Semiserio: Del pesado de Judd a “¿Qué culpa tiene Fatmagul?”, la adaptación regional de la teleserie turca
A riesgo de que me llame el mismísimo Marco “Narco” Rubio y/o los chicos de la CIA me encuentren algún parentesco con organizaciones terroristas, hay que decirlo: ¡Por Dios que es pesado el embajador Judd!
Desde que llegó a la capital de Chilito lindo, el hombre no ha parado de hablar y decir pesadeces tras pesadeces… O se le escapan los enanitos pal bosque o, derechamente, el Mr. es antipático. Como diría Cantinflas: “¡Ahí está el detalle! Que ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”.
Brandon le disputa a Luis Miguel el mote de “Chupete de Fierro”. Aunque, como estamos en modo bélico, deberíamos decir que el “man” es más pesado que tanque a pedales (pedal-powered tank, traduzco para que él nos pueda entender).
Peor que en las telenovelas
Ya sabemos que los políticos no son de los trigos limpios, pero el comidillo en Puq está peor que drama de telenovelas, esas que llegábamos a mirar con ansias al salir del colegio o de la pega. En los 80 y 90, la TV estaba inundada de las teleseries mexicanas y venezolanas con títulos como “Lucía sombra”, “Muchacha italiana viene a casarse”, “Cuna de lobos”, “Corazón salvaje” o “La usurpadora”… Hasta que comenzó la producción chilena, con “Amores de mercado”, “Machos”, “Romané”, “Pampa ilusión”, “El señor de la querencia”, “¿Dónde está Elisa?” y “Brujas”, entre tantas.
Claro, sólo hasta que las ciudades siguieron creciendo, se extendió el funcionamiento de los centros comerciales y la micro dejó de pasar… Todos comenzamos a llegar a la casa cerca de las 22 horas. Entonces, los canales apostaron por poner las telenovelas en horario nocturno. ¡Fue grito y plata! Y allí comenzaron a irrumpir las series turcas. ¿Cómo olvidar las intrigas, traiciones y conspiraciones de “El Sultán”, exitosa serie sobre el mismísimo Suleimán, El Magnífico; o la victoria del amor que doblegó al frío y calculador Onur Aksal en la serie “Las mil y una noches”? Literalmente medio mundo quedó enamorado del actor turco que protagonizó ambas teleseries, el buenmozo Halit Ergenç. Sus ojos celestes, su porte, su sonrisa…
¿Cómo no recordar la trama cuasi gansteril, cruzada por el dilema amor u odio de “Ezel” con el galán Kenan Imirzalioglu, quien protagonizó a Ezer, y Sarp Akkaya como su incondicional Tefo (matón simpático)?
La crudeza del melodrama “¿Qué culpa tiene Fatmagul?” cautivó a todos los hogares chilenos con la historia de la muchachita violada por un grupo de jóvenes ricos, quien busca justicia y termina enamorándose del niño pobre que -oh, sorpresa para ella- le confiese que también había estado presente esa noche infernal…
Tramas y dramas que nos hablan de ciegas que recuperan la vista, niñas pobres que se enamoran de hombres ricos, empleaditas que se convierten en empresarias y gente despreciada que termina triunfando, todo ello cruzado por preguntas recurrentes como: ¿De quién es la guagua? O frases icónicas como: “¡Puja, Cassandra, puja!”.
La política regional ahora está sacudida por una intriga digna de alguno de estos guiones. Una mezcla entre las empleaditas de “Brujas” y “Fatmagul”. Todo en procura de hacer justicia.
¿Está todo caro?
Al igual que Cantinflas, tengo una duda: ¿Está todo muy caro o es que yo soy pobre? La gente ocupa cada vez menos el carrito del supermercado, porque sale sólo con un par de cosas en las manos.
La economía doméstica está malandra y sólo nos queda seguir el consejo del cómico mexicano: “Trabajen chatos, que Dios nos creó hermosos, pero olvidó hacernos ricos”.
