Necrológicas
  • Ercilia Pinto Chacón
Domingo Cavallo

“Milei es más eficaz que popular”

Lunes 28 de Septiembre del 2026

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  • El exministro argentino sostiene que el rumbo económico del gobierno de Javier Milei es correcto,
    pero es vital combinar la lucha contra la inflación con la reactivación de la economía.

 

Un genio de la economía para sus seguidores; un hombre que no supo retirarse a tiempo -para otros- el exministro de Economía de Argentina escruta en esta entrevista el que a su juicio es el problema basal de ese país:la inflación.

De su trayectoria económica, el oficialismo ha tratado de explotar el sambenito que le quedó a este doctorado en Harvard por lo que hizo con el famoso “corralito”. Para muchos, esa decisión fue la tumba de Domingo Cavallo. Pero al cabo de algunos años su figura ha vuelto a descollar porque cuando opina de economía, se advierte que nada en aguas que conoce y domina.

Para escarmenar la economía argentina de hoy, con el rigor propio de su sapiencia, recurrimos a Domingo Felipe Cavallo, sin duda, figura preclara y certera para analizar el momento político y económico de la Argentina actual.

Nacido en la ciudad de Córdoba el año 1946, está casado y tiene tres hijos y tres nietos. Obtuvo su doctorado en Ciencias Económicas en la Universidad Nacional de Córdoba en 1970 y su PhD in Economics en la Universidad de Harvard, el añko 1977.

De su nutrido currículo cabe destacar cinco doctorados Honoris Causa de las Universidades de Génova, Torino, Bologna, Ben Gurión y París Panteón-Sorbonne.

Es miembro correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España, integrante del Grupo de los 30 y es presidente honorario de la Fundación Mediterránea.

Fue profesor en las Universidades Nacional y Católica de Córdoba y en las Universidades de Nueva York y Harvard.

Ha sido vicepresidente del Banco de la provincia de Córdoba, presidente del Banco Central de la República Argentina, dos veces diputado nacional, ministro de Relaciones Exteriores y dos veces ministro de Economía.

Suele venir una o dos veces al año a Chile por diversas razones, ya sea a reuniones o conferencias. Cuenta con una legión de amigos… y de todos los colores políticos.

Se declara un admirador de nuestro país, de su dirigencia política, tanto de derechas como de izquierdas.

Subraya que Chile es una sociedad muy bien organizada y -por supuesto- admite que la calidad del vino chileno es excepcional…

– ¿Lo ha probado?

– Por supuesto. Cuando no tomo vino argentino en el interior, pido siempre vino chileno. 

Asumiendo la cartera

– Usted asume como ministro de Economía en 1991 y hasta 1996. La política ecomómica durante su gestión no se circunscribió al Plan de Convertibilidad, sino que también implicó lo que los economistas denominaron Reformas Estructurales: privatizaciones, desregulación, apertura de la economía, cambios del sistema previsional, entre otras medidas. Por otra parte, las actuales autoridades económicas argentinas no le dan derecho a opinar sobre economía, pues argumentan que usted es el autor del tristemente recordado “corralito”. ¿Cómo justifica hoy esa medida? ¿Haría todo de la misma manera?

– Haría apenas una cosa diferente. La reestructuración ordenada de la deuda, a fin de reducir las tasas de interés, que se lanzó en noviembre de 2001, debió haberse hecho en septiembre.

– ¿Por qué?

– Porque el 1 de septiembre habíamos recibido el apoyo y compromiso de ayuda del FMI y del gobierno norteamericano para la reestructuración de la deuda. Pero tuvimos mala suerte. Decidimos, equivocadamente, aplazar la reestructuración de la deuda para después de las elecciones (locales) del 14 de octubre. Eso fue fatal…porque con los ataques del 11-S, Estados Unidos no prestó más atención a la Argentina. Luego, el director del  FMI, Horst Koehler, tuvo actitudes erróneas. Para Argentina, Koheler fue un desastre. El día en que llegamos a más del 50% de la deuda, básicamente deuda interna, él anunció que se cancelaba el programa. Eso provocó pánico…las personas comenzaron a sacar dinero de los bancos y nos obligó al “corralito”.

