El Chile real, está en otra
Diego Benavente M.
Ingeniero Civil
Regionalista
El acomodo de las fuerzas políticas post plebiscito debiera producirse después de realizar un análisis crítico profundo, sincero y descarnado de lo que en esa jornada expresó el país y cómo esto debiera influir sobre las distintas coaliciones, en especial aquellas que se identificaron con el Apruebo, como lo fueron Apruebo Dignidad, Partido Comunista y Frente Amplio así como el socialismo democrático, quienes debieran interpretar lo que el pueblo mandató o habló en el plebiscito. Ver los bordes con mucho cuidado, es clave.
Sin lugar a dudas, nuevamente tendremos el tema de los 4/7 y/o 2/3 como desafio para los procesos que se definan tanto en el Parlamento como, después, en la eventual nueva convención, de existir ésta. Si bien el criterio a usar es importante, también lo será el como se considera y se contempla que la minoría también participe de manera activa y se sienta parte del proceso. No es posible volver a tropezar con la misma piedra.
Temas como la paridad y otros asociados a las identidades, si bien es esencial que estén presente, no hay que forzarlos, como ocurrió con el reciente y frustrado proceso, donde, por ejemplo, se empujó la plurinacionalidad hasta el punto de generar situaciones que perjudicaron, incluso, el objetivo a cumplir. Desde el inicio de la convención fue como abusar del tema, no se creyó seriamente en una representación como debió ser, ésta fue más impuesta y no correspondía a la realidad, pareció una manifestación folclórica chabacana, más que un reconocimiento sincero y sentido al valor de los pueblos originarios.
Para variar, el centralismo nos vuelve a penar. ¿De qué vale para lo más selecto de la juventud chilena educarse en la capital y en las universidades grandes como su incubadora preferencial, si al llegar vía el Frente Amplio y sus colgajos a gobernar, lo hacen sin tener visión ni espaldas de país, donde han cometido una serie de errores que se ha estado viendo y seguirá viendo por la inexperiencia y la falta de calle y de real conocimiento de la realidad que experimenta el país en sus distintos sectores y territorios? La incubadora capitalina ha fracasado una vez más y de manera alarmante, “empoderando” falsamente a una juventud que llegó al gobierno sin tener dedos para el piano y sin haber pasado por alguna eliminatoria o clasificatoria, que podría haber servido para seleccionar y aterrizar su alta autoestima y soberbia, así como evitar el que sometieran al país a tantos bochornos. No bastaba sin duda el tener experiencia de algunas asambleas en el cuerpo u organizando protestas, para llegar a acceder al poder, sin haber incorporado en su caja de herramientas el ser capaces de interactuar civilizadamente en una sociedad democrática, donde la política se hace por el camino largo y dificultoso y no por una cortada, a rompe y raja.
Estas más que claro que el centralismo y el concentrar tanto un país en una capital como Santiago consiguen que los riesgos de exacerbar los conflictos sean más altos para la convivencia política, donde se prioriza mediáticamente las peleas de las élites de los distintos sectores. Ya se vio con el estallido social y se verá cada vez en qué este laboratorio urbano se convierta en la vitrina para destacar los supuestos males que tiene la sociedad nacional. Pero con el plebiscito quedó claro que el Chile real no está ni ahí, con esta supuesta polarización, no está en esa, está en otra muy distinta.




