“Susurran tu nombre”: Susurro descuidado
Por Guillermo Muñoz Mieres, periodista
Estados Unidos, 2026
Director: James Ashcroft
Protagonistas: Adam Scott, Robert De Niro, Michelle Monaghan, Michael Keaton
En Netflix
Esta película parte mal desde la traducción al español de su título, pues en su esencia se llama “El susurrador”, una forma de aludir a un asesino en serie de niños que alguna vez asoló una ciudad, fue capturado y ahora, muchos años después y en el preciso momento en que un joven escritor llega a instalarse en su nuevo hogar con su hijo tras quedar viudo, reaparece el “modus operandi” con el secuestro y posterior muerte de niños.
¿Quién entonces está detrás de estos secuestros y asesinatos si el verdadero susurrador se encuentra tras las rejas en una cárcel de alta seguridad? Esta es la pregunta que quiere resolver una resuelta mujer policía con su equipo a cargo del caso, donde cada uno es bueno en lo suyo —a veces demasiado— y que pide ayuda a Peter Willis, un viejo policía ya retirado, cuyo mérito es haber atrapado al susurrador original hace años, pero ahora está cansado y prefiere enterrar el caso y los elogios porque, al parecer, le terminaron complicando su vida.
Hasta que el hijo del escritor recién instalado en el pueblo es secuestrado por el nuevo susurrador y aquí nos enteramos de que su padre y abuelo es el ex policía Willis, quien decide volver para salvar a su nieto, resolver el caso y, de paso, sus conflictos familiares.
“Susurran tu nombre” se despliega por el terreno del thriller policial en una clara alusión a “El silencio de los inocentes” (1991), quizás la obra referencial moderna a este tipo de tramas, con el acertijo que puede ayudar a resolver una mente criminal, la mujer policía que se obsesiona con el caso y “las vueltas de la vida”, mejor dicho, de “tuercas”, en un desenlace contra el tiempo.
La película está basada en una exitosa novela, pero aquí no logra emprender el vuelo con un guion algo descuidado, donde el equilibrio entre el caso policial y el conflicto familiar se confunden, las actuaciones cumplen y, si bien la presencia de Robert De Niro debiera ser un elixir para verla y llenar la pantalla, no alcanza, porque el legendario actor apenas se motiva, quizás a estas alturas solo lo hace con el cineasta Martin Scorsese, y uno espera que al menos como sorpresa aparezca esa expresión que reflejó una violencia contenida como un ángel exterminador amenazante que preguntaba al vacío: “¿Me estás hablando a mí?”
Eso no ocurre y la película cae en lugares comunes poco creíbles, donde lo mejor es el aire claustrofóbico del secuestro, esa amenaza a través de las paredes y ventanas del nuevo susurrador y un enigma que, como Condorito, exige una explicación.
De ahí nada más, una película para pasar el rato con algo ya visto y cierta “brutez” para abordar un tema tan sensible como es el abuso sexual infantil.
Hasta la tramposa traducción del título al español daba para más, pero ni siquiera con eso alcanzó.




