Necrológicas
  • – Isolina Patricia Godoy Cárdenas

El relleno se llena de aire

Por Sebastián González Rivera Domingo 1 de Noviembre del 2026

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Quien haya entrado a un relleno sanitario en los últimos años habrá notado que la basura cambió. Hay más cajas, más envoltorios de despacho de courier, embalajes de logística y comercio electrónico, más envases de comida preparada, más plumavit y más bolsas cerradas. Es basura que pesa poco y ocupa mucho.

Ese cambio tiene un costo que nadie está midiendo. Un relleno se paga por tonelada, pero se agota por metro cúbico. Si la basura llega cada vez más liviana y voluminosa, las celdas se llenan antes de lo calculado y la inversión rinde menos años de los prometidos.

En el centro del país la respuesta es reciclar. En Magallanes no alcanza: el reciclaje funciona cuando hay una planta cerca o alguien subsidia el transporte, y aquí el flete cuesta más que el material. Por eso el cartón, el plástico y los envases terminan enterrados. No es falta de voluntad. Es geografía.

Esa geografía hace que la capacidad de nuestros rellenos valga más que en cualquier otra región. Puerto Natales construyó el suyo con más de 4 mil millones de pesos, y Punta Arenas y Porvenir llevan años trabajando para tener los suyos. Los tres se calcularon con la basura de ayer. Si cada tonelada ocupa más espacio del previsto, se llenarán antes de tiempo, y reemplazarlos aquí cuesta más que en el resto del país.

El aire enterrado tiene otro costo que Magallanes conoce bien: los incendios. En Impeg tuvimos a cargo la extinción del incendio de 2025 en el vertedero de Puerto Natales, y lo que vimos ahí explica por qué se repiten. La basura mal compactada deja huecos. Por ellos entra oxígeno, y en ellos se acumula el metano de la descomposición, un gas inflamable. El fuego queda bajo la superficie y puede arder durante meses.

Apagarlos ha costado caro. Para el incendio de 2022 el Ministerio del Interior destinó más de 395 millones de pesos y el gobierno regional cerca de 40 millones más. En 2025 el Estado contrató la extinción por más de 672 millones. Son más de 1.100 millones desde 2022. Según nuestros cálculos, esa suma habría alcanzado para uno o dos equipos de trituración con sus máquinas complementarias.

Apagar ese incendio nos enseñó cómo se evita el siguiente. Quien conoce una operación por dentro sabe dónde mejorarla, y la mejora es conocida: triturar los residuos antes de compactarlos. Una bolsa cerrada guarda aire aunque le pase una máquina por encima; una botella o un trozo de plumavit recuperan su forma. Triturado, ese material se acomoda sin aire atrapado. El mismo paso que ahorra espacio previene el fuego.

Las mediciones respaldan esa experiencia. Un estudio de la Universidad de Utah, de 2014, encontró que la basura triturada queda 65 % más densa y ocupa casi 40 % menos volumen. En Karratha, una ciudad aislada de Australia, un ensayo municipal proyectó extender la vida útil del relleno de 2038 a 2054. Esas cifras no se trasladan a Magallanes sin más, y por eso lo responsable es medir aquí antes de invertir. En IMPEG estamos disponibles para hacer esa medición junto a los municipios.

¿Cómo puede Magallanes ser la puerta de entrada a la Antártica, o hablar de soberanía, si sus servicios esenciales no funcionan como corresponde? Una región que recibe a científicos y visitantes de todo el mundo no puede tener vertederos que arden durante meses ni rellenos que se agotan antes de tiempo.

Magallanes no puede enviar su basura a otra parte, ni construir rellenos cada diez años, ni seguir pagando incendios. Su geografía le deja una sola variable que controlar: cuánto espacio ocupa cada tonelada que entierra.

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