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“Estoy viejo pero las tardes son mías…” (Moris) 2ª Parte

Domingo 29 de Marzo del 2026

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El domingo recién pasado señalábamos que “Ayer no más”, incluida en el álbum “Treinta minutos de vida”, una de las más famosas creaciones de Moris (coautorada con el rockero Pipo Lernoud) fue grabada en 1967 por Los Gatos. El sello grabador le impuso como condición al conjunto cambiar la letra, y así la composición pasó de la crítica social a la historia romántica. De “Ayer no más, en el colegio me enseñaron/ que este país es grande y tiene libertad” a “Ayer no más, una mujer en mi camino/ me hizo creer que amándola sería feliz”.

El cambio de letra fue conversado por Litto Nebbia (líder de Los Gatos) con Moris y Pipo, quienes sostuvieron que lo importante era que la canción se grabara. Moris la registró en 1970 con la letra original como parte de su primer álbum “Treinta minutos de vida”.

En 1975, debido a la inestabilidad política de Argentina, el músico se exilió voluntariamente en España, donde fue figura fundamental en el surgimiento del rock ibérico. Regresó definitivamente a su país en 1989.

En su oportunidad también indicamos que “El Oso” era la canción que más identifica a Moris, es la que más nos gusta y se nos aparece como la más genuina. La composición es de su autoría exclusiva y fue él quien grabó la primera versión, la cual no ha sido superada por otras interpretaciones, ni siquiera por la que registró en 2021, acompañado de su hijo Antonio Birabent (con quien aparece en la foto).

La compuso “de un tirón”, en no más de una hora, no existió el clásico proceso de maduración, de tenerla “a baño María”: una letra esperando la música o a la inversa. La hizo a petición de una educadora de párvulos, amiga de su esposa (“Maestra Jardinera” como se conocen en Argentina). Ella quería una canción para los niños y así salió “El Oso”.

Esta canción infantil se transformó de inmediato en un himno a la libertad (y hasta el día de hoy, lo es) una protesta a las ataduras que la sociedad (“el sistema”) impone a los seres humanos, un canto a la naturaleza, agrega Moris en entrevistas. Los primeros versos nos dicen aquello de: “Yo vivía en el bosque muy contento/ caminaba, caminaba sin cesar/ las mañanas y las tardes eran mías/ a la noche me tiraba a descansar…”.

Ese pasar idílico muta bruscamente: “Pero un día vino el hombre con sus jaulas/ me encerró y me llevó a la ciudad/ en el circo me enseñaron las piruetas/ y yo así perdí mi amada libertad…”.

Es decir, al oso se lo llevan a trabajar a la ciudad y con el circo recorrió el mundo: “Confórmate, me decía un tigre viejo/ nunca el techo y la comida han de faltar…” (algo así como “piensa en el cheque (la transferencia) de fin de mes”).

Aparte de su calidad musical, la belleza de su lírica y la fuerza interpretativa de Moris, nos llamaba la atención en este tema la alusión al valor del tiempo, a la libre disposición para usar el tiempo y eso de “las mañanas y las tardes eran mías” nos resulta conmovedor, un apego irrestricto a cada minuto de la existencia, “Treinta minutos de vida” se llama el álbum y creemos que no es casualidad, además “la vida es eterna en cinco minutos” nos enseñó Víctor Jara y para “El Oso” un minuto libre en su bosque, vale más que la vuelta al mundo en una jaula.

Junto con lo anterior, e independientemente de lo que cuenta el mismo Moris, siempre asociamos esta canción a la vida laboral, una metáfora por supuesto. Eso desde la primera vez que la escuchamos por allá por 1975, en esos discos que circulaban de mano en mano, que llegaban desde Río Gallegos, pues nunca se publicaron en Chile.      

La historia tiene un final feliz para nuestro protagonista cuando alguien se descuida y no cierra el candado de la jaula, entonces escapa y vuelve a su bosque después de “cuatro años de servicios”:

“Ahora piso yo el suelo de mi bosque/ otra vez el verde de la libertad/ ESTOY VIEJO, PERO LAS TARDES SON MÍAS/ Vuelvo al bosque/ Estoy contento de verdad…” (las mayúsculas corren por nuestra cuenta).

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