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– Yolanda Araneda Corona

Recuento del poeta y profesor Miguel Bórquez

Lunes 14 de Septiembre del 2026

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Hace unos días nos enteramos del triunfo alcanzado por nuestro amigo en un importante evento literario organizado por la Universidad Católica de Temuco, en el marco de la segunda convocatoria al concurso de poesía Yosuke Kuramochi, dirigido a los autores mayores de dieciocho años con al menos doce meses de residencia en cualquier región del sur austral de nuestro país, desde la Araucanía hasta Magallanes y Antártica Chilena.

El jurado conformado por la escritora Verónica Zondek, el profesor de castellano y también primer ganador del certamen, Felipe Caro, y el académico de la Universidad Católica de Temuco, Helder Binimelis, premiaron entre ochenta y nueve trabajos recibidos, a los poetas Miguel Bórquez de Puerto Natales y Rodrigo Cartes de Temuco, junto con distinguir a tres menciones honrosas que recayeron en Max Cortés de Valdivia, por “Rudimentos para silbar”; Alfonso Matus de Puerto Varas, por “Remar eclipses” y Roberto Muñoz de Puerto Montt, por “Cicatriz”.   

Inspirada en el quehacer artístico, poético y académico de Kuramochi, cuya obra contribuyó a reflexionar sobre la problemática del territorio, la iniciativa fue concebida para interactuar y establecer diálogos entre el mundo universitario y la comunidad literaria regional, fomentando y reconociendo el trabajo efectuado por los creadores en ejercicio, enriqueciendo y expandiendo la tradición poética del sur austral de Chile, donde memoria, paisaje y territorio, se entrelazan en la literatura.

Este 2026 se agregarán los títulos ganadores de esta versión, “Chile habla por alertas” de Rodrigo Cartes e “Historiales” de Miguel Bórquez, a los cuatro libros anteriores, “Nada o el vacío observable del espacio” de Felipe Caro; “Avistamiento de aves y otros vuelos” de Carla Llamunao; “El raído género”, de Aldo Villarroel y “Veloz se fue el sueño” de Sonia Huentemil, libros que integran la colección preparada e impresa por la Dirección de Extensión Académica y Cultural y de Ediciones de la Universidad Católica de Temuco.

¿Quién es Miguel Bórquez?              

Nacido en Puerto Natales el 13 de marzo de 1985, Miguel Eduardo Bórquez es profesor de castellano y comunicación egresado en la Universidad de Magallanes. Aunque tuvo un paso por algunos establecimientos de la educación municipalizada, desde 2008 ha estado ligado a la enseñanza en el Colegio Puerto Natales de su ciudad natal.

En 2009 se dio a conocer con un plaquette titulado “Poesía soundtrack”, en que de inmediato pareció advertirse la voz del poeta: “El follaje subordina al sol. Mientras descanso panza arriba augurando paisajes diferentes, instituciones que se jodan de repente, profetizo escombros, pies humanos que se mojen con la plata. Permanezco anclado tan convicto, desapareciendo boca a boca sin rumor. Extrañas formas se convocan en mi lumbre, amorfas ninfas parturientas. No me hallo en lo que soy. No fui lo que aquí dije”.

A fines de octubre de 2011 tuvimos la oportunidad de presentar un libro en Puerto Natales que habíamos creado junto con el recordado amigo Niki Kuscevic y el ilustrador Juan Carlos Muñoz Alegría. En el trayecto, vimos a Niki hojeando un ejemplar de la revista “El Keltehue” y un pequeño poemario que se presentaba como el anterior, en formato plaquette, denominado “Geografía del milagro”. Era el segundo trabajo escritural de Miguel Bórquez que revisamos con atención. Pese a su juventud de entonces, y, a las tendencias que observábamos en el arte en general, a veces saturado por la intervención de los espacios públicos, las performances, la disrupción del lenguaje, junto con la aparición de las nuevas plataformas de comunicación digitales, caracterizadas por la rapidez, la instantaneidad y por la apropiación del espacio privado, el pequeño texto de Bórquez nos sorprendió por el cuidadoso manejo del lenguaje que invitaba a la reflexión. Era como si de repente apareciera alguien, nos detuviera sutilmente y nos preguntara por el sentido de lo que estábamos haciendo.

