Necrológicas

Luto en Playa Norte: muere la histórica dirigenta social y ex presa política Nancy Aguila Barría

Viernes 23 de Octubre del 2026

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Por Poly Raín
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A los 77 años de edad dejó la existir en Punta Arenas Nancy Magali Aguila Barría. Era una antigua y querida vecina del sector Playa Norte, donde por más de 50 años desplegó un incansable trabajo como dirigenta social a favor de su población y de los más desposeídos. Se destacó su permanente compromiso y entrega con su barrio y su lucha por conseguir mejoras para su comunidad. Era una reconocida peluquera, que en enero de 2013 fue golpeada por la desgracia de perder su hogar y salón de belleza, como consecuencia de un devastador incendio en el pasaje Club Hípico. Sin embargo, a poco andar y gracias a la solidaridad de muchos, volvió a ponerse de pie.

En su juventud, siendo militante del Partido Comunista, fue detenida y torturada en los inicios del Golpe de Estado, en 1973. En 2024 ganó una demanda por indemnización de perjuicios al Estado junto a otras exdetenidas políticas de la época, y en agosto pasado la justicia penal condenó a 10 años de cárcel a dos de los militares en retiro por el delito de secuestro con grave daño. Había nacido en Porvenir el 17 de octubre de 1949.

Desde el expediente civil, rescatamos el relato de Nancy Aguila contenido en la demanda contra el Estado presentada en febrero de 2021, ante el Segundo Juzgado de Letras de Punta Arenas.

“Fui detenida el 13 de septiembre de 1973 en Porvenir, donde me encontraba en el domicilio de una tía en esa ciudad. En esa fecha tenía 23 años y pertenecía al Partido Comunista, había ido a esa ciudad a organizar una conferencia de mujeres comunistas. Alrededor de las 7,30 horas me encontraba durmiendo y siento pinchazos en la espalda, percibiendo que era herida con bayonetas por personal militar, dirigidos por quién más tarde supe, era un teniente de apellido Mercado. Me preguntaron ‘¿Usted es la señorita Nancy Águila?’, Mercado me dice: ‘usted se va a tener que levantar’. Pregunto el por qué de mi detención, contestando este ‘¡levántese no más!’. Dos soldados me toman y me sacan bruscamente de la cama, insisto en que no tienen por qué tomarme presa, señalando el teniente que no hiciera las cosas más difíciles. Los militares salieron de la habitación dejando la puerta entreabierta, apuntándome con una metralleta. Me indican que me saque el pijama y me vista, a lo que me negué mientras me siguieran observando. Me voy a poner un polerón rojo para que sepan que soy comunista, les grité añadiendo van a esperar que me pinte porque yo no salgo a la calle sin maquillaje, dirigiéndome al baño donde puse el pestillo a la puerta y comencé a maquillarme, gritándome los funcionarios que saliera. Me sentía sola y aterrada, contestándoles con insultos. Mercado derribó la puerta de una patada, me sacaron de la casa subiéndome a un jeep militar sin techo, aún sin vestirme, pero afortunadamente mi tía pudo alcanzarme un abrigo cuando me sacaban de la casa. Mercado dice: ‘Vamos a pasear a esta concha de su madre para que sienta vergüenza’. Mucha gente me saludaba con pañuelos, yo pensaba que sabían de qué se trataba y era una despedida. Mercado me preguntaba constantemente: ‘¿Está asustada la señorita?, ¿tiene miedo la señorita?, ¿no tiene miedo la señorita?’”.

