Gigliola Papic, la joven que hizo del fin del mundo el punto de partida de su historia musical
Desde Puerto Williams, donde vive desde 2018, Gigliola Papic Barrera ha construido una historia musical que la llevó a convertirse en la violinista de Foji más austral de Chile. Tiene 18 años, comenzó a tocar a los 13 y este año culmina cuatro años de participación en la orquesta, experiencia que le permitió ampliar sus conocimientos, compartir con otros músicos y enfrentarse progresivamente a escenarios que al comienzo le provocaban nervios.
Su vínculo con el instrumento comenzó incluso antes de tomar sus primeras clases. Cuando la familia llegó a Puerto Williams, le regalaron un violín. La familia de Gigliola es originaria de Santiago y se trasladó a Cabo de Hornos en 2018 por motivos laborales de su padre. Así, llegaron al extremo austral con el instrumento, pero sin conocimientos sobre cómo tocarlo.
Fue en una actividad realizada en Puerto Williams, en la que participaron músicos provenientes de Puerto Natales, cuando se abrió una primera posibilidad de formación. Gigliola comenzó a recibir clases de violín a distancia y mantuvo ese sistema durante la pandemia. Posteriormente, uno de sus profesores le recomendó postular a la orquesta, oportunidad que finalmente le permitió iniciar este camino.
La formación a distancia también le permitió acceder al profesor Dorian Lamotte, quien aceptó hacerle clases pese a que habitualmente trabajaba con violinistas de mayor nivel. De esta manera, Gigliola pudo mantener una preparación que, debido a su lugar de residencia, difícilmente podía desarrollar de manera presencial y permanente.
Siempre fue una buena experiencia estar en la Foji y me ha ayudado a crecer también como violinista porque tenemos que leer muchas partituras nuevas. Aprender también sobre la historia de la música”, relató.
Gigliola es la única participante de Puerto Williams en la orquesta y, según recuerda, no ha conocido otro caso de un músico de esa comuna que haya postulado a la agrupación.
Esa distancia geográfica también ha significado enfrentar una realidad distinta a la de quienes viven en ciudades donde existen mayores posibilidades de acceder a profesores, talleres y espacios de formación musical. En Puerto Williams, cuenta, existen jóvenes que tocan instrumentos, pero las oportunidades no siempre son conocidas.
La joven reconoce que los primeros escenarios implicaban nervios, pero la experiencia acumulada durante estos cuatro años le ha permitido enfrentarlos de otra manera.
“Todo lo que viene con tocar violín es que necesitas mucha personalidad. Porque cuando eres un violinista te tienes que escuchar. No es un instrumento que pase desapercibido”, explicó.
“Entonces lo que me gusta del violín es que te obliga a sacar personalidad igual. Y es lo que me ha obligado a hacer a mí”, expresó.
Su preparación también ha dependido en buena medida de su propia organización. Gigliola intenta practicar alrededor de una hora diaria, aunque reconoce que no todos los días logra mantener ese ritmo. A diferencia de quien estudia en un conservatorio con horarios establecidos, su formación se ha desarrollado de manera más autónoma.
Este año, después de cuatro períodos, Gigliola enfrenta su despedida de la orquesta. El cierre de esta etapa tiene para ella un componente emocional, porque se trata de un espacio en el que no solo aprendió sobre música, sino que también construyó relaciones y adquirió mayor seguridad como intérprete.
“Lo cierro con mucho cariño porque igual lo encontré muy bien, y igual con un poco de tristeza. Pero yo sé que voy a tener más oportunidades de tocar en otras orquestas, y por eso me voy más con cariño porque aprecio lo que me han impulsado a hacer, que me impulsaron a desarrollar este cariño por la música”, concluyó.