Esa primera impresión se corroboró tiempo después cuando conocimos a Miguel. Su personalidad parecía transmitir una profunda soledad, la que se podía palpitar y respirar cuando conversábamos con él, cuando escuchábamos su palabra. Aquella sensación que impregnaba sus primeros trabajos, transmitía también, una ineludible conexión entre el autor y su incipiente obra.

En cierto modo, la aparición de los primeros textos de Miguel Bórquez coincidió con una época en que la mayoría de los autores que le precedían en el espacio de Puerto Natales, o habían dejado de escribir -Claudia Aguilar-, o vivían un período de replanteamiento de sus propios trabajos, -Pedro Paredes, Jorge Díaz Bustamante, Hugo Vera Miranda, y en algunos casos, -Javier Ruiz, Marcela Muñoz, Rina Díaz Jiménez- , habían dejado el terruño y escribían influenciados por realidades y elementos geográficos que distaban mucho del discurso enunciado por Bórquez en sus primeras obras.

Por otra parte, Puerto Natales experimentaba profundas transformaciones económicas y socioculturales. El viejo y tradicional pueblo obrero daba paso gradualmente, a una moderna ciudad turística. Decenas de viviendas ubicadas en el casco histórico fueron reacondicionadas como cabañas o reconvertidas en hoteles y hostales. De pronto, el lugar se llenó de extranjeros, de trabajos estacionarios, que modificaron las tradicionales formas de convivencia y mientras los antiguos habitantes hablaban de las duras condiciones de trabajo en los frigoríficos y la vigorosa actividad sindical de antaño, los nuevos se empapaban de las bellezas del Paine y de la moderna infraestructura que demostraba a todas luces, el creciente período de bonanza material que se empezaba a vivir.

Las historias que nuestro autor escuchó en la niñez o en la juventud poco o nada tenían que ver con el entorno que transitaba. Ese mundo antiguo con sus anécdotas, historias y leyendas se había ido, justo en el instante en que “Poesía soundtrack” y “Geografía del milagro” reclamaban por su ausencia.

Trapalanda

La desidentificación del poeta con el medio que lo circundaba, lo llevó a buscar, a indagar en otras historias, en otros espacios geográficos, aceptando la existencia de paisajes en la Patagonia que todavía se encuentran inexplorados y que no han sido intervenidos por la modernidad.

Con el financiamiento del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, en diciembre de 2013 se conoció la publicación de “Trapalanda”, texto de trescientas dos páginas, producido en impresos Vanic de Punta Arenas. Miguel recupera la antigua leyenda de La ciudad de los Césares, donde conviven, -parafraseando al autor- , en longeva armonía los llamados conquistadores europeos con indígenas patagones o incaicos, en una utópica ciudad edificada en oro y plata.

Lo significativo de “Trapalanda” es que se establece una interesante analogía con otras ciudades fantásticas como El Dorado y Paititi en la Amazonia, Cíbola, Lemuria e incluso, la Atlántida, concebidas como lugares ideales para vivir en comunidad, una ‘ucronía altamente esperanzadora de la cual incluso hoy es loable asirse’, dijera el autor.

