesga porque quiere ir a la segura, ignorando que, para el universo de los superhéroes, esa decisión se ha convertido en un gran poder que, en lugar de conllevar una gran responsabilidad, termina cargando sobre sus hombros una gran maldición.




