“Jesús de Nazareth”: Ojos azules como el cielo
“Jesús de Nazareth”, aquella producción religiosa que TVN exhibe de forma ininterrumpida desde hace 44 años para Semana Santa, cumplirá el próximo año medio siglo desde que fue estrenada en 1977 como miniserie televisiva.
En Chile, su estreno oficial no fue en televisión, sino en la pantalla gigante del cine, donde, dividida en dos partes y con tiempo prudente entre una y otra, narra la historia de Jesús desde su origen hasta su muerte y resurrección, con un relato políticamente correcto que no reinterpreta nada de su vida, porque mejor no meterse en problemas con el mundo cristiano. Y esto Chile bien lo sabe, porque fue el último país, tras décadas, en levantar la censura que pesaba sobre “La última tentación de Cristo” (1987), donde poco importó que fuera dirigida por un grande del cine como Martin Scorsese, sino lo inconcebible de ver a un Jesús demasiado humano, pecador y escapando del destino de morir crucificado para salvar al mundo, porque, en una de esas, no es el Mesías, quizás el mundo no merece ser salvado y entonces mejor hacerlo solo, estar casado, con hijos, y disfrutar la vida.
Como dato de crónica regional, en Natales, un colegio religioso —el Monseñor Fagnano— que transformaba su gimnasio en sala de cine los fines de semana, realizó una exhibición gratuita para estudiantes, quienes rompieron en aplausos cuando irrumpió por primera vez Jesús bajo el rostro de Robert Powell, un actor de ojos azules que apenas sonríe y pestañea durante toda la película, en un esfuerzo que tuvo su recompensa, porque lo volvió algo divino y misterioso entre el resto de mortales, pero lo hizo cargar otra cruz para su carrera actoral, ya que, aunque interpretó numerosos papeles en los años posteriores, su rostro quedaría asociado al personaje. No deben ser pocos los creyentes y no creyentes que, cuando piensan en Jesús, se imaginan a Powell, idea que Chile reforzó durante algunos años con una postal religiosa que llevó su cara sin siquiera, quizás, pagar derecho de uso.
Dirigida por Franco Zeffirelli, un realizador con cierta obsesión por Shakespeare (“Romeo y Julieta”, 1968; “Hamlet”, 1990), pero nunca para salirse de los márgenes, “Jesús de Nazareth” cuenta entre sus novedades con un guion coescrito por Anthony Burgess, autor de la novela “La naranja mecánica”, que después llevaría al cine Stanley Kubrick, y un leitmotiv musical compuesto por Maurice Jarre que invade y abusa durante toda la película.
Pero, sobre todo, un desfile de rostros legendarios que, si la pantalla fuera una tarima, debería venirse abajo con tanto “peso pesado”, como el de Anthony Quinn rasgando vestiduras; Ernest Borgnine haciendo de centurión romano; Claudia Cardinale arrancando de las piedras; Anne Bancroft de chica mala a buena; Laurence Olivier como un sacerdote bonachón; y hasta Rod Steiger, que alguna vez hizo de Napoleón, ahora es un gran Poncio Pilatos que, aunque no quiera, terminará lavándose las manos. Y entre medio, dos actores: Ian McShane, que interpreta a Judas, volverá a ser un discípulo traidor como la voz de Tai Lung en “Kung Fu Panda” (2008), mientras que el actor James Earl Jones, que apenas se nota como el Rey Mago Baltasar, ingresará al reino de los cielos del cine tras inmortalizar su voz como otro traidor a la causa: el malvado Darth Vader de la saga “Star Wars”.
“Jesús de Nazareth”, en su versión completa, tiene una duración que supera las seis horas y, a pesar de su linealidad cronológica, contiene escenas con cierta inspiración dramática, como el conflicto de Herodes Antipas con Juan Bautista, que concluye de la peor forma posible gracias a una sensual danza macabra; o el encuentro de Jesús con Poncio Pilatos, donde la fuerza actoral y el plano de los rostros hacen dudar de quién tiene realmente el sartén por el mango. Sobre aquello, la reconstrucción de época, un conflicto político que no sobrepasa el relato y actos milagrosos sin uso de efectos especiales para resucitar a personas muertas, sanar a discapacitados o multiplicar la escasa comida que permita alimentar a miles de fieles. Después de eso, solo queda una película de larga duración, clave en el universo de películas sobre Jesús, con un elenco envidiable para deleitarse.
Y, por lo bien que siempre le va en el rating de audiencia cuando es exhibida para Semana Santa, es seguro que —como confirma Jesús en la última escena, con los profundos ojos azules del actor Robert Powell mirando a la cámara— se quedará con nosotros hasta el fin de todos los tiempos.




