Perros asilvestrados crecen 45,6% al año y ya sumarían 30 mil en Tierra del Fuego, Argentina
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La presidenta de la Sociedad Rural de Tierra del Fuego advierte que la población canina se encuentra“totalmente descontrolada” y que las jaurías ya no solo atacan a los ovinos, sino también a los bovinos.
Por Marcos Sepúlveda Loyola
Lucila Apolinaire tiene 54 años y recuerda que cuando era pequeña el perro asilvestrado era un problema incipiente para las estancias de Tierra del Fuego Argentina. Le tocó ver con dolor cómo estos se fueron multiplicando y obligaron a su padre a reconvertirse al bovino y vender los ovinos; hoy ve con preocupación cómo estas jaurías ya están atacando a las vacas.
La situación del perro asilvestrado en el lado argentino de Tierra del Fuego se encuentra totalmente descontrolada. Según datos recogidos a través de cámaras trampa y procesados por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), estos animales crecen a una tasa anual de un 45,6%.
“Hoy pueden haber 20 mil a 30 mil perros. Los cachorros, cuando las perras paren, tienen 8, 10 cachorros, muchos de ellos sobreviven, entonces la verdad es que es totalmente descontrolado”, agregó.
En conversación con La Prensa Austral, la presidenta de la Sociedad Rural de Tierra del Fuego, invitada como una de las principales expositoras a las últimas Jornadas Ganaderas organizadas por Asogama, detalla que los ataques de perros a los predios han hecho insostenible la actividad ovina en la provincia fueguina.
El 70% de los establecimientos rurales de Tierra del Fuego que antes producían ovejas ya no pueden sostener esa actividad. Del millón de cabezas de ovinos que llegó a tener, hoy quedan apenas 300 mil. “Todo el mundo viene a esta zona del mundo a comer cordero y a ver la oveja y la lana y los productos de lana, y eso hoy nosotros ya no lo tenemos para mostrar del lado argentino”, lamentó.
Cómo comenzó todo
Para la titular de la Sociedad Rural, el origen del problema es inequívocamente humano. El fenómeno se agravó con el crecimiento poblacional de Tierra del Fuego en los años 80, impulsado por la ley de promoción industrial que buscó consolidar la provincia frente al desarrollo del lado chileno de la isla. Más población significó más mascotas, y la falta de control municipal sobre las poblaciones caninas hizo el resto.
En un comienzo, el problema estuvo circunscrito a los alrededores de la ciudad de Río Grande, con perros que iban y volvían del campo sin instalarse allí de manera permanente. El punto de quiebre llegó cuando el fenómeno se trasladó hacia Tolhuin, en el centro de la isla, donde los animales empezaron a internarse en los bosques de ñire y en la zona de ecotono.
Según estudios que manejan, en ciudades como Tolhuin existen 3 mil perros sueltos, mientras que en Ushuaia y Río Grande la cifra se eleva a los 12 mil.
Ve con preocupación cómo las personas compran perros de raza, principalmente siberianos, a los cuales luego abandonan, transformándose estos en el campo como perros baguales. “Eso, criados libremente, con el libre arbitrio y pudiendo hacer lo que quieren, la verdad es que hacen estragos y se van adaptando ellos, van adaptándose a las distintas condiciones del terreno”, agregó.
Consultada sobre el impacto en el lado chileno, Apolinaire planteó que los perros asilvestrados que hoy afectan la zona cercana a Porvenir podrían ser parte de la misma corriente que se originó del lado argentino. La comparación que utilizó fue la del castor, introducido en Tierra del Fuego hace décadas y que terminó llegando hasta el continente. “Los perros no hacen migraciones, no tienen que pasar por un control, pasan por los alambrados”, explicó, para graficar por qué el fenómeno terminó siendo binacional pese a haberse originado como un problema local.
A diferencia de Chile, en Argentina existe autorización para cazar perros baguales desde 2008; sin embargo, debido a que estos se esconden en los bosques, es más difícil realizarlo. Desde hace siete meses están trabajando con los municipios a partir de esos conteos de los perros que se hicieron en las tres ciudades, intentando trabajar en la zona del campo. Traerán expertos en trampas desde Canadá para aprender a cazar a estos animales. “Todo tiene que estar dentro de los estándares de bienestar animal”, precisa.
Reconversión al bovino
Para los productores que lograron sobrevivir, la única alternativa fue reconvertirse al bovino, algo que Apolinaire describe como “toda otra complejidad”. La oveja, subrayó, es un animal noble y rústico, capaz de resistir el hielo, el frío, la nieve y la falta de agua. El bovino, en cambio, es más grande, pero más delicado.
Galpones de esquila, corrales y alambrados quedaron obsoletos, y hubo que invertir fuertemente en nueva infraestructura. A eso se suma el aprender un oficio distinto. “El ovejero, el ovejero de mi tierra, de Grimaldi, de los poemas que yo leí cuando era chica y del monumento del ovejero, ese tipo generalmente no sabe trabajar y no le gusta trabajar con vacas”, graficó.
El proceso, además, no fue inmediato. Armar un stock bovino lleva años, y muchos productores todavía están en ese camino, en algunos casos sobre tierras ya arrasadas por el problema original.
Desde 2022, los productores comenzaron a registrar ataques de perros asilvestrados sobre bovinos, no sólo sobre ovinos. “Teníamos la oveja, la oveja era más chica, más débil, pero es igual. Ahora hay ataques a bovinos”, advirtió.




