“La captura”: Sacarse el pez gordo
Por Guillermo Muñoz Mieres,
periodista
México, 2026
Director: Chava Cartas
Protagonistas: Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis, Paola Fernández
En Netflix
“Pues prefiero ser pobre que viuda”, le refuta Isaura a Arturo, cuando él sugiere cambiar su turno de día al de la noche como policía y así cobrar más dinero ante el nuevo “chamaco” o “chamaca” que ella le anuncia que se viene en unos meses más.
No es una decisión fácil de tomar en el México de 2016, en pleno estado de Sinaloa, donde ser policía es un arma de doble filo porque quizás el tiempo no alcanza para la jubilación y el premio adelantado se divide entre ser mártir de la institución o cobrar algo con lo que cae por fuera.
Pero aunque logra el cambio de turno y un nuevo compañero policial de apellido Rosales, que prefiere escuchar a “Los Ángeles Negros” que los corridos mexicanos, de nada sirve porque, en plena mañana, les cae un pez más que gordo cuando, sin saberlo, detienen un auto robado donde huye ni más ni menos que “El Chapo” Guzmán, jefe absoluto del Cártel de Sinaloa y a quien todos sus súbditos llaman “El patrón”.
“La captura” aborda, con la libertad que ofrece la ficción, los hechos que llevaron a la detención del máximo líder del narcotráfico en el México actual, pero no lo hace desde el punto de vista de “El Chapo”, sino desde la mirada de Carmona, un buen policía, esposo y padre de dos hijas pequeñas, que carga con una culpa que lo atormenta en sus sueños porque no sabe si, en lo que fue el cumplimiento del deber, es héroe o villano.
Y la película es un thriller de acción donde ambos policías van contra el tiempo para llegar a un destino seguro porque ya todos saben a quiénes llevan, sobre todo los trabajadores de “El Chapo”, que harán lo posible por rescatar a su patrón, mientras Carmona y Rosales soportan ofertas de sus detenidos desde el asiento trasero que podrían ser algo difíciles de rechazar.
Si bien la producción es de Netflix, la película es mexicana en su ADN y por eso sus diálogos están llenos de jergas como “trae torta”, “chingadas”, “chamacos”, “la verga”, que le dan realismo al relato, junto a las actuaciones, sobre todo de Héctor Kotsifakis, quien hace de “El Chapo”, mostrando a alguien que por apodo pinta poderoso, pero ahora, reducido y esposado, da sus últimos coletazos de cocodrilo.
“La captura” tiene como gran interés ser un western en clave urbana y “road movie”, donde Carmona y Rosales son los alguaciles que hacen cumplir la ley, “El Chapo” Guzmán, el bandolero, y sobre ellos, la pandilla de forajidos que quiere llegar antes que la trompeta de la caballería anuncie que han sido salvados por la campana.
Este logro se pierde con cierta estética televisiva, quizás influenciada por las series sobre narcos de las plataformas, algunas incongruencias del guion y una que otra trampa efectista para resolver situaciones que merecían, aunque no fueran apegadas a la realidad, más creatividad.
Sin embargo, nada de esto reduce el resultado final de “La captura”, película que atrapa, en primer lugar, por su acción contra el tiempo, el drama interior de los personajes, donde el espectador queda con la duda de si, en el trayecto, alguno de ellos sucumbirá a la tentación de sacarse de una el “tremendo cacho”.
O, por el contrario, “apechugarán” hasta el final porque bien saben que no todos los días se lleva a parte de la historia de su país en el asiento trasero de un carro policial.