“El fenómeno de la hiperinflación se

desata en Argentina
el año 1989”

– ¿Por qué el inicio del plan de Convertibilidad iniciado por usted bajo la administración de Menem tuvo tantos detractores?

– Porque Argentina sufre de estatitis elefantiásica, lo que tanto daño ha hecho al país. No se le puede recargar todo al Estado.

Pero recordemos que tras la liberalización financiera trazada el 1 de abril de 1991, el índice de precios retrocedió hasta el 20% anual en el primer año, poco más del 1% mensual, para luego profundizar su senda a la baja, en un contexto de “fuerte expansión donde el PBI trepó un 10%”.

La renuncia ante
un showman

– El viernes 26 de julio de 1996 dejó usted de ser ministro de Economía. Renunció…¿o lo echaron?

– Renuncié. En realidad había renunciado quince días antes y esa misma semana había reiterado mi renuncia. Cuando ese día fui a ver a Menen le propuse que me reemplazara por Roberto Alemann para que aceptara el cargo. Él insistía en que no podía aceptarme la renuncia porque no tenía con quien reemplazarme y Alemann no le daba confianza.

Entonces, Menem decidió montar un verdadero show y mostrar que él me echaba del Ministerio de Economía.

– ¿Cuál es la explicación de ese show, ¿cuál es la explicación de la diferencia tan grande entre el Menem de 1989-95 y el de 1995-99?

– Sin duda, la ambición de Menem de ser de nuevo candidato presidente en 1999 y asegurarse de que en la opinión pública los logros que él consideraba muy valiosos de su gestión de ninguna manera fueran compartidos conmigo. Por otro lado, en el segundo mandato, se rodeó de muy malos consejeros. Ya no estaban cerca de él ni Bauzá ni Eduardo Menem, y prácticamente sólo hablaba con Corach y Kohan. Tenía un jefe de gabinete pasivo, Jorge Rodríguez, y se manejó con un criterio completamente diferente del que había empleado en el primer mandato.

Yo recién percibí esto muy claramente durante el año 1996. Y es que durante el año 1995 todavía confiaba en que Menem estaba determinado a gobernar bien, como lo había hecho durante el primer mandato. Pero, a comienzos de 1996 recibí señales muy contundentes, como el pedido de renuncia de la conducción del Correo que hizo por radio, bajo el argumento de que una cámara había conformado un procesamiento totalmente injusto. Él antes había protegido a procesados y sin embargo en este caso expulsó al presidente y al director del correo por radio.

– ¿Y cuál fue su actitud?

– Yo no opuse obstáculo a las renuncias, pero resolví que a partir de allí, el Correo y toda el área de las comunicaciones pasaran a depender directamente del Presidente, y no tuviera nada que ver con el Ministerio de Economía, porque además veía desesperación en algunos malos consejeros de Menem de meter mano en el tema de la regulación telefónica.

– ¿Y por qué no renunció entonces?

– No renuncié porque aún había dudas respecto a la reactivación y la convertibilidad. Sin embargo, el día que Menem decidió nombrar a Elías Jassán ministro de Justicia, para mí se tornó imposible seguir en el gabinete, porque sabía que Jassán era de prácticas delincuenciales y era él quien llamaba a los jueces y los instruía en la persecución que se había hecho contra Parino y contra mí.

Poner a Jassán en el Ministerio de Justicia fue una bofetada al sentido común del ciudadano argentina.

La Argentina hoy

El presidente Javier Milei señala que la clave de una estabilización exitosa y reactivadora, es organizar bien el sistema monetario, cambiario y financiero, como lo organizó la Ley de Convertibilidad.

– ¿Qué consejo le daría?

– Los primeros meses de Milei han sido prometedores.

Ahora bien….creo que más importante que baje la inflación es que haya reactivación y la economía crezca no al 3% sino al 8%”

En este sentido considero en que el gobierno libere el cepo y el mercado cambiario para dinamizar más la actividad y evitar riesgos de cara a las elecciones de 2027.

Milei tiene que recrear la esperanza de mejoramiento de la calidad de vida de las familias como hizo en 2023.

Este gobierno debe seguir y mantener el rumbo de una economía de mercado. Tendrán que pensar una economía con equilibrio fiscal o cercano a él, una economía más abierta y menos intervencionismo dados los compromisos de deuda. Pero la tentación populista de cierto peronismo estará presente y puede llevar a que Argentina desbarranque otra vez.

