La vida social de los mayores
Hace algunas columnas atrás hablábamos del nuevo enfoque que ha dado la Organización Mundial de la salud al último tercio de nuestras existencias: envejecimiento activo. Esto busca que las personas tengan un rol más participativo en el ámbito de su propio envejecimiento. Uno de los pilares de este “envejecimiento activo” guarda relación con la participación social de los mayores; convertirlos en actores sociales importantes, que ocupen los espacios que la comunidad mantiene para ellos, pero también que ejerzan la necesaria presión para que la sociedad vaya creando más y mejores oportunidades. Un continuo que tiene por central propiciar que los mayores vean acrecentar permanentemente sus espacios de participación.
Así visto, la implicación social de los mayores es una intervención favorable, tanto en actividades comunitarias, cívicas y en redes de apoyo; siendo un pilar fundamental para un envejecimiento activo, porque mejora la salud física y mental, reduce también el aislamiento, siendo un agente importante contra la depresión. En definitiva, estas intervenciones mejoran sobremanera la calidad de vida de los mayores que participan en estas actividades.
Cuando un mayor participa de actividades sociales, los beneficios son medibles en términos físicos, ya que estimula su motricidad, mejora sus desplazamientos y los motiva a realizarlos. Pero también previene dependencia y los mantiene con una mente más activa, con beneficios en el desarrollo cognitivo de quienes participan socialmente. En términos emocionales, fortalece la autoestima, previene la soledad, tan frecuente en los mayores y genera un sentido de pertenencia muy importante. En lo social, permite la transmisión de saberes y valores culturales, que acrecientan las experiencias cuando se trabaja en roles intergeneracionales, dándole un sentido al ser mayor en nuestra sociedad, como transmisor de experiencias a los más jóvenes. Así expresado, la participación social tiene un innegable beneficio para cada persona mayor que participa, por lo cual se hace perentorio propiciarlo como eje del envejecimiento activo de la población mayor.
¿De qué formas de participación estamos hablando? El más común y más desarrollado en nuestras comunidades guarda relación con la pertenencia a Clubes de Adultos Mayores, a las Uniones Comunales de Mayores y el participar de los centros de día; razón por la cual hemos planteado en estas columnas, que el número y ubicación territorial de estos centros de activación de mayores es una estrategia central en el trabajo para con ellos. Su importancia es fundamental y es el pilar de esta estrategia.
Otras aristas de esta participación guardan relación con actividades que se deben propiciar en los mayores: la participación en Voluntariados y la búsqueda de liderazgos efectivos. No sólo es participación en actividades solidarias, si no que permite que los mayores actúen como mentores de otras personas en su inducción social o laboral. También significa que participen de los diversos consejos ciudadanos que existen y que requieren de la participación de la población, qué mejor que lo hagan los mayores que aportan experiencia y sentido común en la toma de decisiones en el desarrollo comunitario.
Lo que es más efectivo y necesario de desarrollar es el intercambio generacional, que no sólo significa interactuar pasivamente con los más jóvenes, si no que puede ser una forma activa a través del trabajo, en la transmisión de oficios en nuestra comunidad, en la preparación de las personas en los trabajos que ellos desempeñaron antes en la comunidad, traspasando conocimientos y habilidades a jóvenes que disminuirán los procesos de aprendizaje por ensayo y error, que serán guiados por la experiencia y el conocimiento acumulado por años, por quienes hoy están en el “sector pasivo”.
Pero también los mayores tienen un rol activo en la comunidad en la transmisión de tradiciones y conocimientos culturales. Por ello, es importante propiciar y buscar esta relación intergeneracional, ya que está comprobado que este tipo de actividades le van dando un sentido y un bienestar a cada mayor que participa en esto.
Hoy en día es un activo social muy importante el número creciente de mayores que participan y se mantienen activos en nuestra sociedad local. Pero se debe trabajar en buscar, con más fuerza, la participación de un número creciente de mayores en las distintas actividades. Es el rol que le compete desde las municipalidades hasta las iglesias y credos. Con el apoyo del estado central, a través de la organización pública existente y en el adecuado financiamiento de las organizaciones.
Evidentemente hay mucho por hacer y como sociedad no podemos estar tranquilos con la oferta actual, hay que mirar en más extenso y buscar más, y mejor participación social de los mayores. Hay razones muy poderosas para hacerlo y propiciarlo, merecemos su aporte en nuestra sociedad.




