“La izquierda dejó de hablarle a las personas de los temas que les importan”
- En conversación con El Magallanes, el exalcalde de Valparaíso habló sobre su libro Siempre con la gente, en el que realiza una reflexión sobre el momento que atraviesa la izquierda chilena.
Marcos Sepúlveda Loyola
Mirar las cosas con distancia muchas veces ayuda a verlas desde otra perspectiva. Lo que en un minuto se veía como negro, con el tiempo, permite que los grises vayan emergiendo. En un proceso así se encuentra el magallánico y exalcalde de Valparaíso, Jorge Sharp Fajardo, quien, tras una década en la primera línea política, hoy se encuentra en un camino intelectual, en el que intenta dar respuesta a la pregunta: ¿Qué hicimos mal?
Hace un par de días llegó un WhatsApp. Era Jorge Sharp Fajardo, contestando un mensaje enviado por este medio solicitando una entrevista hace un año y medio, cuando Sharp deseaba ser diputado y estaba siendo investigado por un déficit de 18 mil millones de pesos en Valparaíso, indagatoria que terminó estableciendo que dicho déficit no correspondía a su administración.
El punto de encuentro fue el bar Bodega 87, el mismo lugar donde el pasado jueves lanzó su libro Siempre con la gente, una recopilación de extractos de entrevistas y conversaciones del exalcalde con los medios de comunicación. Los escritos resumen, en pocas palabras, el pensamiento de Sharp sobre el proceso constituyente, el estallido social y su visión de los expresidentes Bachelet, Piñera y Boric.
“El sentido del libro es debatir qué es lo que ha pasado en el país en los últimos diez años, como un ejercicio necesario para pensar el futuro”, aseguró en conversación con El Magallanes.
Hoy, el exalcalde de Valparaíso no ve la vida en clave electoral. Reconoce que no está pensando en ser candidato a nada durante los próximos años, se está tomando las cosas con calma y añade que no es de esas personas que buscan el poder por el poder. “Sería repetir exactamente lo mismo que hacen todos los políticos profesionales en Chile”, sentencia el magallánico, quien actualmente divide sus días entre un diplomado en Derecho Ambiental y la abogacía.
“Siempre con la gente” es la frase que, a su juicio, cruza todos sus años en la política, desde que era dirigente estudiantil, pasando por las elecciones municipales de 2016, que lo catapultaron como la gran sorpresa de esa noche electoral al convertirse en el alcalde más votado en la historia de Valparaíso, siendo un completo desconocido para los medios, hasta su divorcio político con su compañero de ruta, el expresidente Gabriel Boric, en pleno estallido social.
“La política siempre la he concebido como una herramienta, como un instrumento, precisamente para el bienestar de la mayoría, para pensar en un país justo, democrático, descentralizado y no una política encerrada entre cuatro paredes”, aseguró.
El devenir de la izquierda
Sharp asegura que el principal problema de la izquierda chilena es que “la izquierda dejó de hablarle a las personas de los temas que les importan”, y que esa desconexión explicaría, en parte, el ascenso de José Antonio Kast al poder.
“En ese sentido, la derecha ha sido más hábil, ha sido más astuta. La derecha, por ejemplo, no se ha cerrado solo a las instituciones para proponerle al país un camino”, indica Sharp, enumerando que el actual oficialismo ha penetrado en los medios de comunicación, centros de pensamiento, redes sociales, entre otros espacios.
Cree necesario que los proyectos políticos hablen de cosas más cotidianas, como “llegar a fin de mes más holgadamente”, asegurar una pensión digna y que no sea necesario endeudarse para estudiar. “Le dejaron de hablar al subempleado. Hoy día hay casi 2 millones de chilenos y chilenas que están en esa situación”. “Son cosas súper sencillas y básicas que creo que representan a la mayoría de los chilenos y las chilenas y que creo que la izquierda y el progresismo simplemente han dejado de ver”, opina.
Es determinante al asegurar que la izquierda presenta una desorientación estratégica profunda, provocada porque, cuando llegaron a las instituciones, se encerraron en ellas, entrando en una dinámica de camisa de fuerza. “Cuando tú quieres transformar, las instituciones en Chile te dicen que no es posible”.