En su escritura se deslizan dos ideas esenciales: en “Trapalanda”, que según su etimología quiere decir, tierra de las trampas, confluyen nebulosas en que la narrativa histórica y la ficción ancestral se amalgaman en una suerte de híbrido, superando la perspectiva mitológica. Sería casi imposible imaginar un relato desde un punto de vista empírico en pleno siglo XXI, pero, al mismo tiempo, se trata de una fantasía delirante si pensamos, que, durante siglos, desde la llegada de los españoles a América, hubo soñadores que se esmeraron en hallar la Ciudad de los Césares y hasta perdieron la vida en su búsqueda, en parajes, tan maravillosos como desolados. Y lo que es más importante aún: se organizaron expediciones llevadas a cabo por misioneros jesuitas al actual lago de Nahuelhuapi en el siglo XVII y otras que fueron financiadas por el virrey del Perú, proveyendo hombres, municiones y víveres a algunos capitanes del imperio español o, a ciertos frailes -como Francisco de Menéndez, por ejemplo-, a fines del siglo XVIII, todo ello plasmado en cartas,  documentos y resoluciones que evidencian la preocupación de las principales autoridades coloniales por encontrar la ciudad encantada.

Miguel Bórquez nos advierte que, si un cronista del calibre de Diego de Rosales en su “Historia General del Reino de Chile”, sitúa a Trapalanda como la primera ciudad fundada en nuestro país y que uno de los más reconocidos estudiosos de nuestro folclore como lo fue Oreste Plath, escribió que, ‘según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad, se decantará, por lo cual nadie debe tratar de romper antes su secreto’, entonces, su libro no es otra cosa, que ese mismo secreto y el trágico destino cuando intentamos  develarlo.

Esta obra de Miguel brindó nuevos bríos al lenguaje poético de Magallanes e influenció a jóvenes autores en el ejercicio literario. Su repercusión ha sido innegable. De hecho, se espera que antes de fin de año RIL Editores concrete la publicación de “Nueva Trapalanda”, libro cuya materialización se debe al Fondo Nacional para el Fomento del Libro y la Lectura, ámbito de financiamiento nacional, línea de fomento a la industria en la modalidad apoyo a ediciones, convocatoria 2026.

Esta trepidante actividad literaria de nuestro amigo ha sido una tónica en los últimos años. En 2022 participó en la reedición del libro “Felices escrituras: Poetas chilenos y chilenas pensando una provincia” de Claudio Guerrero y Cristián Cruz, sin olvidar que el 14 de mayo de 2025 fue incluido con otros cincuenta autores chilenos y cincuenta holandeses y desde un helicóptero se lanzaron cien mil poemas sobre Rotterdam en conmemoración del 85 aniversario del bombardeo de la Luftwaffe alemana de esa ciudad, intervención organizada por el colectivo Casagrande denominada “Lluvia de poemas sobre Rotterdam”.

Otros textos y propuestas

Nuestro biografiado siente atracción y nostalgia por las revistas literarias y ha sido una constante en su quehacer escritural, la recuperación de este formato de divulgación.

No es de extrañar entonces, que cada cierto tiempo se aventure en la realización de iniciativas que demanda la colaboración de otros artistas y escritores. Esta experiencia le ha servido en el último tiempo sin duda para oficiar como editor, como ocurrió con la reedición del texto poético del Premio Nacional de Literatura Ramón Díaz Eterovic, “Pasajero de la ausencia y otros poemas” en mayo de 2025, en la editorial “La casa de barro” en San Felipe-Chiloé, y que en estricto rigor, es un libro nuevo, pero, otra cosa era imaginar en 2018 un proyecto que intentara rescatar y difundir viejas publicaciones, textos poéticos y narrativos que se encontraban perdidos u olvidados en archivos y bibliotecas.

Así nació “Del país flotante”, planteando un fuerte cuestionamiento al uso adecuado de la informática y las redes sociales. Miguel señalaba que en épocas previas cuanto primaba lo analógico, hubo etapas más efervescentes en cuanto a publicaciones y movimiento editorial en el austro y en esa realidad invitaba a imaginar y decidir el siguiente escenario: 

“Hoy, una revista modesta como esta puede concebirse e imprimirse en el living de una casa, con equipos domésticos, un presupuesto más bien austero y la colaboración de amigos. En un lugar como Magallanes -aislado, hermético, inspirador- iniciativas así deberían contarse por decenas, sin embargo, escasean. ¿Cuántas revistas artesanales como ésta (o fanzines, ediciones cartoneras o simples papeles fotocopiados) estarían en este momento movilizando pequeñas comunidades en otros territorios, en pos de una resistencia (contra) cultural cada día más necesaria? Publicar desde la autogestión es hoy una cruzada a contracorriente que, lejos de la caricatura quijotesca y romántica, ostenta un afán esencialmente político”.

