“La cueca es un sentimiento. Yo lo tengo que sentir”
- María Oriabel Aguila Barría nació en Porvenir el 3 de julio de 1948 y lleva más de seis décadas dedicada al folclore. Fue campeona regional de cueca en 1985 en Arica e Hija Ilustre de Porvenir en 2019. A los 78 años sigue bailando, cantando y enseñando.
María Pastora Sandoval
María Oriabel Aguila Barría nació en Porvenir el 3 de julio de 1948, hija de José del Carmen Aguila Barría, oriundo de Purranque, y de María Filomena Barría Vargas, nacida en Achao, Chiloé. Sus padres se casaron alrededor de 1940 y se radicaron en Porvenir en el año 43, él trabajaba en la extracción de oro, ella dedicada a las labores de casa. María Oriabel creció ahí, se formó en la Escuela Bernardo O’Higgins y vivió en Porvenir hasta que en 1961 la familia emigró a Punta Arenas para que ella y su hermana Nancy pudieran seguir estudiando. En esos años, Porvenir sólo tenía hasta primer año de humanidades.
En Punta Arenas estudió y se formó en el folclore. Egresó de la Escuela Nacional de Folclore en la carrera de Monitoría Folclórica Musical y Coreográfica. Su primer grupo fue el histórico conjunto folclórico Clara Solomera de Punta Arenas, donde estaban los hermanos Mora: Renato Mora también fue integrante del grupo Alturas. Desde los 17 años trabajó dirigiendo conjuntos folclóricos infantiles, entre ellos el de la Empresa Nacional del Petróleo y el del Magisterio. La vocación venía de antes: su padre tocaba guitarra, su madre cantaba y bailaba, y en el colegio no había actividad artística en la que no participara. “Siempre, siempre, siempre estuve en este aspecto”, confiesa.
El año 1979, ya divorciada, se abrió una vacante en Porvenir y ella quedó seleccionada. Volvió a su tierra con el cargo de secretaria de Relaciones Culturales del gobierno, con foco en la difusión del folclore en los establecimientos educacionales. Recorrió el Liceo, la Escuela Bernardo O’Higgins, la Escuela María Auxiliadora, los jardines infantiles y la extinta Escuela G46 de Bahía Chilota. Todos los establecimientos de la ciudad donde nació. Terminó en la Escuela Bernardo O’Higgins, la misma donde ella se formó, donde trabajó durante 40 años hasta su jubilación. “Siempre me dediqué a trabajar con niños”, señala.
El conjunto Gastón Peralta y el campeonato de Arica
En 1984 fundó el conjunto folclórico Gastón Peralta, que hasta hoy se mantiene vivo. El año siguiente, en 1985, viajó a Arica y se coronó campeona regional de cueca junto a Ricardo Peralta, representando a la región. El conjunto ha recorrido Chile y el extranjero, ha participado en el Festival de San Bernardo, y el año pasado recibió el premio que entrega Cultura en Punta Arenas como Patrimonio Vivo del Folclore. En junio de 2019, la Municipalidad de Porvenir la nombró Hija Ilustre de la comuna. A los 78 años, María Oriabel sigue al frente: dirige talleres para adultos mayores, baila con ellos, canta, y mantiene lazos con folcloristas de Puerto Natales, Punta Arenas y Santiago. “A estas alturas todavía sigo haciendo lo mismo”, dice.
La cueca como sentimiento
Sobre los campeonatos de cueca, María Oriabel tiene una postura clara: no es enemiga ni amiga de ellos, pero le preocupa la dirección que han tomado. “En Chile hay tantas cuecas como chilenos somos, y cada uno que se atreva a bailarla lo va a hacer bien”, admite. Lo que le inquieta es la acrobacia que va desplazando el sentimiento. “La cueca es una danza de conocimiento, de conquista, de romance, y yo lo tengo que expresar. Puedo hacer maravillas con los pies, pero si con la cara y con el cuerpo no digo nada, no le va a llegar a nadie”. Está convencida de que la acrobacia pasará y volverán a bailarse cuecas que cualquier chileno sienta suyas. “Yo también lo puedo hacer”, es la frase que quiere que el público piense cuando la vea bailar.
Tiene dos hijos, Cristián Alejandro y Jasna Oriabel, ambos funcionarios públicos y casados. Es abuela de cinco nietos: Ninet, profesora de inglés en el Colegio Contardi; Jasna, psicopedagoga en la Escuela Bernardo O’Higgins -donde trabajó su abuela durante 40 años- ; Francisca Antonia, técnico veterinario en la Municipalidad de Porvenir; Nicolás Salvador, funcionario público; y José Ignacio, próximo a titularse como ingeniero civil químico. Su hija también trabaja en cultura y folclore, siguiendo ese camino. Su hermana menor, Nancy Magaly, vive en Punta Arenas y es dirigenta de la junta vecinal Nº8 del sector Playa Norte. La hermana mayor, Nora Matilde, falleció hace dos años.
A estas alturas, dice, Dios le ha dado la suerte de llenar su vida con lo que le gusta hacer. Tiene hijos y nietos que comparten su trabajo, ha ganado premios, ha viajado, ha sembrado folclore en Porvenir durante décadas. Lo que le falta es escribir un libro, porque tiene historia: la de un humilde obrero carpintero, la de una madre esforzada, y la de ella misma, que dejó Porvenir, volvió, y desde entonces no ha parado. “Nada es imposible”, les dice a los jóvenes. “Querer es poder”. Y a los 78 años, todavía bailando, todavía enseñando, todavía en el quehacer cultural de su tierra, lo demuestra.