Añade que es importante volver a sentarse con los sindicatos, juntas de vecinos, federaciones y todos los espacios de la sociedad civil posibles. “Requiere asumir que ese proyecto no solamente tiene que ser empujado desde el mundo institucional, sino que también desde el espacio que no es institucional, que tiene que ver con el trabajo en las organizaciones de base de la sociedad chilena”, explica.
Desde su introspección política, Sharp plantea que, antes de pensar en ser gobierno, es importante preguntarse: “¿Por qué pasó lo que pasó? ¿Por qué la gente tendría que volver a creer en nosotros? ¿Por qué nos tendría que dar una nueva oportunidad? ¿Qué proyecto de país vamos a empujar? ¿Cuáles van a ser nuestras prioridades?”.
“Me parece que el debate no puede ser como el poder por el poder”, arremete, reconociendo que es una conversación difícil de dar, pero necesaria. “Para poder hablar de lo que vamos a hacer a futuro, tenemos que conversar qué pasó”.
Legado de Boric
En una entrevista reciente abordó que era difícil hablar del gobierno de Gabriel Boric sin que un sector se molestara por los cuestionamientos. Sharp tiene una mirada crítica de este proceso. A pesar de que existieron diversos avances sociales, para él quedaron deudas como la solución al Crédito con Aval del Estado. No se mostró tan de acuerdo con la forma en la que se resolvió el tema previsional o la explotación del litio.
“Creo que gobernar el país, sin duda, es una tarea muy difícil”, reconoce, exponiendo que Boric se enfrentó a una oposición “obstruccionista”, pero que también hubo “algunas decisiones que se tomaron en el gobierno y algunos caminos con los cuales yo no estoy de acuerdo” y que “podríamos haber hecho de otra forma”.
Sharp viene de esa generación que enarboló las banderas de la educación gratuita y de calidad, esa misma camada política que, al llegar al poder, en parte defraudó a sus votantes con lo hecho en educación. A dos décadas de la Revolución Pingüina, el tema latente sigue siendo la mala calidad de la infraestructura educativa.
Sharp reflexiona que no se puede endosar toda la responsabilidad al anterior mandatario, sino que “la deuda es de la política chilena en general”. “Pero, aun así, me parece que la crisis que vive la educación pública data de los años 90”, asegura.
¿Por qué es tan difícil gobernar Valparaíso?
Para Sharp, el deterioro de Valparaíso se arrastra desde hace cinco o seis décadas y requiere una respuesta que excede las capacidades de un gobierno comunal. A su juicio, la ciudad necesita un estatuto especial, al igual que Magallanes, debido a sus características particulares.
El exalcalde sostiene que el Estado ha mantenido históricamente una deuda con Valparaíso, pese a que la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Uno de sus principales cuestionamientos apunta a los recursos generados por la actividad portuaria, planteando que estos deberían tributar en la ciudad donde se desarrolla dicha actividad.
“Cuando proponemos caminos para poder resolver eso, por ejemplo, que el puerto de Valparaíso tribute en Valparaíso, nos dicen que no. El centralismo santiaguino nos dice que no es posible”, afirma.
El exalcalde sostiene que esta desigualdad también se refleja en los recursos municipales. Explica que Valparaíso dispone de aproximadamente $460 mil por habitante al año, cifra que contrasta con los más de $1 millón de Las Condes y cerca de $1,5 millones de Vitacura.
A su juicio, esta diferencia demuestra que los municipios enfrentan capacidades muy distintas para responder a las necesidades de sus habitantes. “Entonces se produce que el Estado de Chile reconoce que hay chilenos de primera y segunda categoría”, sentencia.
“Nuestra gestión hizo muchas cosas buenas por la ciudad. Pero el problema estructural de Valparaíso supera lo que puede hacer un municipio. Requiere un involucramiento del Estado en su conjunto”, afirma. “Para mí el tema de fondo es uno: el centralismo. El centralismo económico, financiero, político, social y cultural que ejerce Santiago sobre las regiones”, concluye.