Enseguida su narración la sitúa en el Regimiento Caupolicán: “Al llegar varios soldados rodean el jeep y uno me ofrece una mano para que me baje, la que rechazo y me tiran al suelo, luego me llevan a la guardia, donde el coronel Augusto Reiger Rago ordena a los soldados que me saquen de ahí. Me llevan a golpes y empujones a una pequeña pieza de cemento, donde sólo había una banca de madera. Permanecí ahí hasta el día siguiente, aproximadamente a las 10 horas, donde un grupo de soldados me saca y me llevan delante de Reiger, quien me insulta, luego me pregunta si hice cursos de enfermería, contestando que no, luego me dice que yo iba a Porvenir a envenenar el alma de los niños y de las personas. Luego se para frente a mí y me escupe, comenzando a zamarrearme y me pregunta si sabe dónde están las armas escondidas y me señala que no debo negar que hice cursos de enfermería para atender a los comunistas, lo que me hace reír reaccionando con enojo Reiger, me golpea con sus puños. Al día siguiente me vuelven a llevar ante Reiger, quien repite todo el procedimiento de preguntas, golpes e insultos. En esta ocasión no me vendaron, así que pude observar todo lo ocurrido y a los intervinientes con claridad. Soy llevada al cabo de un tiempo indeterminado, de vuelta a la pequeña pieza de cemento. Una semana después, calculo, soy llevada por tercera vez a la oficina de Reiger ocurriendo lo mismo. Estuve 15 días en ese lugar sufriendo incontables interrogatorios, donde siempre era incapaz de contestar las preguntas: ‘¿Quiénes más son comunistas?’, no contestaría eso porque sabía que los harían sufrir mí mismo infierno. ¿Dónde están las armas?, no podía contestar dado que nunca tuve una, ni sabía de alguien que las tuviera. Pasé los primeros días sin comer y luego de un tiempo que no puedo calcular, me dieron una pobre alimentación, solamente lentejas y una vez, un pequeño pan”.

Ultimo interrogatorio

“En el último interrogatorio, el 28 de septiembre de 1973 calculo, Reiger me dijo: ‘Ahora te vas, ya no te voy a seguir alimentando, te vas a ir a tu pueblo, y vas a quedar firmando’. Me dijo que cambiaba la prisión del regimiento por una relegación en el pueblo, no podría salir de Tierra del Fuego y tendría que firmar dos veces al día. En ese momento por fin me quebré y pude llorar mucho. En cinco ocasiones que fui a firmar en la tarde al regimiento, me dejaron detenida en la misma pequeña pieza de cemento y el coronel Reiger me decía: ‘Hoy tenemos una tarde de recreación’. Entonces me sacaban al pueblo custodiada en vehículos militares, obligándome a lavar o borrar consignas alusivas a la Unidad Popular y algunas veces me llevaban al almacén de un señor de apellido Arrizaga, obligándome a revisar y revolver sacos de papas, supuestamente en la búsqueda de armas de los comunistas. Quedaba sucia, transpirada, llena de polvo y me volvían a encerrar en la pequeña pieza, liberándome al otro día”.

Firmó en la Comisaría de Carabineros de Porvenir hasta el 9 de mayo de 1974, fecha en que quedó en libertad debido a la llegada del coronel Uros Tomich, quien llego en reemplazo de Augusto Reiger. “En el intertanto solicité un salvoconducto para ir a Punta Arenas para poder ver a mis padres. El funcionario de Carabineros al que le hice tal solicitud me contestó: ‘¿Que te crees, que estás haciendo turismo?’”.

Recuerda que unos días después, dos agentes del Estado, “me fueron a buscar a la casa de mi tía y me ordenaron que fuera a cantar en la fiesta del Club 18 de Septiembre, encañonándome con sus armas diciéndome: ‘Pobre que no cantes’. Cuando llegué a interpretar la mitad de la primera canción me desmayé despertando atrás del escenario, observando como el señor Félix España, que años después fue concejal, insultaba a los militares, tras lo cual estos me llevaron a la casa de mi tía”.

Finalmente el 19 de mayo de 1974, ya de regreso en Punta Arenas, pudo volver a trabajar. “Producto de mi nefasta experiencia, torturas y golpes, quedé con secuelas epiléptico-psicomotoras, sufriendo en los primeros tiempos entre 6 y 9 crisis diarias, producto de lo cual hasta el día de hoy debo vivir tomando fármacos”, concluye su relato.

Sus restos están siendo velados en la sede vecinal de Playa Norte, calle Jorge Montt 0561, y sus funerales se realizarán este sábado a las 14,45 horas, saliendo en dirección a la Capilla Cristo Redentor y después al Cementerio Municipal. Nancy Aguila era hermana de la gestora cultural, folclorista e Hija Ilustre de Porvenir 2019, María Oriabel Aguila Barría.

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