El precio del temor: la parálisis política que amenaza el desarrollo de Chile
Gobernar implica encauzar el mandato otorgado en las urnas e impulsar agendas claras y consistentes. Sin embargo, en el Ejecutivo existe una percepción creciente de cautela excesiva e indefinición que genera incertidumbre sobre el rumbo del país. Quienes respaldaron una propuesta de cambio perciben hoy que la búsqueda de consensos o el temor al costo político han primado por sobre la concreción de las prioridades planteadas al electorado.
Certeza jurídica y
dinamismo económico
Chile atraviesa un escenario complejo, marcado por el bajo crecimiento, tensiones económicas y una preocupante tasa de desempleo. Para reactivar la inversión y generar empleos de calidad, el país requiere señales claras y marcos regulatorios modernos que estimulen el dinamismo productivo. La estabilidad económica difícilmente prospera en la ambigüedad; exige decisiones bien fundamentadas y oportunas. Como señalaba Theodore Roosevelt: “En cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada”. El principal riesgo para la conducción actual radica en la postergación de temas complejos.
La demora en abordar asuntos complejos -ya sea en materia de certezas institucionales, seguridad o la aplicación rigurosa del estado de derecho- genera dudas sobre la capacidad del Ejecutivo para cumplir con las expectativas generadas en las urnas.
Gestión técnica
y articulación política
A las dudas respecto al ritmo de las reformas se suma el reto de fortalecer la gestión en el aparato estatal. La designación de autoridades sin la idoneidad técnica o experiencia requerida afecta la eficacia de la política pública, un problema que resulta especialmente sensible en el ámbito regional. En el plano político, la estrategia del Ejecutivo también muestra aspectos por afinar. La preferencia por acuerdos coyunturales con parlamentarios independientes y claramente de oposición, en lugar de consolidar un diálogo estructurado con las fuerzas políticas formales, puede debilitar la cohesión del propio sector oficialista y restar previsibilidad a la agenda de gobierno.
El panorama político actual
Como observaba el analista Tomás Mosciatti en su comentario “Los inmorales nos han igualao”, se aprecian dificultades en el Ejecutivo para alinear a su coalición y consolidar una vocación de liderazgo. Aunque el escenario de oposición presenta divisiones que podrían otorgar espacio de maniobra al Gobierno, dicha ventaja resulta irrelevante si el oficialismo no logra definir con claridad sus propias prioridades. Si la conducción del país continúa subordinada al temor a la crítica adversa o a fallas en la gestión de mandos medios, el impacto no solo recaerá en el capital político del Gobierno, sino en el ritmo de desarrollo de Chile y el bienestar de sus ciudadanos.
La responsabilidad de liderar
Gobernar exige asumir los costos inherentes a la toma de decisiones y actuar con convicción. La gobernabilidad duradera no se construye desde la excesiva prudencia ni la inacción. Si el Gobierno no logra imprimir dinamismo a su agenda ni proyectar la visión de país por la que fue electo, Chile corre el riesgo de perder una oportunidad valiosa para reimpulsar su crecimiento y desarrollo.