Más encima el ministro Quiroz, cual Freddy Krueger, anda tijereteando el presupuesto de las regiones, desconociendo que la inversión pública es la que genera obras y las obras, empleo. Razón tiene nuestro Gober de andar choreado con Kast y su people. Se le ha visto patear piedras por la costanera cantando, cual Amanda Miguel: “El me mintió…”. Y, con el rostro mojado expresa su reclamo: “Mentiras, todo era mentira. Palabras al viento. Tan sólo un capricho que el niño tenía…”.
¿De qué valió el despliegue de ministros y parlamentarios que, en un pretendido acto de defensa férrea respecto de la soberanía del estrecho, ofrecieron ayuda, inversión pública, más trabajo, más seguridad, más condiciones para el desarrollo de Magallanes y su gente?
Me disculpará la presidenta del Senado, Paulina Núñez, pero la declaración emitida a orillas del estrecho fue, literalmente, puras palabras al viento. ¡Nos mandaron feroz manotazo al presupuesto 2027! Hasta cortaron el programa “Yo Aperro”, los muy, muy.
Por eso, nuestro Gober tiene el derecho, a lo Buddy Richard, de cantar: “… Y fui creyendo en ti sin sospechar que sólo estaba frente a una profesional de la ¡mentira!… Y yo que me creía en tu destino, no fui sino uno más en tu camino”.
Pero, las únicas estrofas que no queremos que Jorgito interprete son éstas: “Me marcho, mordiéndome de rabia y de tristeza. Me guardo mis afanes de grandeza. Jugué a ganar y sólo he conseguido un puesto en el reparto del olvido”.
¡Nooo, Gober, nooo! La próxima vez que vayas al Senado, debes, como Cocciante, cantarle a Paulina: “¡Bella sin almaaaaaa!”.
Acá cabe otra máxima cantinflesca: “No sospecho de nadie, pero desconfío de todos”.
Nuestro propio Punta Peuco
Más encima, empobrecidos como estamos, con los argentinos envalentonados y con Judd amenazándonos a diestra y siniestra, nos mandan a un malulo, malulo y nuestro humilde penal se convierte en el Punta Peuco de la Patagonia. Kast y sus boys nos están viendo la cara.
Como la alcaldesa
de Hualaihué
Falta nos hace tener una alcaldesa como la de Hualaihué, de la Región de Los Lagos, quien se mandó un reel titulado “Sacarse la ropa” para denunciar públicamente al “pata de vaca” de Quiroz, cuando dijo respecto del alza de los combustibles: “Hoy nadie consume parafina porque, a estas temperaturas, la verdad que el consumo es mínimo”. Por supuesto, pensaba en Santiago y sus calores.
Entonces, irrumpió en redes sociales ella, la valiente, la alcaldesa de Hualaihué, quien, en un día nublado, con llovizna, a orillas del lago y con bandera chilena al hombro enfrentó al hombrón de las arcas fiscales: “¡Puta, estoy que me saco la ropa!… No necesitamos parafina, no necesitamos calefacción porque aquí, mire, el calor que hay”. Y, luego, repasó también al ministro Alvarado, aludiendo a su calidad de chilote y, por lo tanto, de conocedor de la realidad del sur.
La alcaldesa lanzó, luego, la pregunta lacerante: “¿Cómo no se van a juntar todas estas cabezas pensantes y no se van a dar cuenta del disparate que acaba de decir el ministro Quiroz?”.
Brava la alcaldesa.
¿Y, nuestro alcalde? Poco se ha sabido. Más encima, hasta invitó al pesado de Judd a Puq, pese a que acaba de decir que no hay territorio antártico que pertenezca a Chile. ¿Dónde estuvo el alcalde de la Ciudad Antártica? ¿Qué nos está pasando, Claudito?
