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“Supergirl”: superpoderosa con resaca

Domingo 28 de Junio del 2026

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Si la última película de Steven Spielberg, “Día de la Revelación” (2026), es el relato de una persecución por impedir o revelar la respuesta sobre si estamos solos en el universo, “Supergirl” es la confirmación de que aquella pregunta apenas importa, porque estamos más que acompañados y, a pesar de la distancia que nos separa, compartimos gustos y hasta lugares comunes, en especial uno: el bar.

Y por sobre estos bares galácticos, que tributan a los que ofreció Star Wars (1977) con su multiculturalidad alienígena y que, a su vez, tributaban a los del western clásico norteamericano, deambula Kara Zor-El, sobreviviente del extinto planeta Krypton y prima de Kal-El, otro sobreviviente que desembarcó en el planeta Tierra hace rato, se ocultó bajo la identidad de un periodista llamado Clark Kent y se transformó en un salvador de la humanidad llamado Superman.

Pero él es otra historia, diferente a la de su prima, que celebra sus recién cumplidos 23 años sin rumbo definido, de planeta en planeta o, mejor dicho, de bar en bar, donde existan las condiciones solares que le permitan sentir el placer del alcohol, pagando el costo de lo que significa una resaca al día siguiente. Por eso luce despeinada, solo tiene como compañía fiel a su perro Krypto y su habitación es fiel reflejo de cómo está su vida, hasta que ingresa a un bar la joven Ruthye, quien ha perdido a su familia en manos de un violento pirata galáctico llamado Krem, ofreciendo como recompensa un codiciado sable guerrero a quien lo despache de este y todos los mundos posibles, oferta que Kara rechaza hasta que Krem irrumpe en su camino y entonces lo convierte en algo personal.

“Supergirl” es el retorno de la empresa DC por consolidar su universo de superhéroes en el cine, esfuerzo que le ha costado porque los tiempos no son los mismos: su empresa archienemiga, Marvel, ya “la hizo” y estrujó hasta donde más pudo la fórmula; entre medio, una pandemia cambió las cosas y el público quizás se cansó de más de lo mismo.

Y el personaje de Supergirl, que tiene como precedente cinematográfico una versión de 1984 que —dato regional— fue el intento de retorno del cine Agostini en Puerto Natales cuando el negocio colapsó ante la irrupción de las salas de video; una aparición en “The Flash” (2023); y una popular serie por la pantalla del streaming que duró seis temporadas, ahora retorna al cine con Milly Alcock como una rebelde, culposa y algo desorientada Kara, que debe pasar varias pruebas antes de asumir su destino como la versión femenina de Superman.

Y el relato se arropa de las atmósferas que proporciona el western, con sus bares, bandoleros y un territorio donde la ley es casi letra muerta; las de su derivado, el spaghetti western italiano, con sus peleas y balaceras coreográficas algo inverosímiles; y las postapocalípticas de la saga “Mad Max”, creada por el australiano George Miller en el siglo pasado, revitalizada en el presente y donde “Furiosa” (2024), por ser mujer y dura de matar, es su principal referente.

En la realización está Craig Gillespie, un realizador australiano de obras destacadas como “Lars y la chica real” (2007), sobre un hombre solitario que se enamora de una muñeca; “Yo, Tonya” (2018), historia verídica sobre una patinadora que busca eliminar de mala forma a su competencia; y que mostró eficiencia, elegancia y conocimiento de la causa con el universo Disney en “Cruella” (2021), sobre el origen de la malvada de “101 dálmatas”. Pero en “Supergirl” apenas se percibe dicha mano porque, aunque el guion busca desapegarse de la fórmula en cuanto a la idea clásica y ética del personaje, la anarquía del ambiente parece trasladarse al relato, donde el trayecto personal de Kara hacia su destino queda opacado por la fórmula típica de sobresaturar la historia con escenas de acción.

“Supergirl” es, de cierta forma, una road movie espacial, concepto que identifica a aquellas películas cuyos personajes se despliegan por las carreteras —en este caso, galaxias—, se detienen por ciertos pueblos —en este caso, planetas y bares— y que, cuando llegan a su destino —si es que llegan—, ya no son los mismos de cuando partieron.

Puede ser el caso de Kara. Pero no el de la película.

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