La manzana de la discordia
La manzana de la discordia, que la diosa Eris lanzó sobre la mesa en las bodas de Peleo y Tetis porque no había sido invitada, provocó una serie de discordias que abrieron el camino a la guerra de Troya. Discordias que se suman son conflictos bélicos que se multiplican.
Las manzanas de las discordias hoy afloran con nombres nuevos. Los temas energéticos y las miradas expansionistas con esferas de influencia encienden las mechas de las guerras. Asimismo, el tema migratorio, que es parte de la historia de los pueblos, registra proporciones nunca antes tan altas.
Los países, por sí solos, no logran gobernarlo ni tampoco acordar entre ellos una normativa de umbral mínimo de dignidad para el emigrante, que es, ante todo, una persona, y luego brazos e inteligencia para el mundo del trabajo. Aquí también las manzanas de las discordias no son de buen augurio. Los flujos migratorios sin acuerdos adecuados y prevenciones comunes entre los países de origen, tránsito y llegada, allanan el camino a los viejos y nuevos fenómenos de mafias que ofrecen paraguas de protección, pero que en definitiva esconden estrategias para traficar drogas, robos y sistemas de explotación laboral.
La lógica en nuestra América Latina, con una lengua y espacios culturales comunes, indicaría enfrentar el fenómeno de forma conjunta. Esa emigración de rostro sano no solo debe ser preservada, sino estimulada a crecer. La irregular debe ser detenida y controlada, pero el emigrante es una persona humana y se deben encontrar las formas de combatirla respetando este principio.
Europa está experimentando las primeras grietas en su sistema de gestión del fenómeno, con discordias que minan las buenas relaciones entre los mismos países miembros de la Unión. En América Latina, los marcos políticos con sintonías comunes son una buena ocasión para propiciar nuevos espacios de integración y acogida, así como para formar un frente común en la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado, y no alimentar estas espirales de internacionalización de los fenómenos mafiosos.
El fenómeno debe ser estudiado y profundizado con la cooperación multisectorial para no transformarse en un rechazo de una frontera a otra. Esto haría crecer las manzanas de las discordias. Una política común capaz de poner la dignidad de la persona y el trabajo en el centro sería la carta ganadora para un cambio en el fenómeno que, por ahora, parece más una plaga que un actor social.
Publicado en Presenza