Judd hay que declararlo “persona non grata” o subirlo de polizón en la embarcación de irá a las Malvinas/Falkland. Como no faltan los afiebrados que quieren convertir a la Armada argentina en los hutíes del Atlántico Sur, sería tamaña sorpresa que cuando salgan a interceptar la nave se encuentren con el mismísimo Brandon abordo. Una sola llamada a Marco Rubio haría que el Orangután naranja saque el USS Gerard Ford del estrecho de Ormuz y lo envíe al sur-sur a rescatar a su embajador. ¡Junten miedo, piratas de pacotilla!
Bueno, eso sería soñar mucho porque el mismo Brandon ya nos amenazó con dejarnos solos si Chilito no hace caso a los requerimientos del bravucón de Trump y su corte de trumpitos.
Es tanta la injusticia que necesitamos más alcaldes y alcaldesas como Cristina Espinoza para que, entre otras cosas, respondan al llamado de los consejeros regionales y, junto al Gore, hagan un programa para entregar computadores a los niños y jóvenes vulnerables, luego de la genial idea de Quiroz de eliminar el programa “Elijo mi PC”. Necesitamos Chapulinas y Chapulines Colorados que respondan al clamor de los vecinos: “Y ahora, ¿quién podrá ayudarnos?”.
Ojalá, eso sí, que no sean los PC de palo que, en algún momento, se regalaron en Puq, destrozando la ilusión de más de algún peque.
El Tío Sam nos tiene mala
Siempre pensé que era un tanto cursi la manida frase sobre la importancia de estudiar la historia, aquella que reza: “Hay que conocer el pasado para comprender el presente y proyectar el futuro”.
Pero, ¡puchas que es cierta!
De la mano del profe Peralta, entendí recientemente que la culpa no es del pesado de Judd, sino que el embajador sólo nos expresa la animadversión que nos tiene el Tío Sam desde el inicio de los tiempos.
Y, ante tanta antipatía, necesitamos un Diego Portales que enfrente a los rufianes que están en la Casa Blanca y sus alrededores. Preclaramente, Portales advirtió en marzo de 1822 que la Doctrina Monroe era pura… ¡patraña! Un embuste, un artilugio.
Al escribir a José M. Cea, se refirió a los dichos del Presidente de Gringolandia en el contexto de la independencia americana: “Se reconoce que la América es para estos”.
Pero, nuestro Diego no sólo era comerciante, sino que muy astuto y no se dejó engatusar: “¡Cuidado con salir de una dominación para caer en otra! Hay que desconfiar de esos señores que muy bien aprueban la obra de nuestros campeones de liberación, sin habernos ayudado en nada: he aquí la causa de mi temor. ¿Por qué ese afán de Estados Unidos en acreditar Ministros, delegados y en reconocer la independencia de América, sin molestarse ellos en nada? ¡Vaya un sistema curioso, mi amigo! Yo creo que todo esto obedece a un plan combinado de antemano; y ese sería así: hacer la conquista de América, no por las armas, sino por la influencia en toda esfera. Esto sucederá, tal vez no hoy; pero mañana sí. No conviene dejarse halagar por estos dulces que los niños suelen comer con gusto, sin cuidarse de un envenenamiento”.
“Más claro, clarinete”, diría un periodista español. O: “Blanco y en vasija, leche fija”.
Chuta que era sagaz Portales. ¿Cuánta falta nos haría un hombre así sentado en La Moneda o en el seguno piso? Por el contrario, tenemos a una manga de asesores que, por lo visto, saben poco de diplomacia y de las cuestiones internacionales. ¿Sabrá “el Yeti” dónde queda el estrecho de Magallanes?
Al menos, nuestro vilipendiado Canciller Pérez Mackenna advirtió en su interpelación: “No somos ingenuos” frente al conflicto con Argentina por el paso bioceánico y salió rápidamente al paso al insufrible y petulante Judd: “No necesitamos el apoyo de nadie para defender nuestra soberanía”.
