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  • Patricio Trivigno Arco

“Cinema Paradiso” y una historia personal del cine (2)

Domingo 14 de Junio del 2026

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La primera película que recuerdo fue “Mary Poppins”, la vi en Talcahuano, fue la mejor opción para iniciarme en la “magia” del cine. “Mary Poppins”, la niñera inglesa, volaba con su paraguas al ritmo de la música y, acompañada de su amigo Bert (Dick Van Dyke) y los niños a su cuidado, ingresan en un cuadro (pintura) y viven lo que hay en él, en una de las escenas que recuerdo con más cariño en toda mi historia del celuloide. Encontré un recurso parecido en “La Rosa Púrpura del Cairo” de Woody Allen, cuando un actor invita a una espectadora de un cine en el cual se proyectaba el film para que ingrese a la película, pero eso ya fue en los años ochenta. 

Acá en Punta Arenas mi gran acompañante al cine fue mi padre. Yo tendría seis años -sí, porque estaba en primera preparatoria- cuando se inició una rutina que duró hasta poco antes que me fuera a estudiar “al norte”, es decir, a la universidad (1978). En esos tiempos había funciones en horario de matinée, vermouth y noche; la matinée ofrecía programas dobles con un intermedio de 20 minutos. Nosotros generalmente íbamos a la matinée de los sábados al Gran Palace (ahora transformado en galería comercial) ubicado en calle Bories frente al correo, casi esquina con José Menéndez. Vimos películas de cow-boys, James Bond, Tarzán, musicales, policiales y variados etcéteras, inolvidables todas. Inolvidables también las exquisiteces que vendían en las confiterías del primer y del segundo piso, atendidas por don Pascual Fernández y doña América Martínez.

Mi Tía Antonia también me llevaba al cine, le gustaban las películas de Raphael y recuerdo “Cuando tú no estás”, “Digan lo que digan” y “Al ponerse el sol”. Las de Sandro eran igualmente sus favoritas, vimos “Gitano” y “Muchacho”, esta última con esa icónica escena de Sandro cantando “Ave de paso” en el en techo de una barca en la localidad de Tigre en Buenos Aires.

Las otras salas de la ciudad en ese tiempo eran el Teatro Municipal, que funcionaba como cine (una remodelación de hace algunos años le devolvió su estructura original) ahí en Magallanes antes de llegar a Avenida Colón, vereda playa.

Frente a la plaza y contiguo al Palacio Montes estaba el Cine Cervantes que sólo tenía platea baja. Era precioso, con sus paredes adornadas con inmensas pinturas que recrean escenas del Quijote, verdaderas obras de arte, al igual que las lámparas y el cielo raso de madera, todo es un lujo en su interior. En el foyer del Cervantes vendían helados en barquillo y chocolitos de elaboración artesanal y estaban esos inolvidables e inmensos espejos en el muro: uno cóncavo y otro convexo donde jugábamos a vernos más grandes o más chicos. Actualmente, la sala propiamente tal se conserva sin butacas.

Por último, el recordado Politeama. ¡El viejo y querido Politeama destruido por un incendio! Tenía platea baja, platea alta y balcones laterales (estas dos últimas secciones con butacas de madera). Se emplazaba en la esquina de José Nogueira y Errázuriz, al lado de la Confitería Tío Rico.

Estrictamente nosotros no decíamos: “Vamos al cine”, decíamos: “Vamos al teatro”. Pero esta entretención no era patrimonio exclusivo de las salas de cine. Al menos en mi escuela (la Escuela 7) había una caseta con proyector en el salón de actos y cada tanto exhibían películas en las tardes y eran las mismas que estaban en cartelera en los cines locales. Nos cobraban entrada, supongo que era en beneficio de la escuela o el Centro de Padres, pero desconozco detalles de cómo conseguían las películas, quien operaba el proyector y esas cosas. Recuerdo “Amor en el aire” con Palito Ortega y Rocío Durcal y “Las flechas del amor” con la española Karina. Ambos filmes llevan el título de una canción, pues eran producciones musicales para promoción de las o los cantantes, en el caso de “Las flechas del amor” el autor era nuestro conocido Albert Hammond: “Esas flechas van contigo donde quiera que tú vas/ Están entre tu pelo y en tu forma de mirar/ Son las flechas que se clavan una vez y otra vez más/ Esas flechas van contigo donde quiera que tú vas”.

Igualmente había cine en el Teatro del Instituto Don Bosco (se ingresaba directamente por calle Sarmiento) y en los institutos de cooperación internacional como, por ejemplo, el Instituto Chileno – Yugoeslavo de Cultura, que para estos efectos funcionaba el tercer piso del entonces Club Yugoeslavo en 21 de Mayo esquina Errázuriz.

Continuará…   

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