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“Digger”: Exagerando la nota

Domingo 4 de Octubre del 2026

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Por Guillermo Muñoz Mieres,

periodista

Estados Unidos, Inglaterra, México, 2026

En salas de cine de Punta Arenas y Natales

 

“Digger” se estrena en Magallanes y el mundo anunciando de forma previa que podría ser la película que le otorgue el Oscar a Tom Cruise, un nombre que es leyenda en Hollywood y que, si bien ya recibió la estatuilla de forma honorífica, no es lo mismo hacerlo como Mejor Actor y, de seguro, con la ovación de pie de sus colegas.

Pero otra cosa es con guitarra y, aunque a Tom Cruise le sobran acordes, aquí abandona las acrobacias como el agente Ethan Hunt de “Misión Imposible”, el piloto aéreo Maverick de “Top Gun” o el ex policía “Jack Reacher”, para convertirse, a punta de maquillaje y prótesis, en Digger Rockwell, un magnate petrolero que tiene línea directa con el Presidente de Estados Unidos y que vive más preocupado de su ya desahuciado gato que de los riesgos que viven sus trabajadores perforando un glaciar en Groenlandia, hasta que se desprende un gran trozo que amenaza avanzar sobre Europa y acabar con millones de vidas, iniciando un pandemonium donde se mezclan los poderes y nadie sabe quién manda a quién, si el Presidente a Digger o Digger al Presidente, o manda el capitalismo salvaje que, al final, nada puede hacer contra el cambio climático.

Sin embargo, lo que acontece en el relato no es lo importante, porque películas sobre desastres ecológicos hay por doquier, sino el tono en que se expresa cada personaje, exagerando sobre la exageración, bordeando el melodrama, la caricatura, la representación teatral y una sensación de falsa realidad que, luego se revela, no era una idea tan disparatada.

El director de esta “orquesta de exageración” es el mexicano Alejandro G. Iñárritu, que nunca se queda tranquilo con la historia que tiene entre sus manos y donde su mayor preocupación no es contarla sino cómo hacerlo, cayendo a veces, para bien o para mal, en el pecado que anunciaba el cineasta chileno Raúl Ruiz sobre sus coterráneos, de que lo simple lo vuelven más complicado y por eso la fórmula de la historia fragmentada en “Amores perros” (2000) o “Babel” (2006); el plano secuencia interminable de “Birdman” (2014) o la profundidad de campo en “El Renacido” (2015).

Y ahora en “Digger” emplea la fórmula de la sátira anticapitalista, con Tom Cruise por fin envejeciendo, John Goodman irreconocible como Presidente de Estados Unidos, con un rostro que recuerda al ex Presidente chileno Frei Ruiz-Tagle; una dirección de fotografía de gran factura que termina sometida -por no decir arrodillada- al discurso y donde todo lo que se dice y muestra se vuelve algo ridículo después de Donald Trump.

Y si Iñárritu quiso entregar en el personaje de Digger Rockwell una reflexión sobre la soledad del poder, tributando a “El ciudadano Kane” (1941), Orson Welles, desde su tumba, le debe estar diciendo: Mejor siga concursando.

Lo que no es especulación es su intento de emular el tono que usó el legendario cineasta Stanley Kubrick en “Dr. Insólito” (1964), también conocida con el título “Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar a la bomba”; donde, sin perder el foco, satirizó sobre la paranoia de la Guerra Fría con la amenaza nuclear y, en la última escena, un piloto cowboy llevado por la adrenalina se monta sobre un misil para arrojarse al vacío y ser parte de la eternidad del hongo atómico.

Lo que quizás le faltó a “Digger”: Tom Cruise arrojándose desde el avión presidencial sobre un glaciar. Allí el Oscar le llega seguro.

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