Necrológicas

– Carlos Aristides Mancilla Rojel

Los representantes populares

Por La Prensa Austral Martes 11 de Agosto del 2026

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No puedo evitar comentar el enfrentamiento de las senadoras Campillai y Flores en el cual cruzaron duros epítetos, utilizando palabras y expresiones que, no sólo dan cuenta de un síntoma más de la decadencia de la política, sino que nos hace pensar en torno al carácter de los representantes populares que deben ocupar los más altos cargos de la Nación, en la discusión y elaboración de leyes, en el control de los poderes del Estado.   

Ser popular implica pertenecer al pueblo o ser conocido por su procedencia y origen; se refiere a quien es conocido o querido por la gente en general y, en cualquier significado que se busque, no encontraremos la grosería o la descalificación formando parte del concepto de popular, lo cual es bastante lógico. La grosería, la intolerancia no son necesariamente características del concepto de popular, si no que de personas que tienen una formación que las ha incluido como insumos de su personalidad y no veo relación alguna entre estas características o acciones y el carácter de popular.

Por otra parte, tengo absoluta claridad que nuestros representantes de elección popular son humanos al igual que todos los ciudadanos del país y, por tanto, pueden tener momentos o días malos, enojos e incluso ofuscaciones que los lleven a cometer errores; a fin de cuentas, ¿a quien no se le ha salido un garabato, una invitación a pasear para nuestro contradictor u oponente, o simplemente, a callarse..recordemos que hace unos años un rey le espetó a un presidente la necesidad de guardar silencio: ¿por qué no te callas?.

Pero, lo preocupante es que esto no fue una manifestación de enojo, fue una manifestación profunda de lo que cada una piensa de algunas instituciones o personas en la sociedad y, de la otra en cuanto a contendiente política, y ello me  lleva al comentario central es esta columna.

Mi familia sufrió pérdidas emocionales con la dictadura, afortunadamente nadie muerto o desaparecido, pero fue dividida con el envío al exilio de nuestro pater familia, en ese entonces diputado de la República. No obstante lo duro de la situación y la circunstancia que esa parte de mi familia ni siquiera pudo venir a despedir a mi abuela cuando falleció, fui criado con un sentido de respeto esencial para practicar la democracia que aspiramos a recuperar y que, en definitiva se dio, pues sabedores de la historia nuestro deber, con todas las fuerzas y energías, deben estar enfocadas a no repetirlas, aunque la experiencia nos enseña lo contrario.

Creo sinceramente que los sistemas no fallan por la ideologías que toda persona tiene derecho a estudiar, desarrollar y abrazar en sus creencias, sino por las personas que a sus convicciones agregan desprecio, soberbia y odio hacia quienes piensan distinto y, lamentablemente, lo que estamos presenciando en los últimos años tiene mucho que ver con eso.

Creo que nos acercamos a una crisis profunda en la sociedad y los llamados a impedirla, detenerla o corregirla, forman parte del problema y no de la solución. La tolerancia y el respecto no es una virtud, es un presupuesto y una obligación para quienes se dedican a lo publico, pues si no la practican es imposible que cumplan con la tarea esencial que deben cumplir: esta al servicio del ser humano, sin distinciones, de credo, raza, religión o condición.

Así las cosas no es trascendente si una persona es más o menos culta, si tiene más o menos recursos económicos para ser representante popular, lo verdaderamente importante es que sea tolerante y sirva a la sociedad… esas son las autoridades que quiero se elijan por elección popular.

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