– ¿A qué lo atribuye?

– En Argentina la gente es inmediatista. La gente puede estar desilusionada de la economía de libre mercado, con equilibrio fiscal y eso es lo que yo veo que incluso del propio espacio de Milei le advierten al Presidente de que se necesita que la economía llegue a la gente y que sea en beneficio de ella.

– He estado varias veces en Argentina y noto que se trata del país sudamericano que más abomina de los Estados Unidos, lo que no es nada de edificante. El propio Sarmiento decía, no miren a Europa.

– Sarmiento admiraba la cultura europea pero quedó impactado por la capacidad de proyectar esa cultura hacia el futuro y transformarla en mejor calidad de vida, que observó en los Estados Unidos. Sarmiento le prestaba más atención a lo potencial, a lo posible, a las oportunidades, que a la herencia o a lo que otros habían creado en el pasado.

Volviendo a la
Argentina actual

– Muchos señalan que el gobierno de Milei debe volcar más dinero a la calle…

– No hay que confundir esto un ‘plan platita’. Milei parte del supuesto de que cae la inflación y la gente percibirá que eso la beneficia. Y está bien pensar así. Pero que haya recesión en ciertas áreas de la economía y pocas perspectivas de mejoramiento en el empleo y los ingresos de las personas, las hace sentir mal. Por eso el riesgo de reversión de las políticas es mayor en la medida en que el plan no produzca una sensación de más bienestar entre la gente que votó a Milei, que son no sólo los que están ideológicamente muy convencidos con él sino que bien lo acompañaron por una esperanza de que él les iba a mejorar mucho la situación.

– ¿Cree, como dicen muchos economistas, que en estos años la teoría económica se ha corrido ideológicamente a la izquierda, más lejos de la ortodoxia y más cerca del keynesianismo?

– Creo que la ideología de cada época depende de los problemas que predominan. Cuando el problema era la inflación, en los años 70, obviamente las recetas no podían ser keynesianas y había que buscar soluciones más en línea con la Escuela de Chicago. Pero cuando los problemas en los países centrales son la recesión y el riesgo de depresión con deflación, sin duda que renacen o cobran vida las políticas de tipo keynesianas. Pero no es una cuestión puramente ideológica, como la quieren plantear: es una cuestión de la realidad. La teoría económica y las políticas económicas que se pueden extraer de la realidad tienen que ser y son esencialmente pragmáticas. Antes que nada hay que mirar la realidad histórica y geográfica sobre la cual hay que actuar. No se pueden dar recetas universales, permanentes, como pretenden muchas veces las ideologías.

– Usted también restringió la posibilidad de emplear los dólares cuando fue ministro…

– No, no, no. Usted podía pagar con una tarjeta de crédito, de débito en dólares.

La restricción vino con la pesificación y la devaluación. Ese fue el momento…ahí fue cuando a la gente le robaron sus ahorros. En aquel momento se podía pagar con cheques. Uno compraba una vivienda, no necesitaba sacar los dólares del banco y llevarlos a una estibanía.

Todo lo que ocurre ahora tiene que ver con un retroceso que se produjo por presiones de los sectores interesados.

Nosotros teníamos capacidad productiva. Toda la exportación de soja tiene que ver con las reformas que se hicieron en los 90 en el sector agropecuario que permitieron una expansión de la frontera de la soja y también un aumento de la productividad impresionante en el sector exportador.

También hay que considerar toda la inversión que se hizo en infraestructura. Por ejemplo, en el río Paraná. El dragado del río, los puertos sobre el Paraná, la privatización de los elevadores, los ferrocarriles que en materia de carga funcionan muy bien. Todo eso es lo que ha permitido este crecimiento de la Argentina. Y por supuesto hay que considerar la bonanza internacional que es favorable a nosotros.

Está bien que se diga que estamos creciendo a tasas chinas…aunque habría que interpretarlo como que es gracias a China, porque es la gran demanda de China la que ha permitido este crecimiento, y las inversiones de los 90. Porque en los sectores claves de la economía no se ha invertido en esta última década.

Imagínese en energía…¡ni hablar!

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