Ahora, con tanta frase amenazadora sobre el estrecho, la Antártica y las Malvinas/Falkland, tenemos a nuestros parlamentarios dando cátedra de política exterior cual yerno que quiere impresionar a sus suegos mostrando sus conocimientos de geografía en la primera cena familiar.
Dicho sea de paso, en un importante diario de la capital pusieron una foto de un fiordo diciendo que era el estrecho de Magallanes.
Tío Sam y la amenaza
de guerra
El pesote de Judd sólo nos recuerda la arrogancia y el menosprecio con que Tío Sam nos ha mirado desde el principio. Los gringos se han hecho los tontos, pero a lo largo de la historia varios de nuestros Presidentes han debido pararle el carro a los pinches cabrones. ¿No estuvieron al aguaite en la bahía cuando los españoles bombarderon Valparaíso? ¿No intervinieron soterradamente en la guerra contra Perú y y Bolivia y no estuvieron apoyando, luego, a los peruanos?
Pocos saben -porque poco se lee y se estudia historia- que Chile fue una potencia de ultramar en algún momento del siglo 18 y llegó a intimidar a la US Navy cuando andaban conspirando en Panamá, Colombia apoyando a fracciones secesionistas.
Hasta que tuvimos que pedir disculpas tras la gresca y la amenaza que se nos hizo de declararnos la guerra por la supuesta afrenta sufrida en un bar en Valparaíso. Fue el caso Baltimore, de 1891.
Y, no faltaba más, el oportunismo argentino no se hizo esperar. Inmediatemente el Canciller trasandino, un tal Estanislao Zeballos, ofreció ayuda material y moral al gobierno de USA para invadir militarmente Chile en dos frentes. ¡Cabrones!
Luego, se dio vuelta la tortilla y aquí estamos con un par de chalupas recorriendo nuestra larga costa y Gringolandia con feroces portaaviones, aunque en la guerra contra Irán ha quedado demostrado que no tienen ni para alimentar a sus tropas abordo.
Más allá del caso Baltimore, el orgullo hinche nuestro corazón, pues hubo muchos Presidentes chilenos que mostraron su corage y defendieron no sólo los intereses nacionales, sino que se opusieron a USA a lo largo de nuestra historia común. ¡Viva el roto chileno!
El agravio de Walt Disney
Capítulo aparte fue la artimaña del Tío Sam, en el marco de su política del “buen vecino”. Nos mandó al mismísmo Walt Disney en 1941 y este nos humilló. En efecto, en tiempos de la II Guerra Mundial, el artista creó la serie “Saludos amigos”, para acercar a la nación del norte a Latinoamérica y representó a Chile como un pequeño avión-correo que cruza la cordillera de los Andes y debe enfrentarse a un feroz cóndor.
Le puso Pedrito por el Presidente Pedro Aguirre Cerda y no cayó nada de bien la historieta. La decepción fue muy grande entre los chilenos. Para responder a la humillación de Disney, nuestro Pepo creó Condorito.
Así, las cosas, desenpolvando libros y gracias a la divertida clase del profe Peralta, uno comienza a conocer el pasado, para entender el presente y proyectarse al futuro.
Ahora, que Judd es pesado, es pesado.
Y, si en estos tiempos con aires de guerra hay que dar un paso al frente, no nos quedará más que darlo. Pinches gringos; pinches argentinos. León Milei, no sabes con la chichita con que te estás curando. Trump, seremos peores que la Guardia Revolucinaria Islámica. El papelón del estrecho de Ormuz será nada comparado con la defensa del estrecho magallánico, la navegación hacia el archipiélago y el territorio antártico chileno.
Aunque, como bien lo dijo Cantinflas, “si se necesita un sacrifio, renuncio a mi parte y agarro la suya”. Lo que se puede traducir en “soldado que arranca sirve para otra guerra”.




