Brecha oncológica y el código postal de la salud
El cáncer no espera, pero en Magallanes sí lo hace. Y de una manera dramática y desigual. El último informe del Centro de Políticas Públicas e Innovación en Salud de la Universidad del Desarrollo (CIPS-UDD), elaborado sobre datos oficiales del Ministerio de Salud obtenidos por transparencia, confirma, una vez más, que nuestra región enfrenta una de las situaciones más críticas y cruentas del país en materia de retrasos en la atención del cáncer colorrectal.
Las cifras entregadas por el estudio no sólo son alarmantes, sino que configuran una brutal geografía de la desigualdad sanitaria. Mientras que la tasa nacional de prestaciones retrasadas bajo la garantía del Ges alcanza los 31,4 casos por cada 100 mil habitantes, en Magallanes ese índice se dispara de manera exponencial hasta llegar a un indignante 116,8. Esta cifra nos sitúa en el lamentable tercer lugar a nivel país -solo por detrás de Concepción y Biobío-, contrastando dolorosamente con zonas como Atacama u Osorno, donde los casos pendientes apenas rozan el 3,6 por cada 100 mil habitantes. En términos prácticos, nacer y vivir en el extremo austral multiplica dramáticamente las posibilidades de quedar atrapado en una lista de espera oncológica.
La brecha territorial no se expresa únicamente en tasas, sino también en el recurso más valioso cuando se combate una patología oncológica: el tiempo. Mientras la mediana de espera a nivel país por cáncer colorrectal se sitúa en 62 días, un paciente en Magallanes debe esperar un promedio de 102 días. El cuello de botella más crítico se encuentra en el diagnóstico inicial, donde la espera promedio en nuestra región se eleva a 108 días, frente a los 69 del promedio nacional.
La gravedad de esto es demoledora, pues a nivel nacional el 86% de las prestaciones pendientes se concentra justamente en la etapa de diagnóstico. Hablamos de miles de hombres y mujeres que esperan angustiosamente confirmar o descartar la enfermedad para comenzar a dar la batalla por sus vidas. Un retraso de más de tres meses en esta etapa no es solo un indicador de ineficiencia burocrática. Es, con demasiada frecuencia, la diferencia entre la vida y la muerte.
A nivel país, el cáncer colorrectal ya se ha coronado como la patología con mayor cantidad de retrasos entre las 17 garantías oncológicas del Ges, concentrando casi el 30% del total de las atenciones pendientes, por encima incluso de desafíos sanitarios históricos como el cáncer de mama o el cervicouterino.
Aunque a nivel central se hable de avances y reducciones generales, los promedios nacionales suelen ser engañosos. Ocultan que regiones extremas y aisladas como la nuestra siguen soportando la peor parte de un sistema de salud fuertemente centralizado y carente de especialistas.
Como bien ha señalado la investigadora y directora del CIPS-UDD, Paula Daza, “el lugar donde vive una persona no puede determinar la oportunidad de su atención”. La solución a este drama humanitario exige respuestas rápidas y focalizadas localmente, reforzando con urgencia la capacidad diagnóstica del Hospital Clínico de Magallanes, estandarizando los tiempos de atención y atreviéndose a explorar, sin complejos ideológicos, convenios de colaboración con el sector privado para aliviar la carga de exámenes pendientes.
Los magallánicos no exigen privilegios. Sólo demandan el derecho humano básico de que el aislamiento geográfico no se traduzca en una condena de salud.