Además de Bórquez, quien escribió el ensayo “Un epitafio en lengua muerta. Aproximaciones a la poesía de Niki Kuscevic”, y “Todos éramos iguales al final. Señalética política en Pink Floyd”; redactaron también, Jaime Muñoz Mansilla con “Tres islas al fin del mundo. El conflicto del Beagle 40 años después”; Llacolén Valenzuela con “Por olvidarse del mundo & su gente”; Pablo Cifuentes Vladilo con “Tres microcuentos”; Enzo Gómez con “Déjame atrás”; Eladio Gómez Vera con “Sueño mi pintura & pinto mi sueño”; y Patricio Frías con “Vigilias ufológicas en la Patagonia”.

Varias de las ideas esbozadas en la revista “Del país flotante” tuvieron eco en publicaciones posteriores. En “Chilean stardust”, texto impreso en el verano de 2021 vemos recreados fenómenos celestes, nombres femeninos que se confunden en la desmemoria, e hijas que vienen al mundo antes de nacer en naves espaciales. Este universo onírico se presenta en sus dos últimos libros como una revisión fantasmagórica del austro.

En “Ensayos sobre un paisaje en retirada” editado en agosto de 2023 deambulan personas, animales, árboles y hielos que se trasmutan en distintas cosas y formas; castores, guanacos, turbales, un niño y el color azul retrotraen al lector a un pasado no muy lejano, donde lo que acontece en el fin del mundo, se presiente en lugares como Finlandia y el autor, fiel a su estilo, parece jugar denominando un texto poético-narrativo con la palabra ensayo, como si se tratara de una propuesta donde lo lírico no se manifiesta en el género, sino en las ideas que nos comparte de la noción de un paisaje inexistente.

En tanto, en “Últimas visiones del Chernóbil americano” texto impreso en Santiago por Signo poesía editorial en diciembre de 2023, Miguel nos brinda al igual que en la obra anterior, una serie de fragmentos narrativos y nos pide que repensemos en el daño irreparable que hacemos al medio ambiente. En un instante fija una posición y determina un futuro:

“En ciertos soportes analógicos se resguardan miles de escenas distorsionadas y elípticas de la flora y fauna americana, pero también bautizos, primeras comuniones o paseos al campo con tonos blanquecinos y motivos montañosos. Unos escolares dibujan suásticas, vierten el mercurio de un termómetro en sus labios o hacen el amor en cualquier eriazo. Todas esas escenas son iguales, todas narran sin saberlo la novela patria. En todo momento arde una porción del Amazonas, se seca un cordón lacustre en Marruecos o se desprende un glaciar en Groenlandia”.

Miguel vislumbra un futuro en ruinas. Lo que pasó alguna vez en Chernóbil se replicará en el continente americano donde veremos niños desahuciados ensayando poemas de amor o jugando a atrapar renacuajos con las manos. En esta mirada apocalíptica, las palabras, el lenguaje, serán retazos, abstracciones, ecos fantasmales, y escenas inconexas anunciadas tiempo antes, pero ignoradas por todos.

Historiales

Miguel no se cansa en decirnos que esta nueva obra premiada es, el libro ‘más estrictamente poético de todos’ considerando que sus cuatro textos anteriores tienen cierta vocación narrativa.

Se trata, en definitiva, de un conjunto de cuarenta poemas que exploran la experiencia vital del sujeto austral en pleno siglo XXI, ubicándose en una zona de creciente conflicto: un juego de espejos entre arraigo y globalización, memoria y refundación, con un transitar por el paisaje magallánico, la cultura pop, la era de la información y la incertidumbre en el porvenir. 

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